En estilos de vida cada vez más predecibles, monótonos y alienantes, las vacaciones se convierten en ese permiso penitenciario que hay que exprimir al máximo. Sexualmente hablando, el verano aumenta el deseo (aunque ya hay teorías que dicen lo contrario, por las altas temperaturas) y los días libres, los viajes y las noches de fiesta favorecen las posibilidades de encuentros eróticos. El problema surge cuando esa posibilidad, explotada por el cine en tantas películas —Vacaciones en Roma (1953), El diario de Noa (2004), Antes del amanecer (1995) o Locuras de verano (1955), entre otras—, se convierte en un deber.El pasado año, la web de viajes baratos Holidayguru llevó a cabo una encuesta entre 2.000 españoles para averiguar cómo se relacionan los viajeros con el amor, el sexo y las aplicaciones de citas durante el verano. El 65% reconocía haber ligado alguna vez durante sus vacaciones, aunque el entusiasmo parecía enfriarse al mirar al futuro: en 2025, solo un 27% planeaba ligar en verano, mientras que un contundente 73% aseguraba que no lo tenía entre sus planes. En otra encuesta realizada este año a 169 mujeres solteras y heterosexuales en España, realizada por la marca de juguetería erótica y bienestar sexual femenino Womanizer, casi la mitad (46,5%) asegura que ligar es más difícil que hace unos años. Con un 46,8% de mujeres que reconocen no confiar en encontrar pareja en este momento, los resultados dibujan un panorama de creciente incertidumbre para las relaciones.Los expertos ya hablan de la dating app fatigue (fatiga de las aplicaciones de citas). Cada vez más usuarios dicen sentirse cansados del swipe (arrastrar el dedo para pasar a un nuevo perfil). Aun así, muchas personas siguen registrándose o permaneciendo en este tipo de portales. No tanto para encontrar a alguien, ni siquiera para quedar, sino como distracción, sobre todo entre mujeres. Alicia, madrileña de 31 años, es usuaria de Tinder desde el verano pasado. “Me descargué la aplicación en un viaje que hice con otras amigas, más de broma que otra cosa. No ligué con nadie, pero ver los perfiles, las descripciones, las fotos y los comentarios era parte de la diversión”. En esta línea, una amiga alemana me ha metido en un chat sobre las luces y sombras de las apps de citas, que algunos ya no utilizan para ligar, sino para debatir sobre el proceso, puesto que su fin primigenio (encontrar pareja o echar una cala al aire) se empieza a vislumbrar ya como un espejismo.Por su parte, las celestinas digitales, conocedoras de este problema, tratan de introducir cambios para seguir existiendo. Bumble, el portal para ligar que destaca por exigir que, en los contactos heterosexuales, sean las mujeres las únicas que puedan dar el primer paso —enviando el mensaje inicial tras el necesario match—, ha incorporado algunos cambios tras un reciente estudio que ha revelado las siguientes conclusiones: cada vez más usuarios en España afrontan el dating con un mayor grado de reflexión y autoconocimiento. En lugar de atribuir las malas experiencias a la mala suerte o a las personas con las que han salido, un 64% afirma haber reflexionado sobre su propio comportamiento en las citas durante el último año y un destacado 82% prefiere aprender de las relaciones que no funcionaron antes que repetir los mismos errores. Incluso la idea de un ligue de verano puede redefinirse. Según Chantelle Otten, experta en relaciones de Bumble, “las vacaciones son una época en la que muchas personas están más abiertas a conocer gente y vivir interacciones más espontáneas. Sin embargo, una conexión de verano no tiene por qué definirse únicamente por si termina convirtiéndose o no en una relación a largo plazo”. Y añade: “Estamos viendo una evolución en la manera en que las personas entienden este tipo de encuentros. Cada vez más usuarios, especialmente muchas mujeres, definen por sí mismos qué significa tener una experiencia positiva. Una conexión puede ser valiosa tanto si continúa después del verano como si simplemente representa una experiencia divertida, auténtica o que ayuda a ganar confianza. Más que centrarse en la idea de relaciones pasajeras, lo importante es que las personas sientan la libertad de relacionarse de la forma que mejor encaje con ellas, sin asumir que todas las conexiones deben seguir el mismo camino para tener significado”. Cuando el ligue está (casi) garantizadoMientras muchas apps luchan por sobrevivir introduciendo cambios, otras se especializan en el fast