0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa original está en algún lugar en medio de la nada, de camino a S’Algar. Mi padre solía ir con la pandilla, de adolescente. La entrada estaba tras una mata, y accedían tumbados boca arriba con los pies por delante, arrastrando el culo hasta dejarse caer en el vestíbulo. Se iluminaban con velas y quizás alguien llevara una linterna. Llegaban por una galería a una sala con una columna de roca, el suelo resbalaba; los chicos aprovechaban entonces para dar la mano a las chicas. Al final, el suelo era tan plano que parecía un espejo y, al acercar la luz, se veía un gran embalse de agua. Brais Lorenzo / EfeEn un momento del itinerario, pasaban por debajo del agujero en el que, cuando el padre de mi padre tenía su edad (e incluso antes), tiraban a los animales muertos. No sólo asnos, también ovejas. Aún quedaban algunos huesos y, si mirabas hacia arriba, veías el cielo. Ya casi nadie recuerda dónde está exactamente Sa Cova dets Ases y entrar allí se consideraría imprudente.Ahora es aquí donde desayuna, come, toma una cerveza y charla la gente del puertoAhora este es el nombre de un bar en la plaza de la iglesia, muy cerca de la casa donde veraneábamos cuando era pequeña. Entonces mis abuelos vivían en la calle del Mar, y la abuela a veces nos enviaba a Els Tamarells para comprarle tabaco. Tòfol le guardaba cartones de Record de la caja verde, difícil de encontrar en casi cualquier otro sitio.De jóvenes, en Els Tamarells, jugábamos al truc los amigos de la plaza; los fines de semana salíamos por el Calipso, y los que tenían una Scoopy nos llevaban a la playa, normalmente sin casco; si no, íbamos en bici. El bar ya no existe, pero Tòfol abrió Sa Cova dets Ases y ahora es aquí donde desayuna, come, merienda, cena, toma una cerveza y charla la gente del puerto y alrededores, como si el tiempo sencillamente hubiera cambiado unos metros de ubicación.El otro día nos reunimos unos cuantos para hacer un maridaje, ceremoniado por Tià Pereta, uno de los primeros amigos que tuve en el puerto y socio de la distribuidora de vinos 5 Caixes i Mitja. El Quíbia, el Acrollam, Can Axartell y el 12 Volts están íntimamente ligados a este lugar y a nuestra memoria, al modo que tenemos de vivir el entorno, nombrarlo y celebrarlo. Por eso, mientras brindábamos, nos sentíamos en casa.
Sa Cova dets Ases, por Llucia Ramis
La original está en algún lugar en medio de la nada, de camino a S’Algar. Mi padre solía ir con la pandilla, de adolescente. La entrada estaba tras una mata, y accedían tumbados boca arriba con los pies por delante, arrastrando el culo hasta dejarse caer en el vestíbulo. Se...






