El palacio gubernamental y otros edificios destruidos tras el ataque en la guerra anglo-zanzibariana (Richard Dorsey Mohun) El reloj marcaba exactamente las 8.30 de la mañana del 27 de agosto de 1896 cuando el cónsul británico en Zanzíbar, Basil Cave, entró en el palacio del sultanato y se enfrentó cara a cara con Khalid ibn Barghash, que un día antes se había apoderado del trono con un golpe de Estado. Cave no perdió tiempo en protocolos y sus primeras palabras fueron un ultimátum: si no abdicaba antes de las 9 de la mañana de ese mismo día, los británicos le declararían la guerra.—Nosotros no tenemos ninguna intención de retirar nuestra bandera y no creemos que ustedes abran fuego sobre nosotros —le respondió Khalid con arrogancia.—Nosotros no queremos abrir fuego, pero a no ser que haga lo que le fue dicho, lo haremos —dijo entonces el cónsul con su particular flema. PUBLICIDADLuego dio media vuelta y abandonó el palacio sin apresurarse. Con ese diálogo quedó sellado el comienzo de la guerra más corta de la historia, con una duración de apenas 38 minutos, un lapso menor que un tiempo de un partido de fútbol o el que lleva ejecutar una sinfonía.El sultanato de Zanzíbar, que ya no existe, era un territorio insular del Océano Índico, cerca de la costa africana de Tanganica, que en la actualidad forma parte de Tanzania. Por esos años tenía una economía floreciente, producto de una ubicación que lo había convertido en un centro neurálgico del comercio ilegal de esclavos, marfil y especias. También una pieza sensible en el tablero del poder colonial. A lo largo de su historia, la isla había estado bajo el control portugués entre 1499 y 1698, cuando los europeos fueron expulsados y quedó nominalmente en la jurisdicción de los sultanes de Omán. Siguió así hasta que en 1858 el sultán local Majid bin Said declaró a la isla independiente del poder omaní, con el reconocimiento del Reino Unido y de Alemania, que en un principio la mantuvo en su órbita.PUBLICIDADLos sucesores de Majid bin Said establecieron la capital y la sede del gobierno en la llamada ciudad de piedra de Zanzíbar, donde levantaron un complejo frente al mar que incluía un palacio de Gobierno, otro palacio ceremonial y un harén anexo. Los tres edificios estaba interconectados por puentes cubiertos de madera que se elevaban por encima de las calles. Se lo llamó la Casa de las Maravillas y fue el primer edificio de África Oriental que tuvo energía eléctrica. Lo que no tenía eran construcciones de defensa.En uno de los tantos acuerdos que las naciones europeas firmaron a lo largo del Siglo XIX para repartirse los territorios africanos, en 1890 Alemania transfirió el control de Zanzíbar al Reino Unido. Desde entonces, el sultanato “cooperó” con la administración británica, que estableció allí un protectorado bajo su tutela, pero manteniendo la estructura de poder local. En ese arreglo, Londres reservaba para un inglés el puesto de primer ministro y se arrogaba el derecho de aprobar o no el nombramiento de un nuevo sultán. Así seguían las cosas en 1893, cuando ascendió al poder con el visto bueno de los británicos el sultán Hamad ibn Thuwaini, que estrechó aún más la “cooperación” con el poder colonial británico.PUBLICIDADEsa “armonía” entre dominadores y dominados cambió abruptamente el 26 de agosto de 1896, cuando el sultán murió de manera tan repentina como sospechosa y su sobrino Khalid ibn Barghash ascendió al trono mediante un golpe de Estado, sin esperar la aprobación británica. El autoproclamado sultán tenía ideas que amenazaban el statu quo y pretendía frenar el creciente control del Ejército británico dentro de la isla y, sobre todo, se oponía a la inminente abolición, propiciada por Londres, del comercio de esclavos. El candidato de los ingleses era otro: Hamud ibn Muhammad, un hombre que ya había dado muchas pruebas de fidelidad al imperio. Por esas razones, bien temprano a la mañana siguiente, el cónsul británico le presentó a Khalid una opción de hierro: o renunciaba o tomarían la ciudad para instalar por la fuerza a Hamud en el trono.Apenas dos minutos después de que venciera el plazo del ultimátum, los barcos ingleses, Racoon, Thrush y Sparrow, abrieron fuego de manera coordinada. En cuestión de minutos, el palacio del sultán quedó reducido a escombros (Pump Park Vintage Photography)
La guerra más breve de la historia: el día que los británicos atacaron Zanzíbar y vencieron a las tropas del sultán en 38 minutos
La mañana del 27 de agosto de 1896, una flota británica atacó el palacio gubernamental de la isla para obligar a renunciar al nuevo sultán, que había llegado al poder el día anterior con un golpe de Estado. Los disparos comenzaron a las 9.02 y cesaron a las 9.40, con un saldo de 500 defensores muertos y un solo atacante herido










