�Cuando uno tiene un huerto, sabe que tiene que cuidarlo, que tiene que trabajarlo y protegerlo. El monte no es un huerto ni un jard�n, pero tambi�n tenemos que gestionarlo e intervenirlo porque no hacerlo supone dar alas a incendios tan terribles como este�. Aunque todav�a queda mucho por dilucidar sobre lo ocurrido en el tr�gico incendio de Los Gallardos, Ver�nica Rodr�guez Vicente, doctora en Ingenier�a de Montes y especialista en gesti�n y ordenaci�n forestal, tiene claro que tras la rapidez con la que se propagaron las llamas -algunas estimaciones hablan de 100 metros por minuto- hay un c�ctel que mezcla unas condiciones de temperatura, viento y humedad id�neas para el fuego con una vegetaci�n que ha crecido y se ha expandido sin ning�n control.Seg�n esta especialista, en los �ltimos a�os estamos viendo incendios de caracter�sticas y virulencia excepcionales por dos razones principales: �Unas condiciones clim�ticas mucho m�s extremas y unos entornos forestales que cada vez son menos objeto de gesti�n�. Las zonas de monte son cada vez m�s extensas, entre otras cuestiones por el progresivo abandono de tareas de Agricultura y Ganader�a extensivas, aclara Rodr�guez Vicente. Y, sin embargo, en general no se presta la atenci�n que se merece a esa vegetaci�n en expansi�n, lamenta.�Si el monte avanza en condiciones extremas, lo que provoca una mayor carga de combustible vegetal y, a la vez se dan las condiciones adecuadas para que se produzcan m�s incendios, el c�ctel est� servido�, subraya esta doctora en Ingenier�a de Montes, quien hace hincapi� en que este colectivo de profesionales lleva a�os reclamando que la gesti�n y la ordenaci�n forestal sean una prioridad estatal. Entre otras cuestiones, para prevenir cat�strofes como la ocurrida en Almer�a.�Una buena gesti�n forestal es garant�a de menor intervenci�n en extinci�n de incendios�, remarca. Es imprescindible hacer una buena gesti�n de los montes, pero tambi�n es fundamental la ordenaci�n del territorio, de forma que la combinaci�n de distintos usos forestales permita interrumpir y romper la continuidad del combustible vegetal -las zonas de vegetaci�n- �tanto de forma horizontal como vertical�, explica Rodr�guez, quien pone un ejemplo aclarador: �Si existe una masa de �rboles, como un pinar, es necesario separarla con una v�a o una pista forestal, de forma que pueda romperse la continuidad y realizar una intervenci�n si es necesario�.Sin embargo, aunque existen diferencias entre las distintas zonas de Espa�a, desafortunadamente muchas veces �lo que nos encontramos es un territorio forestal que es fruto del abandono, es monte que de forma natural ha ido avanzando, sin pr�cticamente ninguna intervenci�n�, apunta. En ese sentido, reclama una apuesta por una pol�tica forestal nacional. �Necesitamos un pacto de Estado de pol�tica forestal y no parches a corto plazo que no sirven para abordar el problema�, reivindica Rodr�guez.Para saber m�sLa misma reclamaci�n la hac�an hace unos d�as los autores de un informe de la Real Academia de Ingenier�a, que advert�a de que aunque el n�mero de incendios que se producen en Espa�a ha disminuido en los �ltimos a�os, lo que ha crecido alarmantemente son sus dimensiones y su intensidad. As�, el organismo calcula que en los a�os 2022 y 2025 se superaron las 300.000 hect�reas quemadas, unas cifras que no se registraban desde finales del siglo pasado. En 2025, los fuegos que se declararon en la pen�nsula liberaron tanta energ�a como la que genera en un a�o un reactor nuclear de 1.000 megavatios, subraya el documento, que insiste en que �por cada 2.700 hect�reas consumidas por las llamas, la energ�a liberada equivale a la potencia