Son una generación que emigró, que vivió la guerra y que fue diezmada por enfermedades para las que no había fármacos ni vacunas. Una generación que trabajó la tierra sin descanso, que se alimentó con sus escasos frutos y que salió adelante con lo puesto. Y son los varones y, sobre todo las mujeres, que mayor esperanza de vida tienen en toda la historia de su territorio. Y no, los avances médicos “no son lo que más ha contribuido a la longevidad extrema” en Galicia, avanza el psicólogo y gerontólogo José María Faílde. Este profesor de la Universidade de Vigo preside la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría y dirige el Grupo de Investigación de Envellecemento e Lonxevidade en el Campus de Ourense, una de las dos provincias, junto con Soria, con mayor índice de centenarios de España. Su grupo, en colaboración con el departamento de Epidemioloxía de la Universidade de Santiago, el Instituto Galego de Estatística y ahora también con la Fundación de Medicina Xenómica de Galicia, lleva cuatro años persiguiendo el elixir, o más bien el cóctel de factores, de la extrema longevidad gallega. Y se centra en dos grandes áreas del mapa donde la prevalencia es muy alta, compartiendo podio con Martinica y Cerdeña, las llamadas “zonas azules” definidas por el demógrafo belga Michael Poulain. Son la ZEL-G Sur (Zona de Extrema Longevidad-Galicia Sur) y la ZEL-G Centro. La primera ya está acotada a 34 municipios (28 de Ourense, cinco del borde oriental de Pontevedra que linda con Ourense y uno de Lugo, también aledaño) y la segunda ha sido identificada más recientemente y todavía está “por explorar”, pero abarca desde el sur de Santiago y avanza por Lugo hasta las montañas de Os Ancares. Los resultados concretos se conocerán cuando se publiquen los próximos artículos de estos investigadores. El equipo universitario defiende las “evidencias científicas” cosechadas en su “trabajo de hormiguitas”, a través de microdatos protegidos del Instituto Nacional de Estadística y el Instituto Galego de Estatística para los que precisan permisos especiales de investigación, además del rastreo de los registros civiles para los que también necesitan autorización judicial. Una vez identificadas las personas de más de 100 años —siempre, al menos, tres veces más gallegas que gallegos, dependiendo el municipio— las visitan en sus casas, las entrevistan y les proponen tomarles una muestra de saliva, en esa búsqueda todavía incipiente de patrones genéticos y epigenéticos (los mecanismos de expresión de los genes) que ayuden a entender el fenómeno. “Estas personas llevan dentro un patrimonio de salud que hay que preservar como el patrimonio artístico”, reflexiona el director del proyecto.En su anterior trabajo sobre el tema (¿Es Galicia una posible zona azul?, Revista Española de Geriatría y Gerontología, 2025) José María Faílde, María Dapía y Miguel Ángel Álvarez-Vázquez publicaban algunas de las primeras estadísticas acerca de la extrema longevidad en España. “En números absolutos”, escribían, “cinco comunidades copan el 62,2% del total de las personas centenarias”: “Andalucía, con 2.925, ocupa el primer lugar; seguida de Cataluña (con 2.836), Madrid (2.615), Galicia (2.039) y Castilla y León (1.884)”. “Si analizamos los datos teniendo en cuenta las cifras de población y calculamos las tasas con base en 100.000 habitantes, comprobamos que dos comunidades, de la zona noroeste del territorio español, Castilla y León y Galicia, con tasas de 79,41 y 75,79 personas centenarias por cada 100.000 habitantes, ocupan el primer y el segundo puesto”, concluían, “casi duplicando la media nacional, situada en el 41,37″. En el extremo opuesto, los estudiosos situaban a la Comunidad de Murcia con 17,88 centenarios por cada 100.000 habitantes y “las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, con tasas de 27,67 y 24,65, respectivamente”. Los investigadores trabajaban entonces con datos de 2022, y Galicia ocupaba el segundo puesto en tasas de centenarios por 100.000 habitantes. Pero avisaban: “Si estudiamos la evolución de esta población desde el 2000 hasta la actualidad podemos comprobar que, a partir del 2008, Galicia experimenta un mayor crecimiento relativo que Castilla y León, mayor aceleración”. Por provincias, también en 2022, Soria y Ourense ocupaban el primero y el segundo puesto en España, “con tasas prácticamente iguales de 127,81 y 127,18 personas centenarias por cada 100.000 habitantes”. De los 2.039 centenarios censados en Galicia, 503 eran varones (24,67%) y 1.536 mujeres (75,33%), y aunque en conjunto Ourense iba por delante, llamaban la atención las altas tasas de personas centenarias en dos comarcas de Pontevedra: A Paradanta (501,89) y Deza (250,60).Camino de los 110 a finales de año, Esperanza Cortiñas está considerada hoy la abuela de Galicia. Ostenta el título desde 2025, cuando solo tenía 108, tras el fallecimiento de Lola González a los 111 en el ayuntamiento lucense de Monforte. Cortiñas vive en la ciudad de Ourense, pero nació en Carballedo (Lugo), uno de los municipios gallegos con más prevalencia centenaria, el 3 de diciembre de 1916, en plena Primera Guerra Mundial. Estos días de calor no frecuenta, como es su costumbre, el centro sociocomunitario de la Rúa Concello, donde lleva años jugando a la brisca por las tardes de lunes a sábado y acudiendo al baile, muy acicalada y con tacones, todos los domingos. Cortiñas enviudó todavía joven, con tres hijas a su cargo, y emigró a París. Le gusta tomar a diario un chupito de licor café y cree que su longevidad está relacionada con su gusto por el trabajo, la actividad física y mental y el afán por conocer mundo.Esta actividad física sostenida en el tiempo, que en el caso de los ancianos de zonas rurales se prolonga “hasta el final”, es una de las claves de la longevidad extrema que apunta Faílde. Otros elementos que se repiten en esa suerte de resiliencia vital son “los vínculos sociales”, los climas moderados, el optimismo y “los niveles bajos de estrés”. “Hoy hay muchísimos gimnasios, pero mucho sedentarismo, y se consumen muchos alimentos procesados”, contrasta, “algo que no existía en el modo de vida tradicional” de las personas centenarias. Además, añade, la sociedad actual propicia las “relaciones superficiales” mientras gana terreno la “soledad no deseada”, sobre la que ya “existen estudios” que dicen que “acorta la vida” en más de una década. La tendencia a las vidas muy largas, por lo que van observando estos investigadores en ancianos que hoy transitan por la década de los 90 años, puede sostenerse “durante los próximos 15 años”, estima el director del equipo.Pero uno de los hechos que más llama la atención es el de que todos estos municipios con alta concentración de centenarios sean territorios de media montaña, alejados de la costa. “Hemos encontrado investigaciones que relacionan la altitud con la longevidad”, cuenta el profesor de la Universidade de Vigo: “El síndrome metabólico es más prevalente por debajo de los 200 metros, pero habitar entre los 400 y los 900 metros de altitud sobre el mar puede causar una hipoxia leve, que activa un mecanismo de defensa celular”.Cuando se le pregunta a Faílde cómo influye el hecho de vivir soltero o en pareja, no duda ni un segundo en la respuesta. En el caso de los varones, “ayuda vivir en pareja”. Pero esa evidencia no se ha definido en las mujeres. La gran mayoría, entre las personas que superan los 100 años son, en realidad, viudas.