and furious del ligue veraniego. Algunas incluso aprovechan los trayectos para ir ahorrando tiempo. Es el caso de Wingle, una aplicación gratuita que permite conectar, charlar y conocer a otros pasajeros del mismo vuelo sin necesidad de pagar por internet a bordo. Pero, ¿por qué esperar a llegar al aeropuerto si uno puede ligar en las vacaciones antes incluso de que estas hayan comenzado? Ligar antes de viajar es ya una tendencia consolidada. La función Passport de Tinder, que permite cambiar la ubicación virtual a cualquier ciudad del mundo para buscar, hacer match y chatear con personas antes de ir a otro país, sigue creciendo como herramienta para preparar encuentros antes de llegar al destino. En el resumen anual de Tinder de 2024 se hablaba de una media de 145.000 usos diarios de Passport y de un fuerte incremento de su utilización en grandes destinos turísticos. De hecho, las ciudades con gran afluencia de visitantes en verano (Palma, Ibiza, Barcelona, Lisboa, Mikonos, Roma…) son también donde más se abren este tipo de funciones, para quienes buscan “algo para el verano”, “un guía local”, un “compañero de viaje” o “alguien que conozca los mejores restaurantes”, a menudo eufemismos para designar el rollete de las vacaciones. Así que, mientras el ligue digital vive sus horas bajas, el dating turístico crece gracias a las nuevas fórmulas para interactuar con los nativos, antes incluso de sacar el billete de avión. De hecho, un sondeo británico de 2025 reveló que el 60% de los solteros vuelve a activar las aplicaciones de citas cuando va al extranjero, un 18% reconoce que el potencial para ligar influye en la elección de su lugar de vacaciones y un 36% considera los romances de verano como algo puramente temporal y sin demasiadas repercusiones en sus vidas. En el universo analógico, al que cada vez más gente vuelve escarmentada del flirteo digital, los viajes para solteros ganan adeptos. Asegurando los ingredientes básicos: gente con ganas de conectar, vacaciones y viajes, ¿qué puede salir mal? Tuymilmas es una empresa especializada en escapadas para singles, sobre todo por España, aunque también hacen rutas internacionales. “Entre el 60 y el 65% de nuestros clientes son mujeres entre 40 y 55 años”, apunta Beatriz Carrillo, CEO de la empresa. “La gente que busca ligar, ya sea para encontrar pareja o para echar una cana al aire, y quiere cogerse unos días de vacaciones aúna estos dos propósitos. Es muy fácil intimar porque vas en grupo y las actividades se hacen conjuntamente. La mayoría de los destinos son nacionales, lo que hace que el ritmo del viaje sea más lento y se disponga de más tiempo libre. Tenemos ya algunas parejas que se han casado y que se conocieron en nuestros viajes; aunque a la mayoría le cuesta reconocer que nos eligen para ligar. La excusa es que no les apetece viajar solos”, reconoce Carrillo.Lo cierto es que la tecnología, capaz de conectarnos con cualquiera que tenga wifi, aunque sea al otro lado del mundo, ha acabado con la magia de los amores de verano, intensos por obra y gracia de su ineludible fecha de caducidad. “Los ligues de vacaciones tenían mucho morbo y libertad porque ambas partes sabían que tenían un final”, cuenta el Raúl González Castellanos, también psicopedagogo y terapeuta de pareja del gabinete de apoyo terapéutico A la Par, en Madrid. “Yo creo que esa magia se ha ido perdiendo porque ahora la gente permanece en contacto por WhatsApp o espía al otro en las redes sociales. Hay, además, una presión de pasarlo bien en las vacaciones, de ser feliz, y eso incluye ligar para mucha gente. Así, el amor de verano se llena de prisa, de ansiedad, de miedo al fracaso, de vergüenza por volver sin una historia que contar a los amigos”. En opinión de González, “hay que experimentar el verano y las naturales ganas de ligar de manera menos ansiosa. Vivir lo que nos apetece realmente, y no lo que se supone que debemos vivir. Tiene que quedarnos claro que el verano no es un examen de vida y que se puede ligar todo el año”. Y lanza un consejo: “Hay también que respetar los sentimientos ajenos, ser sinceros y no infundir falsas esperanzas para no herir a nadie. Y no está de más tener en cuenta que las personas más sensibles o vulnerables, que atraviesan un estado emocional más bajo o alterado, deberían pensarse dos veces si van a ser capaces de pasar página sin mayores consecuencias ni dramas; o si, por el contrario, el ligue de verano va a aumentar su sufrimiento o ansiedad”.