España es un país con muchísima interfaz urbano-forestal. Esto quiere decir que hay muchas viviendas en contacto íntimo con el monte lo que las convierte —a ellas y sus habitantes— en muy vulnerables a las llamas de los incendios forestales.

Un territorio con estas características y especialmente expuesto a los incendios agravados por el cambio climático necesita gestionar este riesgo aumentado. “Todos tenemos que corresponsabilizarnos y los que viven en la interfaz todavía más”, reflexiona la catedrática de la Universidad Politécnica de Catalunya y experta en riesgo e incendios, Elsa Pastor Ferrer.

El biólogo del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (Creaf), Josep María Espelta, añade que “queda camino por recorrer y quizá una parte especialmente importante es la autoprotección: ser proactivo es un elemento clave sobre el que todavía no hemos encontrado una solución óptima”. Al hablar de ser proactivo se refiere –cuenta— “tanto a las medidas que adoptar en los terrenos y viviendas como a saber qué hacer frente a un incendio”.

No hay más remedio que entender esta situación porque ha venido para quedarse y somos nosotros los que tenemos que adaptarnos

Elsa Pastor Ferrer