Envalentonada por los sondeos, que le auguran resultados excelentes, la ultraderecha alemana siente que su momento ha llegado por fin. El partido Alternativa para Alemania (AfD) celebró ayer y el sábado su congreso federal en Erfurt, ciudad del este del país, con una consigna clara: arrasar en dos decisivas elecciones regionales el próximo septiembre y optar a gobernar.Sus colíderes, Alice Weidel y Tino Chrupalla, que fueron reelegidos para la dirección bicéfala, consideran que el cordón sanitario (Brandmauer, cortafuegos, como se le llama aquí), con el que el resto de partidos les excluyen de las coaliciones de gobierno, acabará cayendo.Las encuestas son halagüeñas en sendos länder del este. El 6 de septiembre se vota en Sajonia-Anhalt, donde la AfD ronda el 42% de apoyos, y el 20 de septiembre, en Mecklemburgo-Antepomerania, donde puntúa al 35%. Ese mismo día hay también urnas regionales en Berlín, con la ultraderecha en segundo lugar de preferencias (18%). A escala federal, hace meses que Alternativa para Alemania lidera los sondeos, ahora con el 29%, por delante del bloque conservador CDU/CSU del canciller Friedrich Merz.Reelegidos en el congreso anual Los colíderes de la AfD, Alice Weidel y Tino Chrupalla, creen que el cordón sanitario que les aplican los demás partidos impidiéndoles participar en coaliciones de gobierno acabará cayendo “Somos el nuevo Volkspartei [partido del pueblo, así se llama en el ámbito germanohablante a los partidos con mayor apoyo popular]”, afirmó Alice Weidel, economista de 47 años, colíder desde el 2022 y que fue candidata a canciller en las elecciones del 2025. En esa ocasión, la AfD cosechó el 20,8% de los votos, convirtiéndose en segunda fuerza parlamentaria. Weidel reiteró el sábado entre vítores una de las promesas clásicas de este partido xenófobo: “¡Deportaremos con rigor!”Weidel aprovechó para acusar al canciller Merz –que gobierna en coalición con los socialdemócratas– de ser “el Vivaldi de los jefes de Gobierno”, porque “anuncia un programa de reformas en cada estación del año”. Merz ha etiquetado las medidas gubernamentales como “otoño de las reformas” y “primavera de las reformas”, mientras su popularidad en la ciudadanía no deja de menguar.Tino Chrupalla, maestro pintor de 41 años, copresidente de la AfD desde el 2019, proclamó la renovada ambición del partido por alcanzar el poder. “¡Queremos gobernar! Y gobernaremos, primero a nivel regional y luego a nivel federal”, dijo Chrupalla en Erfurt ante los 600 delegados del congreso, pensando ya en septiembre.Desde su fundación en el 2013, la AfD –que en origen era un partido nacionalista, conservador y eurófobo, y fue radicalizándose hacia la extrema derecha– ha ido subiendo en votos. Pero nunca ha logrado ser aceptado por otros partidos en coaliciones de gobierno, ni federales ni regionales ni locales.Al tiempo que mira de crecer, la AfD intenta frenar el daño de imagen que supone estar siendo observada por la Oficina Federal de Protección de la Constitución (BfV), los servicios de inteligencia del Ministerio del Interior, como “sospechosa de extremismo de derechas”. Esta catalogación apunta, según la BfV, a que sus postulados son “incompatibles con el orden constitucional democrático”.Su actual programa combina la retórica antiinmigración y antiislam con el nacionalismo identitario y dosis de negacionismo histórico, a las que se suma cada vez más la vertiente socioeconómica y elementos de partido de protesta de quienes se sienten desatendidos por el sistema. Manifestantes protestando contra la AfD en el primer día del congreso del partido en Erfurt, el 4 de julio del 2026 Timm Reichert / REUTERSSegún un estudio de la Universidad Libre de Berlín y de la Universidad de Constanza, el rechazo a la inmigración sigue siendo el principal pegamento de los votantes de la AfD, que sin embargo presentan diferencias significativas en autoritarismo, antisemitismo y percepción de la crisis económica. De un modo u otro, el partido consigue satisfacerles a todos.“El electorado de la AfD no proviene de un entorno radical de derecha cerrado, ni constituye un electorado de protesta homogéneo”, avisa la socióloga Céline Teney, autora del estudio. Su análisis identifica tres perfiles en la actualidad: los conservadores intransigentes (el grupo más numeroso, dos tercios de sus votantes), los autoritarios de extrema derecha (una quinta parte del total), y los conservadores moderados (el grupo más pequeño).Los ‘intransigentes’ se caracterizan por un fuerte rechazo a la inmigración; los ‘autoritarios’ reclaman un liderazgo autoritario y tienen actitudes antisemitas muy marcadas; y los ‘moderados’ piensan más en economía y política exterior. El estudio se basa en datos del electorado que votó en los comicios generales del 2025.La cúpula de Alternativa para Alemania cultiva estos perfiles de simpatizantes para optimizar las urnas de septiembre. Según la socióloga Teney, el estudio “no permite llegar a una conclusión sobre si los partidos democráticos podrían recobrar a los votantes de la AfD mediante una política migratoria aún más restrictiva, eso independientemente de los problemas éticos que conllevaría una política migratoria de este tipo con una orientación estratégica”.Los sondeos dan hace meses a la CDU/CSU de Merz la segunda plaza –actualmente, el 22%–, por detrás de la ultraderecha. El tercer lugar es para los Verdes (13%), seguidos del socialdemócrata SPD (12%) y de la izquierdista Die Linke (10,5%). El panorama para el Gobierno de Merz es desolador, y para la ultraderecha, de ensueño.Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia