Ulrich Siegmund firma ejemplares de la revista que lo retrata como una amenaza. El pasado viernes 14 de agosto, Der Spiegel llevó a su portada al candidato de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt bajo el titular "El hombre más peligroso de Alemania". Lejos de rechazar la acusación, el candidato ultra se apropió de la portada y la convirtió en un símbolo de su "lucha" contra "la élite" alemana. "Es muy buena publicidad", decía entre risas a la prensa. "Si el 6 de septiembre sacamos el 46% [cifra con la que previsiblemente alcanzaría la mayoría absoluta], os cuento cuánto pagamos por lo del Spiegel", afirmaba irónicamente en redes sociales.PublicidadLa extensa crónica del semanario sobre sus jornadas de campaña describe a un político de 35 años, fotogénico, de trato cercano y con un dominio ágil de las redes sociales. Siegmund rompe deliberadamente el estereotipo del dirigente de extrema derecha frío y distante.La AfD ha existido durante 13 años, y pese a su lento pero imparable ascenso nunca ha gobernado a nivel estatal y federal. Hoy, hasta el conservador, envejecido y poco poblado land –estado– de Sajonia-Anhalt peregrinan cientos de militantes ultras llegados de todo el país para acompañar a Siegmund en la recta final de la campaña confiando en que su victoria termine de impulsar a una formación que ya lidera todas las encuestas.El hombre detrás de la sonrisaSiegmund (Havelberg, 1990) procede de una familia acomodada y bien emparentada con la política local. El hoy candidato se afilió con 19 años a la CDU, el partido de la derecha tradicional alemana, y la abandonó a los 24 para pasarse a la AfD en 2014, un año después de su fundación. Entró en el parlamento regional en 2016 y copreside el grupo parlamentario desde 2022.Ganó notoriedad como portavoz de Sanidad de su grupo durante la pandemia, cuando sus vídeos contra lo que llamaba la "pandemia de pánico" —Panikmache, un término que roza el negacionismo— se viralizaron y le abrieron una audiencia que hoy supera los 370.000 seguidores en TikTok. La campaña de 2026 está construida sobre ese mismo material: clips cortos, visitas personales a vecinos y empresas, y rutas en la célebre moto Simson, el ciclomotor de fabricación germanooriental convertido en objeto de nostalgia en el castigado este alemán.PublicidadSu liderazgo no es uno más dentro de la formación ultra. La Oficina Regional de Protección de la Constitución —el servicio de inteligencia interior alemán, competente en la vigilancia de organizaciones antidemocráticas— clasificó en noviembre de 2023 a la federación de la AfD en Sajonia-Anhalt como "extremista de derecha confirmada", el escalón más alto de vigilancia. Es la etiqueta que pesa sobre el partido que Siegmund aspira a llevar a la Cancillería de Magdeburgo el domingo 6 de septiembre.En su entorno más cercano e influyente figuran dos hombres que evidencian dicha categoría. Patrick Harr, su portavoz y presidente del grupo parlamentario, y Laurens Nothdurft, abogado que ha representado judicialmente a Siegmund, pertenecieron a la Heimattreue Deutsche Jugend (HDJ), organización juvenil neonazi prohibida por el Ministerio del Interior alemán en 2009 por su "afinidad esencial con el nacionalsocialismo, en particular con las antiguas Juventudes Hitlerianas". La HDJ organizaba campamentos con instrucción paramilitar y adoctrinamiento racial para menores de entre 7 y 29 años. Un tercer exmiembro de la organización neonazi, Felix Willer, hermano de Nothdurft, también trabaja para el grupo.La propia AfD incluye a la HDJ en su lista de organizaciones incompatibles con la afiliación; un requisito habitual en un país que aún lidia con el trauma del III Reich. Nothdurft sostiene que informó de sus actividades juveniles a los órganos competentes del partido. Según la investigación de Der Spiegel, es altamente probable que ese círculo ocupe cargos de responsabilidad si Siegmund alcanza el gobierno; la red de investigación CORRECTIV, que citó fuentes internas del partido, atribuye a Harr una influencia considerable sobre la línea política del candidato.PublicidadEl primer 'land'El oriental land de Sajonia-Anhalt no es un feudo histórico de la ultraderecha, sino de la derecha convencional. La CDU ha gobernado casi ininterrumpidamente este estado, con la excepción de ocho años de gobierno socialdemócrata, desde su reconstitución en 1990. Buena parte de este peso político y de la estabilidad regional recae sobre el democristiano Reiner Haseloff, quien estuvo quince años al frente del ejecutivo hasta consolidarse como el ministro-presidente [el equivalente a presidente autonómico] más veterano del país. Sin embargo, su sucesor, el actual gobernador Sven