Ando este ferragosto por la Alpujarra, algo más fresquito que en el resto de Andalucía, al menos a la sombra y por las noches. El caso es que, en la tarde del martes, cuando el sol se ocultaba tras la ladera septentrional del barranco del Poqueira, salí a regar las plantas y una vecina que paseaba a su perro se detuvo a saludarme. Conversamos un rato sobre lo local y lo universal, desde el turbador asesinato de varios gatos asilvestrados en nuestro barrio hasta la posibilidad de comprar gafas para el eclipse solar en la farmacia de Capileira, pasando por el delirio hispanofóbico de Meloni ante la crisis de Ceuta. Llevábamos así unos minutos, mencionando disparate tras disparate, cuando la vecina concluyó con esta sabia sentencia: “Mira, Javier, en este mundo ya no cabe un idiota más”.

Escribo este artículo horas antes del eclipse solar y, sí, intentaré verlo provisto de mis correspondientes gafas ISO 12312-2 adquiridas en la farmacia de Capileira. Pero les confieso que no estoy tan excitado por este evento astronómico como parecen estarlo la mayoría de los habitantes del planeta y, sobre todo, la totalidad de los medios de comunicación. Comparto lo escrito aquí por Isaac Rosa: no quiero ser un aguafiestas, suspenderé lo que esté haciendo, subiré a mi terraza y me pondré las gafas a ver de qué va la cosa. Básicamente porque no quiero pasarme el resto de mis días teniendo que contar que me perdí por afán de rareza una experiencia tan insólita, tan mística, tan mágica y todo eso.