AnálisisSalarios estancados, vivienda costosa y servicios básicos más caros. El costo de vida elevado exige políticas estructurales y no alivios temporales.La inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de la energía y de los alimentos, tuvo un ligero incremento a 2,6 por ciento en 12 meses frente al +2,5 por ciento de un mes antes. Foto: EFE22.08.2026 05:11 Actualizado: 22.08.2026 05:11

Los gobiernos de todo el mundo están teniendo dificultades para encontrar una estrategia sensata que permita manejar la inflación y las interrupciones en la producción y el abastecimiento de bienes básicos. El Tesoro del Reino Unido, por ejemplo, presentó una propuesta para incentivar a los supermercados a fijar topes a los precios de productos esenciales —como el pan y la leche— a cambio de flexibilizar regulaciones de empaques y normas ambientales. LEA TAMBIÉN A primera vista, la medida parece pragmática y compasiva. Pero si se analiza con detenimiento, se descubrirá una renuencia a enfrentar las causas estructurales que están impulsando el aumento del costo de vida. En lugar de intervenir en los mercados, la oficina del Tesoro británica está negociando con ellos, lo que evidencia que no comprende la verdadera dimensión de la crisis de asequibilidad que afronta el país. El problema no se limita al encarecimiento del pan y la leche, sino a una falla sistémica y prolongada para resolver asuntos como el estancamiento salarial, los altos costos de vivienda y el precio elevado de los servicios esenciales (problemas que se replican en todo el mundo, incluida Colombia).La inflación también se percibe en los precios del arriendo y servicios públicos. Foto:iStockSi bien protestar públicamente por el precio de los productos básicos puede parecer una respuesta decidida, conlleva el riesgo de ser contraproducente. En el caso de Reino Unido, ¿qué hará el Gobierno si los minoristas simplemente se resisten, retrasan las medidas o las aplican solo de manera parcial? La política terminará sin resultados y la credibilidad del Estado se verá aún más debilitada.Los ejemplosLa experiencia reciente en Europa ilustra bien ese riesgo. En 2023, el Gobierno francés negoció una ‘canasta antiinflación’, mediante la cual los supermercados podían escoger un grupo limitado de productos para venderlos a precios reducidos durante un periodo determinado. Aunque la medida tuvo visibilidad política, dependía de la participación voluntaria de los comercios, cubría solo una pequeña parte de los productos, variaba entre cadenas y tuvo un impacto limitado y pasajero sobre la dinámica general de los precios de los alimentos. Este tipo de esquemas puede reducir el precio de algunos artículos, pero también permite que los minoristas compensen elevando los márgenes en otros productos. LEA TAMBIÉN Algo similar ocurrió en Grecia en 2022, cuando se implementó una iniciativa de canasta familiar que alentaba a los supermercados a mantener asequibles ciertos productos básicos y a reportar regularmente sus precios para demostrar compromiso con los consumidores. De nuevo, el programa generó visibilidad en el corto plazo y cierta moderación de precios en artículos específicos, pero no modificó de manera sustancial los márgenes de ganancia ni la dinámica inflacionaria general.Incluso los enfoques más intervencionistas han enfrentado dificultades. Cuando Hungría impuso topes directos a los precios de algunos alimentos entre 2022 y 2023 —pasando de una coordinación voluntaria a controles obligatorios—, los minoristas respondieron aumentando el precio de productos no regulados, lo que provocó distorsiones en el suministro y episodios de escasez. España, por su parte, redujo temporalmente el IVA de alimentos básicos, lo que alivió parcialmente los precios al consumidor; sin embargo, como el esquema dependía de que el ahorro se trasladara a través de múltiples eslabones de la cadena de suministro, los resultados no fueron uniformes ni transformadores.No basta con controlar la inflación a través de productos del súpermercado. Foto:iStockPese a sus diferencias, todos estos casos responden a un mismo modelo que terminó siendo insuficiente. Ya fuera de manera voluntaria, coercitiva o indirecta, los gobiernos se apoyaron en intervenciones lideradas por los minoristas y enfocadas en un rango limitado de bienes en el punto final de venta. Estos esquemas pueden generar visibilidad, pero dejan intactas las estructuras del mercado; los topes de precios incentivan mecanismos de evasión y alteraciones en la oferta; y medidas indirectas, como las reducciones