de la bomba nuclear de Hiroshima�.El texto habla de �la nueva era de megaincendios en Espa�a�, recordando que cinco de los 10 mayores incendios registrados en Espa�a desde 1968 han tenido lugar despu�s del a�o 2022.El informe tambi�n destaca que, aunque la mayor�a de los fuegos siguen estando provocados por la actividad humana, los rayos son ya la principal causa de esos megaincendios que complican las labores de extinci�n. Adem�s, el texto tambi�n concluye que el principal combustible que arde en estos fuegos no son eucaliptales o pinares, sino la acumulaci�n de matorrales y otro tipo de vegetaci�n que crece sin ning�n control.No obstante, para Fernando Ojeda, catedr�tico de �rea de Bot�nica de la Universidad de C�diz y responsable del grupo de investigaci�n Funci�n, Ecolog�a y Biodiversidad en Ecosistemas Mediterr�neos en el Instituto de Investigaci�n Vitivin�cola y Agroalimentaria (IVAGRO), tanto en este incendio de Los Gallardos como en otros fuegos previos no han sido los espartales o los tomillares lo que m�s han contribuido a la propagaci�n del fuego. En su opini�n, si bien la mayor�a de vegetaci�n de la zona almeriense afectada por el incendio que ya ha dejado 12 fallecidos est� compuesta por este tipo de vegetaci�n semi�rida, en la expansi�n del fuego ha intervenido la existencia de pino carrasco en la zona.�Muchas zonas se han forestado para evitar la desertificaci�n y se han creado formaciones forestales de pino m�s vistosas que los espartales pero que arden con much�sima facilidad�, se�ala.�Desde mi punto de vista, adem�s de este escenario de cambio global que sufrimos, estamos recogiendo lo que se sembr� en la segunda mitad del siglo XX, con una forestaci�n que favorece que el fuego avance r�pido y con grandes llamas�.En ese sentido, el catedr�tico recuerda, ya pensando en la futura recuperaci�n de la zona, que un paisaje sin �rboles tambi�n puede ser un ecosistema funcional y saludable. �La flora arrasada no es igual a muerte. Esa buena intenci�n que tiene la gente despu�s de un fuego de ir a plantar �rboles supone subestimar a la naturaleza�, subraya Ojeda, haciendo hincapi� en que los matorrales no son monte sucio ni etapas de la vegetaci�n degradadas, sino valiosos reservorios de biodiversidad que no deben forestarse artificialmente� y en cuyo ecosistema tambi�n interviene el fuego.Eduardo Rojas, ingeniero forestal y profesor de la Universitat Polit�cnica de Val�ncia, recuerda que Espa�a es hoy en d�a un pa�s con mucha m�s vegetaci�n de la que hab�a hace 80 o 90 a�os. �Cuando uno ve fotograf�as de la Guerra Civil puede comprobar que hab�a una gran deforestaci�n en esa �poca. Se ha recuperado mucho bosque y a d�a de hoy tenemos m�s bosques que Alemania, Francia o Italia, lo cual tiene muchas cosas positivas. Pero hay que tener en cuenta que esa biomasa genera un riesgo y, por tanto, ese territorio debe gestionarse". Todas las actuaciones contra las incendios, contin�a Rojas, se han centrado en la extinci�n, "no se ha abordado el estado del paciente, en el hecho de c�mo est�n los montes y el territorio en general", subraya. Y es ah� donde hay que actuar, recuerda. Por ejemplo, eliminando vegetaci�n muerta, generando espacios en masas de �rboles, desbrozando, favoreciendo la implantaci�n de ganader�a extensiva en algunas zonas, usando cultivos como la vid que pueden servir de cortafuegos naturales...
Los expertos advierten de los problemas de la gesti�n del monte: "El territorio forestal es fruto del abandono"
«Cuando uno tiene un huerto, sabe que tiene que cuidarlo, que tiene que trabajarlo y protegerlo. El monte no es un huerto ni un jard�n, pero tambi�n tenemos que gestionarlo...














