Es habitual -m�s de lo que nos creemos- que cuando llega el verano uno deje de ser exactamente quien era. Puede ocurrir en un chiringuito, despu�s de dos copas, con la piel todav�a h�meda y salada, el pelo hecho un desastre y alguien mir�ndonos como si fu�ramos bastante m�s interesantes de lo que nos consideramos un martes cualquiera de un mes cualquiera. Puede ocurrir en una playa, en un festival, en un hotel, en un pueblo en el que no conocemos a nadie. O detr�s de unas rocas.El verano tiene esas cosas.En 1974, dos psic�logos canadienses tuvieron una idea bastante peculiar para estudiar la atracci�n. Colocaron a una joven atractiva a abordar a hombres en dos puentes: uno estable y tranquilo; otro estrecho, colgante y balance�ndose con el viento sobre un r�o. A todos les hizo las mismas preguntas, les dio su tel�fono y les propuso continuar hablando de la investigaci�n que estaba llevando a cabo. Los hombres que hab�an atravesado el puente que se mov�a mostraron mayor disposici�n a contactar con ella a posteriori. La hip�tesis que plantearon Dutton y Aron fue que parte de la activaci�n f�sica provocada por el miedo pod�a confundirse con atracci�n.No hac�a falta estar enamorado. Bastaba con que el coraz�n se disparase.Cincuenta a�os despu�s, el verano ofrece un puente colgante mucho m�s c�modo: sol, vacaciones, noches largas, piel desnuda, habitaciones de hotel, escenarios nuevos y la sensaci�n de que ma�ana -o el oto�o- no existen.Y entonces aparece �l. O ella.Y, de pronto, aquello que en enero nos habr�a parecido una mala idea se convierte en la mejor idea del mundo.No es solo una impresi�n. Existe una peque�a conspiraci�n biol�gica, psicol�gica y social trabajando a favor del deseo. Y entonces llegan las aventuras de verano, los romances, la lujuria, el desenfreno, las ganas de dejar volar la imaginaci�n...La primera c�mplice es la luz. El sol no solo sirve para ponerse moreno y comprobar, con una mezcla de orgullo y terror, cu�ntas horas hemos sido capaces de estar tumbados en la hamaca. La exposici�n solar est� relacionada con cambios en neurotransmisores y sistemas implicados en el estado de �nimo. La serotonina participa en la regulaci�n del humor y distintos estudios han observado tambi�n respuestas de endorfinas y dopamina asociadas a la exposici�n solar.Para saber m�sIncluso hay investigaciones experimentales que han observado cambios hormonales tras la exposici�n a la radiaci�n UVB. Un estudio, publicado en agosto de 2021 en la revista cient�fica Cell Reports y liderado por la investigadora Roma Parikh y la profesora Carmit Levy, de la Universidad de Tel Aviv, encontr� un aumento de hormonas sexuales en ratones despu�s de 30 minutos de exposici�n solar y una mayor receptividad sexual en las hembras. Las propias investigadoras plantearon despu�s que la exposici�n solar pod�a estar relacionada con la pasi�n rom�ntica tambi�n en los seres humanos.No significa que ponerse al sol convierta autom�ticamente a nuestro vecino de sombrilla en el amor de nuestra vida. Pero s� ayuda a entender por qu� el verano llega acompa�ado de una sensaci�n f�sica de bienestar y disponibilidad. Y ah� entra el segundo ingrediente: el descenso del estr�s.Dormimos m�s. Tenemos m�s flexibilidad horaria. Comemos fuera. Paseamos. Salimos. Nos quitamos obligaciones de encima. Durante unos d�as, la vida cotidiana pierde volumen.La profesora de Psicolog�a Catherine Sanderson, del Amherst College, ha descrito las vacaciones como una especie de �recreo� de nuestras vidas reales: fuera de la rutina, las personas se sienten m�s libres para probar experiencias rom�nticas y sexuales y comportarse de una manera m�s espont�nea.Es decir: no solo vemos m�s cuerpos. Tambi�n nos sentimos m�s deseables