Los habitantes de los pueblos son los m�s afectados por las llamas, pero las zonas tur�sticas y urbanizaciones de grandes ciudades est�n cada vez m�s amenazadas.Los incendios que devoran nuestros montes se alimentan de dos tipos de combustible. En primer lugar, la biomasa vegetal acumulada tras d�cadas de abandono de la gesti�n forestal, consumida por las llamas en cuesti�n de horas, o minutos, bajo las condiciones adecuadas.El segundo son los mitos arraigados en el imaginario urbano: falsas creencias acunadas socialmente que avivan las llamas al impedir, o dificultar, la adopci�n de medidas que frenen los incendios.El reciente informe de la Real Academia de Ingenier�a (RAI), El problema de los incendios forestales en Espa�a: tendencias, impactos y mitigaci�n, intenta poner luz sobre la confusi�n p�rica. Abordamos cinco de los mitos m�s extendidos a partir de los datos de este informe.Uno de los m�s extendidos son los incendios como cuesti�n que no incide en la sociedad urbana. Los habitantes de los pueblos son los m�s afectados por las llamas, pero las zonas tur�sticas y urbanizaciones de grandes ciudades est�n cada vez m�s amenazadas. Aumentan las muertes prematuras en pacientes con patolog�as previas como causa de la inhalaci�n de humos, con estimaciones de m�s de 1.000 fallecimientos prematuros en 2025. Otro ejemplo: durante 2025, la circulaci�n ferroviaria entre Madrid y Galicia estuvo cortada por los incendios. Es un problema de salud p�blica que afecta a la econom�a, como la contaminaci�n de los acu�feros que abastecen a las ciudades por la infiltraci�n que sigue a las primeras lluvias.Otro muy extendido afirma que el problema de los incendios se soluciona con m�s medios. La realidad es al rev�s, un aumento desproporcionado de los medios de extinci�n agrava el problema pues distrae recursos de la gesti�n del combustible vegetal que generar�a rentas en el medio rural. No podemos doblegar las leyes de la f�sica: llega un momento en el que la carga de vegetaci�n es tan elevada que las llamas son inextinguibles y el agua descargada por los aviones se evapora antes de aterrizar. Necesitamos medios para la extinci�n, por supuesto, y que los bomberos forestales disfruten de buenas condiciones laborales, sin lugar a dudas. Pero esfuerzos f�tiles si no se gestiona el territorio. El �rea quemada crece porque, aunque tenemos m�s medios, hay mucho m�s combustible.Otro bulo es la falta de recursos para la gesti�n del territorio. El campo se abandon�, entre otras razones, por la escasa rentabilidad de las explotaciones agrarias y, por tanto, se considera que no sale a cuenta invertir en lo forestal. Cada euro gastado en gesti�n del combustible ahorra cuatro por las p�rdidas derivadas de los incendios. Gestionar el territorio es m�s barato que apagar incendios. Aunque resulte una obviedad, necesitamos madera y papel higi�nico. Contribuimos al desarrollo rural y a gestionar el problema si consumimos recursos de proximidad. La madera o las le�as son materiales con una huella de carbono m�s baja que el hormig�n o el gas. Gestionando el monte contribuimos a la mitigaci�n del cambio clim�tico.Entre los bulos m�s extendidos est� la inflamabilidad de los pinares de repoblaci�n, o de los eucaliptales ex�ticos, objeto de doble bulo cuando se les tacha de invasores. Los datos no se dejan impresionar y muestran que lo que m�s arde son los matorrales y que la proporci�n del �rea quemada en robledales y encinares crece, como los casta�ares de Las M�dulas o la laurisilva gomera. El fat�dico incendio de Los Gallardos se propag� por espartales. Los incendios se ceban en �reas protegidas y aumenta el riesgo para la poblaci�n que vive en ellas, o cerca. Las repoblaciones se vuelven m�s inflamables cuando se abandonan, o cuando el matorral las invade, pero no cuando se gestionan. Resulta imprescindible controlar el combustible en las cada vez m�s inflamables �reas protegidas.El quinto y �ltimo mito es el de los pir�manos. La principal causa de ignici�n de los megaincendios, los de m�s de 10.000 ha, est� en los rayos en tormentas secas y nocturnas. Debemos continuar con las campa�as de conocimiento forestal, y el c�digo penal debe de ser implacable con los incendiarios, por accidente, negligencia o provocado. Pero no podemos confundir la gesti�n del problema con chivos expiatorios. La causa de la ignici�n es importante, pero debemos centrar nuestra atenci�n en la causa de la propagaci�n: el estado del combustible y el cambio clim�tico. Cambiar las concentraciones de CO2 atmosf�rico no est� a nuestro alcance, solo nos queda el combustible.Para abordar el problema de los incendios forestales, el informe de la RAI propone un Pacto de Estado para proteger a las personas, gestionar el territorio, en la educaci�n y en la buena informaci�n, para poner fin a los piromitos. Solo as� lograremos coexistir con unas llamas que escapan del control.Victor Resco y Luis Gil, Real Academia de Ingenier�a
Cinco bulos sobre incendios que avivan las llamas
Los incendios que devoran nuestros montes se alimentan de dos tipos de combustible. En primer lugar, la biomasa vegetal acumulada tras d�cadas de abandono de la gesti�n forestal,...







