Actualizado Lunes,

junio

18:38Entre el bullicio de la salida a hombros de Antonio Ferrera y la euforia que acompa�aba a los seguidores a su alrededor, una imagen simb�lica pas� desapercibida este domingo en el ruedo de Las Ventas. Y es que entre quienes sacaron en volandas al extreme�o se encontraba Miguel �ngel Silva, periodista y tambi�n -y siempre- matador de toros, protagonista junto a Ferrera de una historia de amistad, gratitud y supervivencia que se remonta 14 a�os atr�s.Fue en Hoyo de Pinares, en 2012, en un mano a mano con Jos� Garrido, en la que un astifino novillo de Adolfo Rodr�guez Montesinos le corne� de extrema gravedad. "Me parti� todo el paquete vascular, arranc�ndome la femoral desde el tronco, la safena interna y externa. Fue un destrozo, aquello parec�a un grifo de sangre tremendo". Entonces, en aquel bautismo de sangre de Silva, apareci� la figura de Ferrera, presente en la plaza, que salt� del callej�n y no dud� en actuar. "Me meti� casi el pu�o entero en la herida. Y cort� gran parte de la hemorragia. Llegu� a la enfermer�a, un quir�fano m�vil de una plaza port�til, en un estado ya de inconsciencia total y habiendo perdido much�sima sangre. Afortunadamente me operaron all� mismo y me salvaron la vida. Todos los m�dicos nos dijeron que sin la intervenci�n de Ferrera, el desenlace hubiese sido muy tr�gico", recuerda.Aquella fue una tarde marcada por el destino, ya que en un principio Ferrera, anunciado para torear en esa fecha, no iba a estar presente en la novillada. Pero un diluvi� oblig� a aplazar el festejo a otra fecha y entonces el extreme�o s� pudo acompa�ar a su entonces pupilo Garrido. El gesto de Ferrera qued� grabado para siempre en la memoria del entonces joven torero: "Desde ese d�a he tenido siempre un v�nculo muy especial, mi madre le llama �ngel de la guarda y �l despu�s lleg� a decirme que Dios le guio la mano".Una vez salvada la vida del torero, la preocupaci�n entonces se fij� en la pierna: "No ten�a pulso, los m�dicos les dijeron a mis apoderados que hab�a riesgo de amputaci�n. Decidieron trasladarme a Salamanca donde hab�a vasculares de guardia, y all� me salvaron tambi�n la pierna", recuerda Silva.Por todo eso, la de este domingo era una tarde especial y quiso vivirla en el callej�n de la plaza, cerca de su salvador, referente e �ntimo amigo. Tras cortar una oreja al cuarto toro y sabido que Paco Ure�a no iba a poder salir a torear su segundo toro, hubo un gesto entre ellos. "Cruzamos la mirada, me salud� y yo le hice as� como una reverencia. En ese momento se me vino a la mente que ten�a una deuda pendiente con �l, que aquel d�a me salv� la vida y bueno, me dije que si cortaba otra oreja saldr�a a sacarle a hombros. Se me encendi� esa luz en el coraz�n y ah� que fui".Fue una especie de arrebato, dice, pues tiene prohibido por los m�dicos coger peso debido a portar una placa dese hace tres a�os por un problema medular que le impide torear. "De hecho, soy costalero de hace muchos a�os en mi tierra y lo tuve que dejar. No sab�a si iba a poder con �l o no, entre los empujones y todo, pero yo creo que fue un momento bonito y me queda una foto que voy a guardar para siempre, como si fuera el cierre del c�rculo, de la tragedia de aquel d�a a la felicidad del triunfo juntos en Madrid".Silva, reportero en el programa Espejo P�blico de Antena 3, vivi� toda la tarde con gran emoci�n. "Ha sido la tarde m�s intensa de San Isidro por todo lo que aconteci�. Para m� Ferrera actualmente quiz�s sea el torero m�s libre de todo el escalaf�n. Su trayectoria se lo permite. Fue una tarde en ciertos momentos ca�tica, o desordenada, y en alg�n momento se lleg� a romper la l�gica y la matem�tica del toreo, pero creo que fue en pro del arte y de la pasi�n. Y Ferrera, si ha demostrado algo, sobre todo en esta �ltima etapa suya, es haber sido ser un torero irracional, apasionado y entregado a al arte, a la inspiraci�n del momento. Un revolucionario en ese sentido. Y el toro a veces necesita de figuras revolucionarias", dice, todav�a con la voz entrecortada quien este domingo llev� sobre sus hombros al hombre que, 14 a�os atr�s, le sostuvo entre la vida y la muerte.