A veces Dolores necesita que su hija le acerque las preguntas hasta donde el o�do todav�a alcanza. Pero basta con empujar la conversaci�n unas cuantas d�cadas hacia atr�s para que vuelva la rapaza. La que estudi� piano, la que iba a bailes y la que rara vez regresaba sola a casa. "Eu tiven tres noivos, eh", anuncia mientras se acomoda el pa�uelo azul sobre las rodillas. Los nombres afloran enseguida con una facilidad que desarma. "Luis Charro... Ernesto L�pez". El tercero se resiste un poco m�s. Dolores rebusca. Frunce el ce�o. Su hija sonr�e y le tiende la mano. "�Y aquel famoso?". Entonces suelta una risa peque�a, de muchacha sorprendida en una travesura. "�Benito Villamar�n? Nada, nada. Ese fue novio y nada m�s". Y durante unos segundos cuesta encontrar a la mujer de 105 a�os sentada en el sal�n de su casa de Ribeira, en La Coru�a.Como ella, m�s de 1.500 gallegos han superado ya la barrera del siglo. Un selecto club de hombres y mujeres que ha llevado a la Xunta a anunciar la creaci�n de un registro de centenarios para intentar desenredar las claves de una de las generaciones m�s longevas de Europa.Aunque todav�a se encuentra en una fase preliminar, un estudio que la Sociedad Gallega de Gerontolog�a y Geriatr�a publicar� pr�ximamente, apunta ya a varios rasgos comunes entre quienes alcanzan la extrema longevidad: una actividad f�sica constante, una alimentaci�n basada en productos de proximidad, fuertes v�nculos familiares y comunitarios y una extraordinaria capacidad para sobreponerse a las adversidades."Estamos hablando de personas que atravesaron una guerra civil, una dura posguerra, �pocas de escasez y toda clase de dificultades. Si hay un rasgo que comparten quienes han alcanzado los cien a�os es su capacidad para adaptarse a cualquier circunstancia, algo que las convierte en la aut�ntica generaci�n de la resiliencia", revela Jos� Manuel Fa�lde, presidente de la entidad y responsable de la investigaci�n.Patrimonio de la saludSeg�n explica, muchos de estos rasgos aparecen especialmente acentuados en el norte de Espa�a y, con especial intensidad, en una Galicia que durante buena parte del siglo XX fue mayoritariamente rural, formada por peque�as aldeas dispersas donde "los niveles de estr�s eran menores" y mantenerse ocupado formaba parte de la vida cotidiana. "Los centenarios tienen en s� un aut�ntico patrimonio de salud. Igual que protegemos nuestro legado art�stico o cultural, debemos estudiarlos para entender qu� les ha permitido llegar hasta aqu� y qu� podemos aprender de ellos", defiende.Jos� Fern�ndez (101) rememora d�cadas de trabajo en el mar.De resiliencia sabe bastante Jos� Fern�ndez (101), que cruza sin ayuda el pasillo de su casa y todav�a recita de memoria los nombres de bajos y pe�ascos con los que durante d�cadas se orient� en el mar. Pas� media vida embarcado en un oficio familiar que define como "esclavo" -"yo habr�a preferido cualquier otra cosa, incluso ser cura"- y que le curti� entre temporales. Quiz� por eso, cuando se le pregunta por la f�rmula m�gica, se encoge de hombros. "Alimentos buenos, sentidi�o y, voy a decir la verdad, gracias a los m�dicos", confiesa.Porque no se trata solo de alcanzar la meta, sino de llegar con el menor desgaste posible. Cristina Margusino, m�dica rural y presidenta de la asociaci�n sobre longevidad Ourensividad, explica que las patolog�as m�s frecuentes entre los centenarios son la hipertensi�n, la diabetes tipo 2 o el colesterol elevado. Sin embargo, en un estudio realizado por su equipo hubo algo que llam� especialmente la atenci�n: la cantidad de personas que alcanzaban esas edades sin patolog�as que requiriesen tratamiento."Cerca de uno de cada cinco entrevistados pertenec�a