El estudio de 160 ancianos con más de un siglo de vida incluye a algunos de los humanos más viejos del planeta

La esperanza de vida en los países más longevos, como Japón, Italia o España, ronda los 84 años. Pero hay personas que viven otros treinta más. La española María Branyas, por ejemplo, superó los 117. Son los supercentenarios. Y no solo viven más, sino que, como sucedió con la catalana, rara vez llegan al final con problemas cardiorespiratorios, alzhéimer o cáncer y solo con los achaques propios de una edad tan avanzada. La ciencia busca en ellos el elixir de su extrema longevidad desde muchos frentes.

Pero a los científicos les faltaba por cubrir el flanco sur. La práctica totalidad de los estudios se han realizado con poblaciones del llamado primer mundo, desarrolladas, con acceso a los servicios de salud y genéticamente más homogéneas. Ahora, se empiezan a conocer los primeros resultados de un trabajo en Brasil, un país no tan desarrollado, con un escaso acceso a la medicina moderna para buena parte de la población y con un enorme mestizaje genético. Y sorprendentemente, con un gran número de centenarios y un buen número de supercentenarios.

Investigadores del Centro de Investigación del Genoma Humano y Células Madre de la Universidad de São Paulo han reunido la mayor muestra de personas que han superado los cien años (ya llevan 160 y contando), entre ellos una veintena de supercentenarios, con edades de más de 110 años. Han obtenido o están obteniendo datos de su genética y epigenética, análisis moleculares y celulares, además de información sobre sus antepasados, hábitos de conducta y condiciones de vida. En el estudio están analizando todos los datos de la monja Inah Canabarro, que fuera la mujer más longeva del planeta durante un tiempo con 116 años, hasta su fallecimiento en la primavera pasada. El trabajo también incluye a los dos hombres de mayor edad del globo aún vivos, ambos con 112 años.