Schulze, arrastra una falta de popularidad y reconocimiento entre la población con un escaso 29% de aprobación; lo que le deja desarmado para competir en las urnas con Siegmund. En las próximas elecciones de septiembre, 1,7 millones de electores eligen parlamento. Las tres últimas encuestas sitúan a la AfD entre el 41%, según Infratest dimap; el 42%, según datos de INSA, y el 43%, según el sondeo de pollytix. Muy por detrás aparece la CDU, lastrada no solo por el liderazgo local sino por el desgaste del Gobierno nacional, con un lejano 22-24%. De confirmarse los sondeos, la extrema derecha fagocitaría el electorado de la derecha tradicional hasta prácticamente doblar su intención de voto.Si lo que dicen las encuestas se convierte en realidad, la AfD sería el partido más votado de un estado por segunda vez —la primera fue Turingia en 2024, donde el 32,8% no le bastó porque una coalición inédita de democristianos, socialdemócratas y el partido de Sahra Wagenknecht le cerró el paso—. Pero, por primera vez, se abre la posibilidad de que pueda gobernar.Por detrás, un SPD desdibujado, que apenas alcanza el 7%; Die Linke, la izquierda, se estabiliza en el 13% y se consolida como tercera fuerza, en recuperación tras rozar la desaparición parlamentaria a escala federal. Por su parte, tanto Los Verdes (Grünen) como la BCW, escisión de la izquierda, se mueven en torno al umbral del 5% que da acceso al parlamento regional. En 2021 la AfD obtuvo el 20,8%: ahora duplicaría ese resultado. Conviene, sin embargo, recordar el precedente: aquel año la CDU terminó diez puntos por encima de la última encuesta previa y la AfD, cinco por debajo. La diferencia es que Haseloff era entonces mucho más conocido y valorado que Schulze hoy, y el candidato ultra de aquella cita, mucho menos que Siegmund.El reparto de escaños se hace entre las listas que superan el 5%, de modo que la mayoría absoluta de la AfD depende menos de su propio resultado que de cuántos partidos pequeños se queden fuera. En la mayoría de encuestas la cifra mágica con la que los ultras podrían gobernar en solitario es el 46%, un número que Siegmund repite como un mantra en sus mítines.Un programa de 258 páginasLa portada de Der Spiegel no creó la campaña; pero el candidato ultra la aprovechó a su favor. La AfD presentó en julio un "programa de gobierno" de 258 páginas y un plan para los primeros 100 días que incluye "deportaciones desde el minuto uno", una "ofensiva de remigración", clases especiales para hijos de residentes temporales y una campaña oficial bajo el lema #deutschdenken, "pensar en alemán". En energía promete un giro de 180 grados: califica la agenda climática como "ideología", plantea prohibir nuevos parques solares, propone volver al carbón —la industria que durante siglo y medio sostuvo la economía de Alemania central, y que hoy está en pleno retroceso— y reabrir la puerta al gas ruso.Un inflamado discurso nacionalista en un estado donde la población extranjera es del 7,9%, frente al 14,9% de la media alemana, según datos de 2025. Y, una rimbombante agenda económica y política que en gran medida no depende del parlamento regional. Un análisis publicado en Verfassungsblog por dos investigadores del Max Planck de Halle concluye que 21 de las 56 exigencias migratorias del programa solo podrían ejecutarse a nivel estatal o europeo.PublicidadDetrás del éxito electoral de Siegmund está el uso que hace de las redes sociales, con el que seduce a los pocos jóvenes de Sajonia-Anhalt —el land más envejecido de Alemania, con 48,3 años de media y una quinta parte de su población perdida desde 1990— y penetra con fuerza entre los hombres en edad de trabajar, ensanchando la mayor brecha de género del país. Allí donde los mayores se concentran y los jóvenes cualificados huyen, el voto a la AfD se dispara, convirtiendo a comarcas críticas como Mansfeld-Südharz (la más envejecida de Alemania, con 50,4 años de media), el Burgenlandkreis y el Salzlandkreis en sus bastiones incontestables.Los sondeos que le dan la victoria genera pánico en buena parte de la clase política alemana, que hasta ahora había conseguido aislar a la formación gracias a amplios e incómodos cordones sanitarios. La inquietud ha calado incluso en sectores de las fuerzas de seguridad: el vicepresidente federal del sindicato de policía, Sven Hüber, publicó en agosto un artículo titulado "Decir no correctamente" en el que insta a los agentes a objetar las órdenes ilegales que pudiera dictar un eventual gobierno de la AfD. Son declaraciones que, al igual que la reciente portada de Der Spiegel, son usados por la ultraderecha en una recta final en la que, tras 13 años de crecimiento, podría alcanzar el poder.