al grupo de los llamados escapados y retrasadores, quienes lograron esquivar las dolencias m�s comunes o retrasarlas hasta edades muy avanzadas", explica. Y aunque no aparece en ninguna historia cl�nica, se�ala que "la soledad sigue siendo uno de los grandes enemigos del envejecimiento saludable".Manuel Fern�ndez (100) juega una partida de escoba junto a su hijo.De hecho, ninguno de los centenarios entrevistados por EL MUNDO estaba solo. Manuel Fern�ndez (100) ha vivido siempre rodeado de los suyos en Agui�o (La Coru�a), sigue saliendo a pasear acompa�ado por su hijo y todav�a disfruta de las partidas de cartas, aunque en casa aseguran entre risas que mantiene la costumbre de hacer "alguna trampa para ganar". Flora Matilde V�zquez (99), por su parte, reside en un centro de mayores despu�s de varias ca�das, pero recibe la visita diaria de su hijo, que la acompa�a a las consultas m�dicas, da largos paseos con ella y se ha convertido en su principal apoyo. "Me da todos los caprichos que quiero", resume.Y quiz� ah� se esconda otra de las claves. En una comunidad que concentra algunas de las mayores tasas de longevidad y donde algunas zonas del interior rivalizan con referentes mundiales como Okinawa (Jap�n) o Icaria (Grecia), cada vez son m�s los investigadores que intentan comprender este fen�meno. Galicia, mientras tanto, contin�a protegiendo uno de sus patrimonios m�s valiosos: sus centenarios.Paradoja espa�olaAunque el estilo de vida resulta decisivo, la biolog�a tambi�n deja su huella. Las mujeres duplican a los hombres entre quienes logran superar el siglo de vida y, seg�n el Instituto Gallego de Estad�stica (IGE), su esperanza de vida alcanz� en 2024 los 86,83 a�os, frente a los 81,19 de los hombres. "Los estr�genos protegen las mitocondrias, las peque�as centrales energ�ticas de nuestras c�lulas y ayudan a frenar parte del desgaste asociado al envejecimiento. Esa ventaja hace que las mujeres envejezcan m�s despacio y, en general, vivan m�s a�os, aunque tras la menopausia parte de esa protecci�n desaparece", explica Consuelo Borr�s, catedr�tica de Fisiolog�a de la Universidad de Valencia.Flora Matilde V�zquez (99) pasea acompa�ada por su hijo.Para la investigadora, esa diferencia biol�gica no eclipsa la principal lecci�n que dejan los centenarios. "Los estudiamos no solo porque viven mucho, sino porque son un ejemplo de envejecimiento saludable. Cuando la mayor�a de la poblaci�n alcanza su esperanza de vida, ellos suelen haber superado las enfermedades m�s frecuentes y mantienen una buena calidad de vida. Eso es lo que todos querr�amos conseguir".Preguntada por si las generaciones actuales podr�n llegar tan lejos, Borr�s evita cualquier receta milagrosa. Advierte de que nuestro pa�s empieza a enfrentarse a lo que los investigadores denominan la "paradoja espa�ola": uno de los territorios m�s longevos del mundo est� abandonando precisamente muchos de los h�bitos que le permitieron alcanzar esa posici�n. La dieta tradicional pierde terreno frente a los ultraprocesados, las ciudades sustituyen el contacto cotidiano con la naturaleza, el estr�s gana espacio y las relaciones sociales se vuelven cada vez m�s virtuales. Pese a ello, rechaza el pesimismo. Cree que la propia sociedad est� empezando a reaccionar y cada vez existe una mayor conciencia sobre la importancia de envejecer bien. "No hay que obsesionarse con llegar a ser centenario. Lo importante es incorporar poco a poco h�bitos saludables hasta convertirlos en parte de la rutina. Si empiezas por uno tan sencillo como el ejercicio, lo m�s probable es que termine llev�ndote a todos los dem�s: comer mejor, descansar mejor, controlar el estr�s, relacionarte m�s y mantenerte activo".