dentro del nuestro.Eva Moreno, sex�loga de Gleeden, la plataforma l�der en encuentros no mon�gamos, pensada por y para mujeres, nos lo explica: �El verano cambia totalmente nuestra din�mica de vivir el d�a�. Hay m�s tiempo, menos estr�s, m�s vida social, m�s calle y algo fundamental: �Hay m�s piel, m�s exposici�n corporal�.Y cuando cambia nuestra manera de vivir, cambia tambi�n nuestra manera de relacionarnos.Hay otra raz�n: la novedad.Nuestro cerebro responde con especial intensidad a las experiencias nuevas e interesantes, que pueden activar el sistema de recompensa y favorecer la liberaci�n de dopamina. Y las vacaciones son, b�sicamente, una f�brica de novedades: una ciudad desconocida, una playa, un rinc�n, una persona.El circuito resulta perversamente perfecto.La dopamina participa en la motivaci�n y la recompensa y est� implicada tambi�n en las primeras fases del enamoramiento intenso. As� que el cerebro puede terminar asociando la excitaci�n del viaje, el lugar nuevo y todo lo que estamos viviendo con la persona que tenemos delante.Moreno lo relata desde el otro lado del espejo, desde c�mo nos presentamos nosotros mismos al mundo: �Me pongo guapa, me pongo bien, me preparo, cojo mi colorcito en la piel, me pongo el modelito�. Nos sentimos sexies, sensuales... Y entonces salimos".Una pareja en la feria de Coney island en un verano de los a�os 70.GETTYAlguien mira.La autoestima sube; la dopamina, tambi�n.Y empieza el bucle.�Es como una magia que se va alimentando�, explica la terapeuta.Despu�s llega una conversaci�n. Una copa. Una caricia. Y, a partir de aqu�, el cerebro no necesita demasiadas explicaciones.�Voy a echar todos los polvos que pueda en cualquier rinc�n del pueblo, de la ciudad, de donde sea que est�, dice Moreno con la sinceridad que merecen las pasiones veraniegas.La frase tiene algo de manifiesto. No porque haya que echar todos los polvos posibles, sino porque un polvo puede ser simplemente un polvo. Un beso puede ser simplemente un beso. Una noche puede ser una noche. Y no por eso es menos importante.Eso s�: �Libertad con preservativo, con consentimiento y con cabeza�. Y despu�s s�: �Lib�rate. Haz lo que te apetezca�. Desatarse no significa desentenderse de uno mismo.Pero quiz� la mayor trampa del verano no sea la persona que conocemos. Seamos nosotros.Saber que el viaje terminar� puede hacer que dejemos en un segundo plano las preguntas sobre el futuroDurante las vacaciones no somos exactamente quienes somos durante el resto del a�o. O, al menos, no nos comportamos igual. Estamos relajados, tenemos menos responsabilidades, no hay que correr para llegar a ninguna parte y, sobre todo, nadie nos ha visto todav�a en nuestra versi�n de lunes.Eva Moreno lo resume de una manera demoledora: �Te enamoras de quien eres t� de vacaciones y te enamoras de lo que sucede con esa persona que es su mejor versi�n en vacaciones�.La otra mitad tambi�n est� de vacaciones.Por eso �nadie ha discutido todav�a por qui�n llena la nevera. Nadie ha llegado tarde al trabajo. Nadie ha dicho que no puede porque tiene una reuni�n a las ocho. Nadie est� pendiente de la log�stica familiar�, recuerda Moreno.Y aqu� est� el trampantojo: la compatibilidad que estamos comprobando no es exactamente la compatibilidad de la vida real.La psicolog�a social ha se�alado adem�s un curioso efecto de las relaciones que nacen en vacaciones: saber que el viaje terminar� puede hacer que dejemos temporalmente en segundo plano las preguntas sobre el futuro.Es una especie de contrato t�cito: esto tiene fecha de caducidad, as� que podemos permitirnos disfrutarlo.La psicolog�a tiene incluso un nombre para parte de este mecanismo: idealizaci�n. Cuando una relaci�n todav�a no ha entrado en la rutina, tendemos a llenar los huecos con la imaginaci�n. No sabemos c�mo ser� esa persona un martes a las ocho de la ma�ana, as� que nuestro cerebro se encarga de invent�rselo.Y nuestro cerebro, adem�s, �es bastante rom�ntico�, puntualiza la sex�loga.Por eso una aventura de verano puede resultar tan adictiva.