CONTENIDO publicitarioColombia busca exportar más, mejor y con mayor valor agregado, fortaleciendo sus capacidades para competir en mercados internacionales.CONTECAR - SOCIEDAD PORTUARIA DE CARTAGENA Foto: CONTECAR27.08.2026 06:25 Actualizado: 27.08.2026 06:25
En Colombia, el comercio internacional representa cerca del 40% del PIB y prácticamente todo ese comercio depende de la vía marítima. Por eso, la competitividad del país está estrechamente ligada a sus puertos, su logística y los ecosistemas productivos que se construyen alrededor de ellos. Los puertos no pueden entenderse solo como puntos de entrada y salida de carga. Son plataformas desde donde las regiones se conectan con el mundo.La gran oportunidad está en pasar de una visión centrada en infraestructura a una visión de ecosistema: espacios donde confluyan industria, puertos, logística, servicios, talento, tecnología e instituciones. El comercio exterior colombiano necesita más empresas exportando, más regiones conectadas, más productos con valor agregado y más capacidades productivas articuladas con los mercados internacionales.En 2024, Colombia movilizó cerca de 1,8 millones de TEU de comercio exterior, con un crecimiento promedio anual de 4,1% desde 2015. Sin embargo, cuando se mira el comercio exterior por habitante, el país sigue teniendo espacio para crecer frente a otras economías de la región. Colombia registra apenas 0,03 TEU por habitante, por debajo de Costa Rica, Panamá, Chile o República Dominicana. Esto evidencia que el país avanza, pero todavía tiene una oportunidad importante para profundizar su comercio exterior, especialmente en productos no minero-energéticos.Ese espacio no se cierra de manera aislada. No nace de una terminal portuaria por sí sola, ni de una zona industrial desconectada. Se construye cuando las capacidades se encuentran, cuando la infraestructura conversa con la industria, cuando la logística deja de ser un costo y se convierte en una ventaja y cuando una ciudad o región entiende que su ubicación puede convertirse en una verdadera plataforma de desarrollo.La industria necesita conectividad para competir. Los puertos necesitan carga para escalar. La logística necesita volumen, especialización y eficiencia. Y el comercio exterior necesita que estos mundos operen como un sistema. Cuando esa relación funciona, el impacto supera el movimiento de contenedores: se traduce en inversión, empleo, recaudo, conocimiento, productividad y sofisticación exportadora.La bahía de Cartagena es uno de los mejores ejemplos que tiene Colombia. Allí no existe únicamente un puerto. En un mismo territorio confluyen terminales marítimas, industria petroquímica-plástica, actividades logísticas, comercio internacional, turismo de cruceros, servicios empresariales, astilleros, zonas industriales, talento técnico y conectividad marítima con las principales rutas del comercio global: 850 puertos y 140 países.La dimensión de ese ecosistema es significativa: alrededor de la bahía convergen 52 astilleros y terminales marítimas, 19 terminales dedicadas al comercio internacional, una capacidad cercana a 60 millones de toneladas al año y cerca de 8.000 tránsitos anuales de buques. Esa mezcla hace que la bahía no sea solo un lugar de tránsito, sino un nodo de desarrollo.La experiencia de Cartagena demuestra que la competitividad portuaria no se mide únicamente por grúas, muelles o patios. Se mide por la capacidad de articular cadenas de valor, por la posibilidad de que una empresa del interior encuentre una salida eficiente hacia los mercados internacionales, por la frecuencia de servicios marítimos, por la confiabilidad operativa y por la capacidad de convertir una ventaja geográfica en una ventaja económica. En la bahía de Cartagena, el corredor logístico e industrial del Bosque y la zona industrial de Mamonal son expresión de una ciudad que fue configurando, alrededor de su bahía, una vocación productiva con alcance nacional e internacional.La evidencia empresarial confirma esa interdependencia. Aunque la última medición disponible con esa desagregación sectorial señalaba que los sectores logístico-portuario, petroquímico-plástico y turístico concentraban una parte mayoritaria de los activos empresariales de Cartagena, las cifras más recientes también muestran la escala del tejido productivo de la ciudad: las 100 empresas más grandes de la jurisdicción de la Cámara de Comercio de Cartagena acumulan $92,2 billones en activos, $65,3 billones en ingresos y generan más de 44.000 empleos directos. A esto se suma que Cartagena representa cerca del 65% del valor agregado de Bolívar, lo que confirma que la bahía no solo concentra infraestructura, sino capital, capacidades productivas, servicios especializados y una base empresarial con peso decisivo en la economía regional.Adicionalmente, un análisis reciente relacionado con la complejidad exportadora refuerza esta lectura. Cartagena concentra el 49,1% del valor exportado industrial por vía marítima en Colombia y, entre 2017 y 2025, despachó US$10,09 mil millones en productos de alta complejidad, sobresaliendo frente a otras zonas portuarias del país. Además, el análisis de complejidad exportadora del país, evidencia que Bogotá y Antioquia alcanzan mayores niveles de sofisticación exportadora cuando operan a través de Cartagena. Esto sugiere que la conectividad no solo reduce costos: también amplía las posibilidades del aparato productivo nacional.El reto también está en equilibrar la dinámica del comercio. En 2024, el comercio exterior en contenedores creció 11,1%, pero las importaciones aumentaron 15,1%, frente a un crecimiento de 5,9% en las exportaciones. El desafío no es solo mover más carga, sino construir capacidades para exportar más, diversificar la canasta y aumentar el valor agregado de lo que Colombia le vende al mundo.Esta diversidad le da resiliencia al territorio y abre posibilidades para nuevas apuestas: energías limpias, centros logísticos internacionales, servicios de mayor valor agregado y nearshoring. Esa apuesta ya tiene ejemplos concretos: empresas globales como Decathlon eligieron a Cartagena como plataforma de distribución para toda América Latina, confirmando que la ventaja geográfica ya se convierte en operaciones reales. En un mundo donde las empresas buscan cadenas de suministro más cercanas, confiables y flexibles, Cartagena tiene condiciones para posicionarse como una plataforma industrial y logística para las Américas. Pero esa oportunidad no se captura únicamente con ubicación. Se captura con infraestructura, talento, seguridad jurídica, eficiencia operativa, conectividad marítima, disponibilidad de suelo industrial y una visión compartida entre el sector público y privado.La gran lección de la bahía de Cartagena es que los puertos generan más valor cuando operan conectados con su entorno productivo. Lo que hace singular a Cartagena es que no tiene que elegir entre consolidar lo que ya construyó y apostar por lo que viene: opera como una bahía ambidiestra, que sostiene con una mano su vocación petroquímica, logística y portuaria (el motor que ya mueve la economía regional) y con la otra atrae nuevas apuestas en energías renovables, nearshoring y servicios de valor agregado. Profundizar el comercio exterior colombiano no será solo cuestión de abrir nuevos mercados. Será, sobre todo, cuestión de construir los ecosistemas que, como el de la bahía de Cartagena, sepan hacer las dos cosas al mismo tiempo. 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