Oculta en el interior del archipiélago canario se encuentra una de las islas más desconocidas de España. En mitad del extenso océano Atlántico se esconde La Gomera. Con poco más de veinte mil habitantes y una extensión territorial de 369,76 kilómetros cuadrados repletos de historia y naturaleza, la isla permite apreciar paisajes excepcionales y difíciles de encontrar en otros lugares del propio archipiélago, presentándose al viajero como un refugio para desconectar y vivir experiencias diferentes.

Descubrir esta isla canaria implica adentrarse en un entorno marcado por una orografía abrupta, con importantes desniveles, parajes singulares y una profunda identidad ligada a sus habitantes. Desde los primeros pobladores aborígenes hasta la sociedad actual, la isla atesora cientos de años de memoria presentes en muchos de sus rincones. No se puede comparar con La Graciosa —que no cuenta con carreteras asfaltadas— o El Hierro, pero sí se puede decir que es una isla que cuenta con un elevado grado de conservación.

El clima en La Gomera es cálido y constante, bajo el influjo directo y continuo de unos vientos alisios que no solamente refrescan y suavizan las temperaturas insulares, sino que también proporcionan la humedad necesaria para mantener vivos los bosques milenarios del interior. El entorno ha convertido a la isla en un lugar adecuado para desconectar de la rutina diaria, dejar atrás el estrés, olvidar los problemas del día a día y renovar energías, ya sea caminando entre la bruma del monte o descansando en sus playas de arena volcánica y aguas cristalinas.