�Es un chute maravilloso�, dice Moreno.Y no es solo una met�fora. La novedad, la recompensa, el deseo, la atenci�n de otra persona, el contacto f�sico y la sensaci�n de ser deseados activan distintos sistemas relacionados con �la motivaci�n, el placer y el v�nculo�.�Te pone en un lugar de subid�n, te coloca la autoestima a niveles supers�nicos. Te hace sentir guapo, guapa, querido, querida�, explica.Es decir, una aventura de verano puede ser, en ese sentido, una especie de tratamiento intensivo contra la rutina.El problema es que algunos tratamientos tienen efectos secundarios.Por ejemplo: septiembre.Aqu� llega la parte que quiz� m�s nos cuesta aceptar.No todo lo intenso tiene que durar.Y no todo buen sexo necesita una segunda temporada.Moreno lo dice sin rodeos: �No confundir la intensidad con la compatibilidad�. Una frase que sirve para evitar m�s de una depresi�n postvacacional.�Qu� ocurre cuando alguien llega a la consulta diciendo que ha vivido el amor de su vida durante 15 d�as y ahora no sabe qu� hacer?Primero, distinguir qu� quer�a realmente.Si quer�a una aventura, �disfrutarla�.Si quer�a una relaci�n, �hablarlo�.Si quer�a ambas cosas, �asumir que quiz� la otra persona no�.Y, sobre todo, no convertir el verano en una audici�n para el resto de nuestra vida.�Y si te enamoras? Pues te enamoras. No pasa nada.Hay sexo fant�stico. Conversaciones largu�simas. Intimidad. Una playa. Una noche bajo la luna. Y un cerebro que empieza a mezclar oxitocina, dopamina y apego hasta que aquello parece una pel�cula.�Somos personas, no somos robots�, recuerda Moreno.No hay que quitarle emoci�n a la historia. Hay que ponerle contexto. Porque una mujer o un hombre pueden sentirse los m�s enamorados del mundo durante 15 d�as y, al mismo tiempo, saber perfectamente que en septiembre quiz� esa historia se acabar�. Y eso no hace que haya sido menos real.Este proceso contiene una �ltima trampa, quiz� la m�s bonita de un amor de verano.Cuando echamos de menos a esa persona y quedamos atrapados por la nostalgia, es muy posible que nos estemeos equivocando de otro. Y que tambi�n t� seas otro.Quiz� echemos de menos a quien �ramos nosotros con ella.La persona que se atrev�a m�s. Que se sent�a m�s guapa. Que ten�a m�s sexo. Que daba rienda suelta a sus fantas�as. Que dec�a que s�...�Te enamoras de quien eres t� en vacaciones�, insiste Moreno.Por eso, cuando llegue septiembre, puede que no haya que borrar las fotograf�as ni convertir la nostalgia en tragedia.Hay que guardarla.�Qu�date con tu �lbum de recuerdos del verano�, propone la sex�loga. Incluso con los recuerdos menos solemnes, como aquel �buen polvo que echamos ah�, detr�s de las rocas del arrecife de no s� qu� pueblo�.Y a�ade: �Una cosa es que bien nos lo pasamos. �Qu� bien! Y enamorarte es bueno realmente�, explica.Pero despu�s llega la pregunta importante: �me veo llevando una vida real con esta persona? �Me gusta tambi�n cuando deja de estar de vacaciones? �Me interesa su forma de vivir? �Tenemos conversaciones m�s all� del sexo? �Me sigue pareciendo fascinante cuando desaparecen la playa, el hotel y las copas?Una aventura de verano no consiste en preguntarse inmediatamente si es el amor de nuestra vida, puede ser una aventura. Pueden ser 15 d�as de sexo, risas, piel y noches que no terminan. Puede ser incluso el principio de algo.Pero la regla de oro es otra: �Vivir el cap�tulo de la novela sin empe�arse en escribir ni llegar al final�.