El dramático juicio por el asesinato de Callan, Dawson y Cora Clancy —de entre 8 meses y 5 años de edad— sumó su testimonio más determinante en el Tribunal Superior de Plymouth, Massachusetts. Paul Zeizel, psicólogo que testificó para la defensa tras atender a la acusada en más de 30 sesiones posteriores al hecho, afirmó categóricamente que Lindsay Clancy, de 36 años, no era capaz de comprender la "ilegalidad" ni la "ilicitud" de sus actos debido a una grave afección mental.El peritaje médico sostiene que la exenfermera de partos padecía trastorno bipolar y psicosis posparto, una patología severa y poco frecuente vinculada a desbalances hormonales, estrés y privación del sueño que afecta a entre 1 y 2 de cada 1.000 mujeres tras dar a luz. Según la defensa, este estado alterado de la realidad privó a la mujer de la capacidad de adaptar su conducta a la ley en el momento del crimen.¿Lindsay Clancy es inocente? La palabra del psicólogo: más de 35 horas de evaluación y el mito de la psicosis visibleEl testimonio de Paul Zeizel se convirtió en la pieza central de la defensa para sostener que Lindsay Clancy no debe ser considerada penalmente responsable. El especialista, quien atendió a la exenfermera en un centro hospitalario tras las muertes y acumuló más de 35 horas de evaluación a lo largo de decenas de visitas, concluyó de manera tajante: "Ella era incapaz de acatar la ley. No comprendía la ilicitud de su acto", atribuyendo su conducta a "una enfermedad mental o un defecto".Durante sus declaraciones, Zeizel detalló el profundo deterioro psicológico que atravesaba la mujer antes del crimen. En diciembre de 2022, Clancy acudió a una clínica perinatal expresando que sentía "el cerebro dañado", una convicción persistente de que debía suicidarse y pensamientos paranoicos, como el temor irreal de que las personas a su alrededor podían escuchar sus pensamientos. "Le preocupaba que le quitaran a sus hijos y que nunca volviera a verlos", explicó el especialista al jurado.Uno de los puntos clave del testimonio buscó desarmar la tesis de la fiscalía, que utiliza las actividades cotidianas que realizó Clancy el día del crimen —como llevar a su hija al médico, jugar en la nieve y buscar direcciones en internet— para sostener que actuó de forma premeditada. Zeizel argumentó que atravesar un brote psicótico no inhabilita automáticamente a una persona para ejecutar tareas operativas simples.Para reforzar esta postura, el abogado defensor Kevin Reddington le preguntó al experto: «Entonces, el hecho de que no esté hablando de los unicornios en la esquina, que no arrastre las palabras y que no sea incapaz de caminar, ¿Significa eso que no se encuentra en un estado psicótico?». La respuesta de Zeizel fue contundente: "No es así", ratificando que la apariencia de normalidad no invalida la pérdida de noción de la realidad provocada por la psicosis posparto y el trastorno bipolar.La postura de la fiscalía y los cuestionamientos al diagnósticoPor su parte, la fiscalía intenta demostrar que Clancy actuó con premeditación e instinto de control. La acusación sostiene que la mujer ideó un plan para distanciar a su esposo de la vivienda —enviándolo a buscar un medicamento y comida para la familia— antes de estrangular a sus tres hijos con bandas elásticas de ejercicio.La fiscal Shanan Buckingham cuestionó la credibilidad de la evaluación psicológica, argumentando que horas antes del hecho la acusada realizó tareas operativas complejas, como llevar a su hija a la consulta médica, jugar en la nieve y buscar direcciones en internet. Ante esto, Zeizel aclaró que el hecho de no presentar signos visibles de desorientación ni hablar de "unicornios en la esquina" no excluye la presencia de un estado psicótico severo. Tras el ataque a los niños, Clancy intentó suicidarse arrojándose desde una ventana del segundo piso, lo que le provocó una parálisis permanente de cintura para abajo.Movilización social y apoyo internacionalEl impacto del caso ha trascendido la sala del tribunal, motivando manifestaciones masivas a las puertas de la corte. Cientos de mujeres vestidas de rosa se congregaron en Plymouth para expresar su respaldo a la acusada y denunciar las fallas sistemáticas en la atención de la salud mental materna. La movilización incluyó rezos, consignas por la visibilización de la psicosis posparto y pancartas que exigían empatía ante la tragedia médica.En las vistas más recientes, Sheila Cavanaugh, capellana del hospital psiquiátrico donde Clancy permanece internada, reveló que durante sus primeras conversaciones la mujer aludió a haber escuchado una voz que la amenazaba con que, si no obedecía sus órdenes, ni ella ni sus hijos estarían a salvo. De ser hallada culpable de asesinato, la acusada enfrenta una pena de cadena perpetua sin libertad condicional; si el jurado dictamina que no es penalmente responsable por su condición mental, será trasladada indefinidamente a un centro psiquiátrico estatal.¿Quién es Lindsay Clancy y cómo ocurrió el trágico crimen?Antes de la tragedia que conmocionó a Massachusetts, Lindsay Clancy, de 36 años, trabajaba como enfermera de partos y vivía en la localidad de Duxbury junto a su esposo, Patrick Clancy, y sus tres hijos: Cora (5 años), Dawson (3 años) y Callan (8 meses). Familiares la describían como una madre dedicada que, en los meses previos al hecho, comenzó a "suplicar ayuda" tras sufrir un severo deterioro de su salud mental marcado por la ansiedad, el insomnio y la confusión.Según la reconstrucción judicial, el 24 de enero de 2023 la mujer envió a su esposo a buscar medicamentos y retirar una cena familiar. Durante los 25 minutos que duró el recado, Clancy estranguló a sus tres hijos utilizando bandas elásticas de ejercicio y posteriormente intentó suicidarse arrojándose desde una ventana del segundo piso. Al regresar, Patrick la encontró gravemente herida antes de descubrir a los pequeños en el interior: los dos hijos mayores fallecieron el mismo día, mientras que el bebé de ocho meses murió tres días después en el hospital.En el juicio por asesinato en primer grado, la batalla legal enfrenta dos posturas irreconciliables. Por un lado, la defensa argumenta que la acusada padecía una severa psicosis posparto y actuó bajo la convicción irreal de que una voz en su mente se lo ordenaba para mantener a sus hijos a salvo. Por el otro, la fiscalía sostiene que se trató de un plan deliberado y calculado, respaldado por la sincronización precisa de los recados de su esposo y el comportamiento funcional que la mujer mantuvo esa misma mañana, cuando llevó a su hija al médico y jugó con los niños en la nieve.El proceso judicial se encamina hacia sus alegatos finales en la corte estatal. De ser hallada culpable, Clancy enfrenta una pena de cadena perpetua sin libertad condicional; si es declarada no responsable por falta de capacidad mental, será trasladada indefinidamente a un hospital psiquiátrico estatal. Su esposo declaró públicamente que la perdona, considerando que la tragedia fue consecuencia de una enfermedad devastadora y no de un acto de malicia.