El 25 de agosto de 1992 la artillería serbia bombardeó la Biblioteca Nacional de Bosnia, en Sarajevo. Ardieron dos millones de manuscritos y libros. El aniversario es casi redondo, pero si escribiera este artículo otro día, coincidiría con la destrucción de otra biblioteca o el chisporroteo de otra pira de libros. Ha habido muchas.
Quemarlos es la forma clásica de hacerlos desaparecer. Ahora Anthropic los desguaza. En realidad, se sospecha que lo hacen todos los desarrolladores de IA. A los de Anthropic los han pillado. En un documento interno de 2024 decían: “El Proyecto Panamá es nuestro esfuerzo por escanear destructivamente todos los libros del mundo”. En vez de quemarlos, una guillotina les rebana el lomo, alinea sus páginas y las escanea. Son libros de viejo y de segunda mano: con dedicatorias, subrayados, y una esquina doblada en la página crucial que le cambió la vida a una lectora. A la basura todo. Una empresa de reciclaje hace desaparecer los residuos, o sea, las páginas. Solo queda una copia digital que almacena la máquina. Así, un libro que estaba al alcance de cualquiera pasa a ser propiedad de una empresa de IA.










