0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialY entonces, cuando faltaban unos pocos minutos para las ocho y media de la tarde, en lo alto de la montaña de Montjuïc, todos nos quedamos obnubilados, sumidos y envueltos por unos momentos en una onírica tiniebla, en una espesa oscuridad que no era negra, en una oscuridad de otro mundo que hasta ahora nunca habíamos visto... Hasta los más escépticos tuvieron que reconocer que esto que pasó este miércoles fue mucho más que un súbito atardecer. De verdad, fue una sorpresa.Y de repente las parejas quisieron besarse, los amigos se abrazaron entre vítores y aullidos y los padres dijeron a sus hijos ¿no te dije que merecía la pena, que todo esto iba a ser muy especial? y los críos de repente ignoraron las pantallas de sus teléfonos. Aquí, en Montjuïc, bajo este eclipse, por unos momentos, miles de personas se sintieron unidas en una experiencia colectiva, en una inesperada comunión. Hasta los pájaros quisieron formar parte de todo esto. Luego, otra vez enseguida, la realidad recuperó su tono habitual y la gente tomó el camino de sus vidas de siempre, con ese paso acelerado que uno siempre coge camino de la parada del autobús. Pero por unos momentos...Aquello parecía una fiesta de pueblo de verano, pero luego el fenómeno nos obnubiló a todosLa verdad es que a media tarde la montaña barcelonesa tenía un aspecto mucho más dominguero, con ciertos aires de playa en Benidorm. Los vecinos de esta ciudad, sean de donde sean, siempre se entregan con fervor a cualquier propuesta de ocio gratuita. Y si encima te la montan como quien dice al ladito de casa... Así que unos cuantos miles de personas tomaron las laderas de Montjuïc. Unos bien dispuestos a contemplar el espectáculo y otros pues para pasar el rato.Al final a la gente le gustó el eclipse más de lo que esperabanPol Cartie/ShootingLos más previsores tomaron las en teoría las mejores posiciones para no perder detalle, principalmente por los alrededores del Castell, resistiendo los virulentos rayos del astro rey con sombreros de explorador, con neveritas portátiles bien atestadas, con esos cachorros de aire frío que tanto se ven este verano, con sillas de playa y montaña de esas que marcan la diferencia –ninguna de esas a raya azules donde se hunden los traseros–. “Aquí delante no te vayas a poner ¿eh?”.Unos vinieron mucho mejor preparados que otrosPol Cartie/ShootingEn muy poco tiempo las colas de los baños y los chiringuitos se tornaron espectaculares. No pocos preguntaban dónde podían comprarse unas gafas homologadas. La cobertura cayó y sin Google Maps muchos pensaron que nunca más volverían a encontrarse con sus amigos. Dotación extra de barrenderos municipales. Aires de fiesta de pueblo de verano en franja horaria familiar. Los picnics que se montan los franceses merecen un reconocimiento especial: vino blanco, rollitos de carne, varios tipos de queso...La gente encontró espacio en los lugares más inesperadosPol Cartie/ShootingY los que llegaron más tarde con un par de latas de cerveza ya calientes vieron que todos los miradores estaban ya del todo atestados, que ni siquiera se podían acercar... Así que muchos se perdieron por las laderas de la montaña, buscando un ángulo imposible, desplegando el pareo en cualquier claro... Y de repente descubrimos que en este país una barbaridad de cuñados también entienden de astronomía. “Aquí no vamos a ver nada, ya te lo digo yo”. En los momentos previos al fenómeno de marras más de un asistente tiene cara de haberse ya arrepentido de venir aquí. Otros se abstraen del jolgorio y dicen que sí, que van viendo algo...Y poco a poco la gente se va embelesando... Y entonces, de repente, ocurrió... ¿y el año que viene hay otro?Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.
Eclipse colectivo en Montjuïc
Miles de barceloneses toman su montaña y viven una inesperada experiencia comunitaria














