Ir al médico con dolor de espalda y que te diagnostiquen, erróneamente, ansiedad. Tener dolores menstruales y que te receten anticonceptivos, a pesar de que no está demostrado que sirvan para ello. Un diagnóstico de endometriosis que tarda en llegar una década. O una interpretación errónea de un infarto porque las mujeres no muestran los mismos síntomas que los hombres.
Esto es lo que sufren millones de mujeres cuando padecen alguna enfermedad o patología médica, como consecuencia directa del sesgo de género en la investigación y en las prácticas clínicas en la medicina. Hace unas semanas, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció un programa para tratar de corregir la infra investigación histórica y esas desigualdades que afectan a la salud de las mujeres.
Este sesgo sigue estando muy presente desde el inicio de una investigación, cuando se establecen unas preguntas a responder y unos objetivos que cumplir. “Cuando se genera la hipótesis de trabajo, se piensa en una hipótesis en hombres”, confirma María Teresa Ruiz Cantero, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Alicante. Por ejemplo, cuando se tienen en cuenta únicamente los síntomas de un infarto en hombres, olvidando cómo se manifiesta en mujeres. “Si no se piensa en que las mujeres también pueden padecer infartos, o enfermedades como la espondiloartritis o enfermedades inflamatorias intestinales, desde la hipótesis de trabajo, se las invisibiliza”, explica la experta, que además forma parte del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP).








