En Alemania, el político del verano no está siendo el canciller Friedrich Merz. Tampoco su socio de coalición, el socialdemócrata Lars Klingbeil, o las principales figuras de la oposición. Ni siquiera el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pese a los vaivenes de su conflicto con Irán y las repercusiones que están teniendo en todo el planeta, incluyendo Europa. El nombre en boca de toda la prensa germana, la cara que ocupó la portada de la revista Der Spiegel en su edición del 14 de agosto, pertenece a un joven de 35 años llamado Ulrich Siegmund. El motivo de su importancia es doble. Siegmund es el candidato del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt, el estado federado que ha convocado a sus 1,7 millones de electores a las urnas el próximo 6 de septiembre, y si las encuestas están en lo cierto y consigue superar el 40% de los votos, podría convertirse en el primer político de AfD en ser nombrado ministro-presidente de un estado federado alemán. La popularidad de Siegmund no bebe únicamente de los problemas estructurales que arrastra Alemania –una economía estancada; una juventud envuelta en incertidumbre; un establishment político que no termina de cumplir todo lo que promete– o del sentimiento nacionalista que recorre franjas cada vez más amplias de la sociedad germana. Quienes han seguido su trayectoria de cerca apuntan, también, a su propio carisma. TE PUEDE INTERESAR "En Sajonia-Anhalt es una estrella de rock", cuenta el equipo de reporteros de la citada Der Spiegel que lleva meses siguiendo su campaña electoral. "Además, posee una memoria extraordinaria para los nombres y hace que la gente se sienta reconocida por él". Pero Ulrich Siegmund no fue siempre así. Tampoco fue siempre de AfD. De hecho, su trayectoria política empezó en el partido al que hoy se enfrenta encarnizadamente. La suya es, en fin, otra de esas historias en las que un joven político abandona el mainstream por los márgenes para, desde allí, tratar de conquistar el poder. De la democracia cristiana a la AfD Ulrich Siegmund nació en el seno de una familia de clase media el 25 de octubre de 1990, tres semanas después de la reunificación de Alemania, en Havelberg. Se crió muy cerca de allí, en otra pequeña localidad –apenas 10.000 habitantes– llamada Tangermünde. Él mismo ha definido su infancia como un periodo feliz durante el cual se sintió protegido por sus padres. "Me enseñaron que las cosas no caen del cielo y me ayudaron a desarrollar un radar para detectar la injusticia", ha explicado en alguna ocasión. TE PUEDE INTERESAR Desde muy joven destacó por su apariencia física: alto, rubio y de ojos claros. Un chaval que pronto se ganó fama, en el pueblo, de ser un "cautivador" de mujeres y un poco showman. En otras palabras: fue alguien que, desde muy pronto, comprendió la importancia que encierra la imagen. Sin embargo, los vecinos del pueblo, que en los últimos meses han sido entrevistados por un sinfín de periodistas locales, no recuerdan en él grandes ambiciones políticas. TE PUEDE INTERESAR Pero en 2008, con 18 años, Siegmund hizo algo que hoy considera un "error": se afilió a la CDU. El gran partido conservador alemán que hoy gobierna, de la mano de Merz, el país. ¿Por qué? Hay quien habla de oportunismo y de querer medrar en la esfera pública. Él lo niega y explica que solo quería contribuir de forma activa al desarrollo de su región. Sea como fuere, su paso por los democristianos fue discreto. El aterrizaje en AfD se produjo seis años después, en 2014, en medio de la crisis del euro. De aquella el partido, fundado un año antes, se veía a sí mismo como una organización eminentemente liberal en lo económico, euroescéptica y muy crítica con los rescates de los países del sur de Europa. Dos años más tarde, AfD se presentó por primera vez a las elecciones de Sajonia-Anhalt y obtuvo unos resultados sorprendentes: tras conseguir el 24,3% de los votos, se convirtió en la segunda fuerza política del estado federado y pasó a ocupar 25 escaños. Uno de ellos fue para Siegmund. En esa época, tras completar sus estudios a distancia de Administración de Empresas y Psicología Empresarial y obtener un grado superior, se convirtió también en emprendedor. Fundó en Berlín una empresa llamada "Berlin duftet" especializada en fragancias para espacios comerciales y marketing olfativo. Un ámbito, el empresarial, al que Siegmund se mantuvo vinculado durante sus primeros años como diputado regional. TE PUEDE INTERESAR Radicalización ideológica A partir de 2016, Siegmund comenzó a experimentar un proceso de radicalización ideológica. En 2017, por ejemplo, y según las informaciones del medio local Mitteldeutscher Rundfunk, abandonó la Iglesia católica debido a sus discrepancias con la postura de esta ante la crisis migratoria que experimentó Europa durante los años 2016 y 2017. El enfrentamiento con la Iglesia católica fue público y ha sido relatado también por Gerhard Feige, el obispo de Magdeburgo (que es la capital de Sajonia-Anhalt). No obstante, si alguien quiere buscar un punto de inflexión en el pensamiento político de Siegmund, hay que acudir a la pandemia. "Se convirtió en otra persona", contaba un allegado a los periodistas de Der Spiegel. El propio Siegmund ha reconocido que durante los años del coronavirus aumentó su desconfianza hacia determinados sectores de los medios de comunicación y hacia las instituciones políticas, y que cobró conciencia de que "la resistencia democrática merece la pena". La