Actualizado a las 01:33h.

La crisis de Ceuta no comenzó este agosto, ni puede explicarse atendiendo únicamente a las imágenes de miles de personas concentrándose frente a una frontera que Marruecos abre y cierra según sus necesidades políticas. El verdadero punto de inflexión hay que buscarlo cuatro años ... atrás, en marzo de 2022, cuando Pedro Sánchez decidió respaldar el plan marroquí de autonomía para el Sahara Occidental y rompió una posición española mantenida durante décadas. Aquella decisión produjo consecuencias que todavía no hemos terminado de medir. Rabat obtuvo algo mucho más valioso que una carta diplomática favorable a sus tesis sobre el Sahara. Obtuvo la confirmación de que la presión funciona, de que España puede modificar posiciones estratégicas cuando el coste de mantenerlas aumenta y de que una política suficientemente persistente de hechos consumados acaba encontrando interlocutores dispuestos a convertir la cesión en pragmatismo. Desde entonces Marruecos se ha sentido envalentonado, porque cada concesión española ha sido interpretada en Rabat de acuerdo con una lógica de poder bastante elemental. Quien cede bajo presión demuestra hasta dónde puede volver a ser presionado.