de impuestos, dependen del comportamiento de las empresas para trasladar el beneficio al consumidor. En ninguno de estos casos se modificaron las estructuras de costos, las dinámicas de ganancias o los patrones de distribución. LEA TAMBIÉN Así, pues, en el caso del Reino Unido, centrarse únicamente en el sector minorista resulta especialmente desacertado, ya que los elevados costos de la vivienda y los servicios públicos absorben una proporción cada vez mayor de los ingresos familiares y reducen drásticamente lo que queda para el consumo esencial. Al concentrarse únicamente en los precios de los supermercados, el Gobierno está diagnosticando mal el problema y perdiendo la oportunidad de atacar las verdaderas causas de la crisis de asequibilidad.Este tipo de intervenciones refleja un sesgo persistente en la forma en que los gobiernos responden a la inflación. El instinto de los responsables de política pública suele ser actuar sobre los precios al final de la cadena de suministro y no sobre las condiciones que los determinan.Lo que hay tras los preciosSin embargo, la inflación en los alimentos suele estar impulsada por factores como los costos energéticos, los insumos agrícolas, las condiciones laborales, los mercados globales de materias primas y las estrategias corporativas de fijación de precios.Detrás de un producto como el pan hay toda una cadena productiva que influencian su valor. Foto:Jesús Blanquicet.La crisis de asequibilidad no se reduce simplemente a los precios en las tiendas. Surge de la relación entre precios, ingresos y la manera como se organiza socialmente el acceso a bienes esenciales. Lo importante no es si el precio del pan baja unos centavos o unos pesos en la caja registradora, sino si los hogares tienen realmente los medios para acceder de manera estable a los bienes básicos. La pregunta no es cómo limitar los precios, sino cómo garantizar el acceso.En este punto resulta ilustrativo el programa mexicano de la canasta básica. Más que enfocarse únicamente en los precios de los supermercados, define un conjunto de bienes esenciales y busca garantizar su asequibilidad mediante una combinación de herramientas: apoyos al ingreso, políticas de salario mínimo, coordinación con productores y minoristas, y mecanismos selectivos de estabilización de precios. Aunque todavía depende en parte de acuerdos con las empresas, lo hace dentro de un marco más amplio de política social. LEA TAMBIÉN De manera similar, Brasil ha puesto menos atención en fijar precios para una canasta básica de alimentos y más en garantizar el acceso a través de políticas de ingresos y transferencias fiscales, compras públicas y coordinación del abastecimiento, además de programas directos de provisión de alimentos.En ambos casos, la asequibilidad se garantiza no solo mediante los precios, sino también a través de la organización institucional del acceso a bienes esenciales. Lo fundamental es que estas estrategias reconocen que la asequibilidad depende tanto del poder adquisitivo como de los precios mismos. La lección —para países desarrollados y en desarrollo por igual— es que el Estado debe intervenir mediante políticas de ingreso, abastecimiento y producción, y no únicamente en el punto de venta.Para el Reino Unido, esto implicaría ir más allá de los topes voluntarios de precios y avanzar hacia una estrategia coordinada que enfrente la presión estructural sobre los presupuestos de los hogares. Eso significa fortalecer los apoyos a los ingresos de los hogares de bajos y medianos recursos, reducir el peso de los costos de vivienda y servicios públicos, y trabajar con los proveedores de toda la cadena alimentaria para estabilizar insumos clave.En lugar de negociar pequeñas reducciones de precios con los minoristas, el Estado debería definir cuáles son las necesidades esenciales y desplegar herramientas de política pública en los sectores pertinentes para garantizar que puedan satisfacerse. LEA TAMBIÉN Un cambio de este tipo permitiría aliviar las presiones inmediatas y, al mismo tiempo, construir un sistema más resiliente y equitativo para la provisión de bienes básicos. Sin ello, políticas como los topes voluntarios de precios solo ofrecen una ilusión de control y corren el riesgo de reproducir precisamente las dinámicas que generan vulnerabilidad: concentración corporativa, regulación débil y resultados decepcionantes.(*) Profesora asociada de Economía de la University College de Londres y miembro del Girton College de la Universidad de Cambridge. Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.