co-líder de Alternativa por Alemania (AfD) Alice Weidel, bromea con Ulrich Siegmund (REUTERS/Christian Mang) En paralelo, Siegmund comenzó a criticar en redes sociales –principalmente TikTok– lo que consideraba el "alarmismo" asociado a la pandemia. Ganó rápidamente una enorme audiencia y se convirtió en uno de los políticos alemanes con mayor capacidad de movilización en esa plataforma. Tras las elecciones regionales de 2021, concretamente en agosto de 2022, pasó a compartir la presidencia del grupo parlamentario de AfD en Sajonia-Anhalt y, poco después, se convirtió en cabeza de lista para las elecciones del mes que viene. La rama sajona, la más extrema Como cualquier otro partido político de cierta envergadura, AfD tiene sus propias familias y sus divisiones internas. Tiene, en fin, ramas más radicales que otras y la de Sajonia-Anhalt es una de las más extremas. De hecho, la Oficina para la Protección de la Constitución (Verfassungsschutz), que es el servicio de inteligencia interior de Alemania, considera que el brazo local de AfD es "de extrema derecha de forma confirmada". TE PUEDE INTERESAR Esto se debe, en parte, al discurso que esgrime el propio Siegmund. Y es que, más allá de promover una política migratoria especialmente dura –persigue "separar el trigo de la paja" entre los inmigrantes y aumentar masivamente el control estatal sobre las personas de origen migratorio–, el actual líder de AfD en Sajonia-Anhalt quiere fomentar una "nueva política cultural patriótica" y retirar las subvenciones a lo que considere expresiones culturales "antialemanas". Pero también hay otra razón para haberse ganado esa calificación: algunas de las personas que le rodean. En concreto, hay dos nombres que preocupan. Uno es el de Patrick Harr, actual portavoz de prensa del grupo parlamentario, y otro es el de Laurens Nothdurft, asesor jurídico de la fracción. El problema, según ha descubierto la prensa alemana, es que tanto Harr como Nothdurft proceden de una vieja organización juvenil neonazi –activa desde los años 90 hasta su ilegalización en 2009– llamada Heimattreue Deutsche Jugend o HDJ. Un nombre que podría traducirse como "Juventud Alemana Fiel a la Patria". TE PUEDE INTERESAR Cuando esta información salió a la luz, Siegmund reaccionó cerrando filas con ambos. Tras definir a Harr como "un colaborador muy cercano" y a Nothdurft como "un jurista excelente", declaró no estar interesado en sus andanzas pasadas, solo en el presente y en el futuro, al tiempo que aseguró que la cobertura periodística sobre ambos le resultaba "irrelevante". El problema que parecen tener otras facciones de AfD con ambas cuestiones –un discurso especialmente radical y el polémico pasado de gente de su círculo– no tiene que ver con un posible descenso de la popularidad de Siegmund, que no se ha dado, ni tampoco con un gran choque de cosmovisiones. El asunto, dicen distintos miembros de la formación, es de naturaleza pragmática. Y es que, si finalmente consigue convertirse en ministro-presidente de Sajonia-Anhalt, AfD tendrá, por primera vez, que casar su discurso –sus promesas– con políticas concretas, palpables y, por tanto, verificables. "Aún no estamos preparados para gobernar", le comentaba –bajo anonimato– un miembro de AfD en Turingia a Der Spiegel. TE PUEDE INTERESAR En otras palabras: dentro de AfD hay quien teme que el radicalismo esgrimido en la campaña de Sajonia-Anhalt tanto por Siegmund como por su propio círculo no pueda convertirse en una agenda viable. Lo cual podría pasar factura a otras ramas del partido y, en última instancia, afectar a la proyección nacional de AfD, que actualmente es la segunda fuerza política del país. El cordón sanitario, ante su prueba más difícil Fuera de los debates internos que parecen existir en el seno de AfD, entre los democristianos empieza a cundir el fatalismo. Hasta ahora, la CDU ha conseguido, con ayuda del resto de partidos, mantener el "cordón sanitario" frente a los avances de la formación ultraderechista en distintas partes del país. En Turingia, por ejemplo, AfD no consiguió formar gobierno tras las elecciones de 2024 pese a conseguir el mayor número de votos. La CDU terminó encabezando una coalición junto al SPD y BSW, un pequeño partido de izquierda dura. En Sajonia, por su parte, los democristianos optaron también por excluir a AfD de cualquier acuerdo y formaron gobierno con los socialdemócratas y Los Verdes. (REUTERS/Fabrizio Bensch) En Sajonia-Anhalt, sin embargo, los últimos sondeos apuntan a la posibilidad de que la AfD sea más fuerte que cualquier posible cordón sanitario. En ese caso, ¿pactaría la CDU con Siegmund? De momento, no parece. El democristiano Sven Schulze, que además es el actual ministro-presidente del estado federado, ya ha rechazado explícitamente cualquier tipo de pacto. Por su parte, Reiner Haseloff, su antecesor, ha advertido contra la pulsión destructiva de AfD. Y desde el cuartel general de la CDU en Berlín se ha recordado que la resolución de incompatibilidad a la hora de acercarse al partido ultraderechista sigue vigente. Quien tampoco parece estar por la labor es el propio Siegmund, quien ha rechazado acercarse a otras formaciones con tal de tocar poder. Dice que espera batir la marca del 45% para, así, alcanzarlo en solitario. La apuesta es extraordinariamente ambiciosa, pero encaja con la evolución de un político que ha conseguido algo que durante mucho tiempo pareció imposible para AfD: convertir su propia personalidad en un activo electoral.