Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma (Teenage Sex and Death at Camp Miasma, Estados Unidos/2025). Dirección y guion: Jane Schoenbrun. Fotografía: Eric K. Yue. Edición: Graham Mason. Elenco: Gillian Anderson, Hannah Einbinder, Patrick Fischler, Jack Haven, Zach Cherry, Dylan Baker. Duración: 112 minutos. Calificación: R-17 (Restringida). Nuestra opinión: muy buena. Jane Schoenbrun convirtió la relación entre identidad y cultura popular en el centro de sus dos primeras películas. En We’re All Going to the World’s Fair (2021), estrenada en la plataforma MUBI, una adolescente encuentra en los juegos de rol online un espacio donde ensayar otra versión de sí misma, mientras que en Vi el brillo del televisor (2024), incluida en la oferta de Flow y Claro Video, dos jóvenes descubren en una serie fantástica de televisión algo parecido a una vida alternativa. Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, su tercer largometraje, prolonga esa exploración, aunque esta vez desde una estética mucho más reconocible: el slasher (films de terror en los que, generalmente, un asesino serial mata adolescentes con armas blancas). De la mano de este popular subgénero, Schoenbrun llegó hasta la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2026, donde terminó ganando la Queer Palm.Hannah Einbinder interpreta a Kris, una cineasta independiente de 29 años contratada para resucitar Camp Miasma, una franquicia de terror venida a menos después de varias secuelas mediocres. El encargo tiene algo de trampa: los estudios quieren actualizar un material que ahora resulta incómodo por su tratamiento de la identidad de género sin renunciar a explotar comercialmente su condición de propiedad intelectual popular. Las imágenes de la saga Campamento Miasma recuerdan la estética del slasher de los 80 Kris, que vio obsesivamente la película original cuando era joven, decide localizar a Billy Presley (Gillian Anderson, de muy buen trabajo), la actriz que interpretaba a la final girl (la superviviente que se enfrenta cara a cara con el asesino en el tramo final de la historia) de aquella primera entrega y que lleva décadas apartada de la industria. El encuentro entre ambas transforma progresivamente lo que parecía en los primeros minutos una sátira sobre Hollywood en una historia de deseo, fascinación y creación artística.Schoenbrun, directora neoyorquina y activista no binaria, conoce demasiado bien las reglas del género como para limitarse a parodiarlas. El slasher clásico edificó buena parte de su mitología alrededor de adolescentes que tenían sexo y poco después morían violentamente, mientras la final girl sobrevivía para enfrentarse al asesino. Schoenbrun trabaja precisamente sobre esa tradición, pero trastocando algunos de sus conceptos centrales. Gillian Anderson da vida a la final girl de la saga, ahora recluida en el campamento que fue la locación de la primera películaAquí el sexo ya no aparece como la transgresión que conduce al castigo. El acercamiento entre Kris y Billy funciona en realidad como otra forma de conocimiento. Kris es capaz de elaborar sofisticadas teorías sobre identidad, representación y cine, mientras Billy parece interesada sobre todo por experiencias mucho más elementales: el cuerpo, el deseo, los fluidos, el placer... Entre las dos se establece un vínculo que convierte la atracción sexual en parte del proceso mediante el cual Kris intenta comprenderse a sí misma. Incluso el nombre del asesino de la franquicia, Little Death, juega con la expresión francesa la petite mort, tradicionalmente asociada al orgasmo.La película tampoco intenta reproducir desde el realismo un slasher de los 80. Schoenbrun reconstruye el recuerdo que alguien puede conservar de aquellas películas después de haberlas descubierto demasiado joven en televisión o VHS. Fondos artificiales, perspectivas deformadas, efectos deliberadamente rudimentarios y enormes cantidades de sangre convierten al relato en un territorio marcado por la memoria y la alucinación. En ese sentido, la directora completa lo que Cannes ha presentado como su “trilogía de las pantallas”: después de Internet y la televisión, el cine aparece ahora como otra máquina capaz de fabricar identidades.CineCríticasQué sale
Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma: terror, alucinación y el cine como máquina capaz de fabricar identidades
Protagonizada por Gillian Anderson y Hannah Einbinder, llega a los cines argentinos esta película premiada en el Festival de Cannes que reinventa con ingenio el explotadísimo subgénero slasher de los 80












