0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEn esta calle de Molló, empinada y estrecha, se oye todo. Por suerte, apenas pasan coches. Los primeros en despertarse son los pájaros, con las primeras luces del alba. Gorriones y eléctricas golondrinas. Su algarabía es estridente como un despertador y amena como un divertimento de Mozart. En los huertos traseros, ya trabaja Josep, flexible como un junco a sus setenta años, cuidando cebollas, repollos y tomates, que regalará a los vecinos. LVLa calle se agita: un repartidor de paquetes, el paso frenético de unos montañeros. Llega Jéremy, un formidable carpintero de escuela francesa, cargado con una puerta enorme. Como si llevara una pluma, saluda, divertido, a Josep, un campesino irónico y sabio. No menos irónico, se suma David a la conversación, hasta que llega la preciosa Elna con su madre: “¡Hemos encontrado al gato Mixi!”. Luego pasa Chantal: “¿No habéis visto a Lionel?”. “Todavía está con Ismael, Sara, Lluc y Pau en la piscina”. Todo el mundo se conoce. Más tarde, Neus y Ricard, con los ojos brillantes, explican a Mireia que están esperando un hijo. Como en un teatro, la calle realza las voces. Cuando callan, el silencio se confunde con el espeso aire que impone el sol de verano (fanático como un ideólogo extremista).Aniol vive en su mundo, no siempre quiere hablarme; si me llama, soy felizNingún rumor televisivo rompe la somnolencia de la tarde. Las notas de un piano se imponen en el silencio. Son notas muy pensadas y lentas, que se repiten en bucle. Recuerdan la música callada de Mompou. Las interpreta Antu, una niña ciega, muy inteligente y precoz, que vive en Argentina y ha venido, como cada año, a pasar el verano con los abuelos. Más tarde, sobre las cinco, se oye la voz de Aniol. Es una voz dulce y alada. A veces no entiendo lo que dice, pero lo expresa con una musicalidad insólita y deliciosa. Juega cada tarde en la fuente. Le encanta el agua. Acompaña el juego con cantos y monólogos. Cuando era pequeño, algo muy grave le ocurrió que ha alterado su desarrollo. Aniol vive en su mundo, no siempre quiere hablarme, pero cuando me llama por mi nombre soy feliz.Las notas de la niña ciega entran por mi ventana y se trenzan con la voz volátil del niño especial. La melodía resultante podría parecer turbadora, pero es poética como ninguna.
La música de una calle, por Antoni Puigverd
En esta calle de Molló, empinada y estrecha, se oye todo. Por suerte, apenas pasan coches. Los primeros en despertarse son los pájaros, con las primeras luces del alba. Gorriones y eléctricas golondrinas. Su algarabía es estridente como un despertador y amena como un...






