Actualizado Jueves,
agosto
22:22Camino de las diez de la noche, la afici�n malague�a balanceaba sobre los hombros de su entusiasmo a Sa�l Jim�nez Fortes, con su hijo peque�o entre los brazos. Fortes hab�a tapado con su importancia, su entrega y la categor�a de su toreo una corrida de N��ez del Cuvillo que nunca la tuvo. Ni por fuera -una feota escalera- ni por dentro -sin clase ni bravura-. Confundir fealdad con seriedad es un error.Morante de la Puebla se mostr� gigante, como todo este 2026, sin el refrendo del triunfo. La peor noticia fue sentirle quejoso y renqueante tras un duro volteret�n. Urdiales por su parte bail�, para no variar, con los m�s feos de la cuvillada. Que decepcion� ante tanta expectaci�n y el primer "No hay billetes" de la Feria de M�laga.A las 19.22, Morante de la Puebla cobraba un seco volteret�n confiarse en la cara del toro cuando remataba de la serie. O, mejor dicho, al salir sin irse de la cara del toro. Qued� a merced, tendido en el ruedo, durante unos instantes eternos, con los respetables pitones del Cuvillo revoloteando como cuervos de mal ag�ero. Se levant� el maestro �ntegro y enrazado para provocar, con la muleta en su izquierda, al toro que se dorm�a, precisamente, en lo que le sobraba al torero: raza. Esa falta de empuje la hab�a marcado desde el principio, sin ser mala gente en su contado pod, pero m�s de tres no ten�a por tanda en sus momentos m�s espl�ndidos. Morante dibuj� un pr�logo de doblones con sabor que desembocaron en un pase de la firma se�orial y un cambio de mano soberano, un manojo de naturales a pulso y un pu�ado de derechazos sobre el eje de su empaque. La voltereta parti� la asentada faena y dividi� esa segunda parte m�s arrebatada, provocando la arrancada, ya digo, incluso con un zapatillazo. Enterr� una estocada pasada, momento en el que el presidente decidi�, tan puntual como inoportuno, enviar un aviso. Luego, ya no volvi� a asomar el pa�uelo pese a la considerable petici�n y los m�ritos contra�dos. MdlP salud�, dolorido, una cerrada ovaci�n.Morante, cogido por el primer toro de la tardeJorge ZapataEfeSalt� la corrida de pronto de aquel primer toro de irreprochable trap�o, con su apretado morrillo y su cabeza, a uno menor, recortado y, adem�s, sin ritmo y con ning�n estilo, embistiendo por el palillo, desfondado finalmente antes de hora. A las 19.43, Diego Urdiales cincel� un trincherazo y lo dem�s fue aguante.Sa�l Jim�nez Fortes hab�a lucido un capote de paseo de Antonio Ord��ez como homenaje a su figura en este a�o de su 75 aniversario de alternativa. Una pieza llamativamente hermosa, una reliquia del dios de Ronda. Las palabras de Fortes destellaron como los brillos dorados del capote, el oro viejo de la historia posado sobre sus hombros. Y lo cierto es que honr� la memoria del maestro una verdad ronde�a. Aquel cuvillo alt�n, largo y desgarbado, de carita sesentera s�lo contaba con un buen embroque en su movimiento de escape, y con eso arm� Fortes su homenaje. Desde la apertura de rodillas al cierre por manoletinas, los pases de pecho fueron monumentales.La derecha fue el cimiento, tan ce�ida, en ese instante de verdad que ten�a el toro antes de desentenderse. El viento molest� enormemente, enredando su izquierda, all� en los medios, antes de bascular hacia la querencia, donde un par de extraordinarios doblones firmaron el pen�ltimo cap�tulo. No atac� el volapi� con la misma fe con la que sostuvo la faena: un pinchazo y media estocada. A las 20.23, con el empuje de su M�laga, paseaba la oreja.A las 20.26 salt� el �nico cinque�o pero con su armon�a dentro de la desigual corrida de N��ez del Cuvillo, una escalera a la postre. Un minuto despu�s, Morante levantaba un monumento a la ver�nica con un solo lance, una barbaridad. Apunt� fijeza, una bondad tan cierta como su punto caminador, ese punto de venirse andando que el maestro encaj� con su valor de plomo. No tiraba el cuvillo hacia delante de su buena humillaci�n. MdlP cuaj� series por una y otra mano, especialmente por la izquierda, descomunales. M�s ajustado imposible, m�s despacio tampoco. Ni el aire pod�a con aquello. Perdi� la muleta cuando se la pis�, pero nunca la armon�a ni el querer, el sitio y la generosidad. Qued� la dimensi�n de lo que es por encima del toro. Media estocada, un descabello, una ovaci�n.No s�lo era fe�simo el quinto, sino tambi�n descoordinado. Y un cabr�n de desabridas formas. Insisto: confundir fealdad con seriedad es un error. Diego Urdiales, fiel a su mal baj�o, sorte� lo peor de lo peor. Trag� demasiado con aquellos derrotes y ese movimiento desacompasado, horrible. Lo pudo coger varias veces. No se dej� nada en el tintero y tumb� a la bestia de un espadazo como un pu�etazo.A las 21.15, Fortes brind� a Morante la muerte del sexto. Y estuvo a la altura de tal ofrenda. Consinti� el infinito a un toro que nunca se entreg�, pero se movi� y repuso. La entrega corri� a cargo del torero malague�o. Que acab� por ordenarlo y meterlo en el canasto. El bajonazo �ltimo desdijo la importancia de la faena y, por tanto, las dos orejas fueron del todo desproporcionadas. Como la puerta grande. Por ella sali� Sa�l con su hijo y el capote de Ord��ez.Plaza de la Malagueta. Jueves, 20 de agosto de 2026. Octava de feria. Lleno de "No hay billetes". Toros de N��ez del Cuvillo, un cinque�o (4�); muy desiguales, una escalera feota; sin bravura ni clase; los peores fueron 2� y 5�; sin maldad pero sin empuje 1� y 4�; 3� y 6� se movieron mucho.Morante de la Puebla,de canela e hilo blanco. Estocada pasada. Aviso (petici�n y saludos); mediaDiego Urdiales, de negro y oro. Pinchazo y estocada (saludos); estocada honda (saludos).Jim�nez Fortes, de corinto y oro. Pinchazo y media estocada (oreja); bajonazo (dos orejas). Sali� a hombros.










