No se ha podido hacer peor en Ceuta. Ni en términos políticos, ni discursivos, ni estéticos. El Gobierno ha tenido la gestión más desastrosa posible desde los días anteriores al 31 de julio cuando Marruecos atacó Ceuta usando un flujo migratorio hasta el día de hoy en el que se sigue sin dar respuesta a la situación dramática de migrantes, peticionarios de asilo y menores en vulnerabilidad, ni la de los ciudadanos de Ceuta que siguen sin recuperar la normalidad. Todo mal y peor explicado.

El principal problema de la gestión gubernamental es que no tiene plan, ni se atreve a evidenciar el problema estructural sobre el que tiene capacidad de gestión, y que es nuestra relación con Marruecos. La declaración de Pedro Sánchez diciendo que España sufrió un ataque en Ceuta el pasado 31 de julio pero sin atreverse a mencionar a Marruecos y aludiendo a esa entelequia de las mafias para buscar un enemigo externo inasible es una broma pesada solo superada por la declaración del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, aludiendo a la sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en caliente para explicar la causa del suceso que se produjo en Ceuta.