Devoluciones para que no quede en España ni una sola de las personas que cruzaron la frontera de Ceuta entre el 30 y 31 de julio. Ni siquiera los niños. Ese es el mensaje lanzado por varios ministros del Gobierno esta última semana, en un evidente endurecimiento del tono contra la inmigración irregular tras la crisis fronteriza que mantiene bloqueada la ciudad autónoma. Y también tras la inédita presión de sus socios europeos.
El Ejecutivo, en la diana de la derecha y la ultraderecha nacional e internacional por su política migratoria y la regularización, intenta trasladar ahora un mensaje de firmeza tras el inédito colapso de Ceuta, cuyas escenas se han convertido en una oportunidad perfecta para la ola antinmigración que recorre Europa y buena parte del mundo.
Decenas de miles de personas cruzando la frontera sin control durante las primeras horas de la crisis, y cientos de migrantes durmiendo en las calles en condiciones de insalubridad los días posteriores, son ya imágenes virales que alimentan los mensajes xenófobos y conforman un caldo de cultivo propicio para la política del odio. Una espiral que el Gobierno, asediado por el reproche de la UE, por la ofensiva de la oposición y por el descontento de los ceutíes aspira a paliar con un discurso más contundente hacia las personas que deciden jugarse la vida en busca de un futuro.













