25/08/2026 a las 18:00h.

Durante los meses de verano, el calor cambia muchas de nuestras costumbres. Una de las más habituales es llenar la nevera de botellas de agua para tener siempre una bebida fría a mano. Abrimos la puerta del frigorífico varias veces al día y buscamos esa sensación inmediata de frescor.

También ocurre cuando estamos fuera de casa. En bares, tiendas, estaciones o supermercados compramos agua fría directamente, porque pensamos que así podremos soportar mejor las altas temperaturas. Una botella muy fría parece ser una solución rápida para aliviar el calor.

En ese preciso instante sentimos un impacto helado que nos hace creer que el calor desaparece y que el cuerpo se enfría de verdad. Por eso muchas personas prefieren tomar el agua casi helada, principalmente después de caminar, hacer deporte o pasar tiempo al sol.

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