Mauricio Facio LinceActualizado Martes,

agosto

11:50Colombia cuenta, desde 1998, con una normativa de construcci�n sismorresistente que signific� un enorme avance para la prevenci�n y la reducci�n del riesgo de desastres. La existencia de esta norma ha permitido que buena parte de las edificaciones construidas durante las �ltimas d�cadas incorporen criterios t�cnicos destinados a proteger la vida de sus ocupantes frente a eventos s�smicos.Sin embargo, una norma, por rigurosa que sea, no puede transformar de manera inmediata el parque construido de un pa�s.Colombia tiene millones de edificaciones construidas antes de la entrada en vigencia de la normativa sismorresistente. Algunas tienen varias d�cadas de antig�edad y fueron levantadas bajo est�ndares t�cnicos muy diferentes a los actuales. A esto se suma una realidad mucho m�s compleja: el crecimiento informal de nuestras ciudades.Como ocurre en buena parte de Am�rica Latina, las ciudades colombianas han crecido bajo enormes desigualdades sociales y econ�micas. La necesidad de acceder a una vivienda ha llevado a millones de familias a construir de manera progresiva, muchas veces sin acompa�amiento t�cnico, sin dise�os estructurales adecuados y, en algunos casos, sin cumplir las normas urban�sticas y de construcci�n. La informalidad urbana no es solamente un problema de planificaci�n: tambi�n es un factor determinante de vulnerabilidad frente a los desastres.Por eso, cuando ocurre un terremoto, no basta con preguntarnos cu�l fue su magnitud, su profundidad o la intensidad con la que se sinti�. Hay otro factor que puede resultar determinante: la duraci�n del movimiento s�smico.En el evento ocurrido este lunes, la duraci�n del se�smo fue particularmente relevante. Una edificaci�n puede soportar determinados niveles de aceleraci�n, pero permanecer sometida durante un tiempo prolongado a movimientos repetitivos incrementa las exigencias sobre sus elementos estructurales y puede llevar al l�mite -o superar- la capacidad de edificaciones que ya presentaban condiciones de vulnerabilidad.Esto ayuda a entender por qu� ciudades como Cali, Pereira, Manizales y Quibd�, estuvieron entre las zonas donde se reportaron mayores afectaciones. No se trata �nicamente de la fuerza con la que lleg� la onda s�smica. Se trata de c�mo esa energ�a interactu� con un territorio urbano construido durante d�cadas, con edificaciones de diferentes edades, sistemas constructivos, materiales, condiciones de suelo y niveles de cumplimiento de las normas.El verdadero problema, entonces, no es solamente el terremoto.El problema es el riesgo que hemos construido antes de que ocurra el terremoto.La amenaza s�smica no la podemos evitar. Colombia se encuentra en una regi�n geol�gicamente activa y los terremotos hacen parte de nuestra realidad natural. Lo que s� podemos transformar es nuestra vulnerabilidad.Eso significa avanzar mucho m�s all� de construir bien las nuevas edificaciones. Significa identificar cu�les son las estructuras existentes que presentan mayor riesgo, evaluar su comportamiento s�smico, establecer programas de reforzamiento estructural y desarrollar pol�ticas p�blicas que permitan intervenir progresivamente las edificaciones m�s vulnerables.Tambi�n significa enfrentar de manera decidida la informalidad constructiva. No podemos seguir entendiendo la vivienda informal �nicamente como un problema de legalizaci�n de predios o de acceso a servicios p�blicos. Una vivienda estructuralmente vulnerable tambi�n es una amenaza para la vida de quienes la habitan.Las ciudades latinoamericanas necesitan, por ello, una nueva generaci�n de pol�ticas de reducci�n del riesgo: programas masivos de evaluaci�n y reforzamiento de edificaciones, asistencia t�cnica para la vivienda popular, mecanismos financieros para mejorar estructuras existentes y sistemas de informaci�n que permitan conocer d�nde est�n las edificaciones m�s vulnerables.La experiencia de cada se�smo deber�a servirnos para aprender, no solamente para reaccionar.Colombia ha avanzado enormemente en materia de construcci�n sismorresistente desde 1998. Pero una ciudad segura no se construye �nicamente con una buena norma. Se construye tambi�n identificando su pasado, interviniendo su presente y anticip�ndose a su futuro.Porque cuando llegue el pr�ximo gran terremoto -y sabemos que llegar�- la diferencia entre una tragedia y una cat�strofe no estar� determinada �nicamente por la magnitud del evento. Estar� determinada, en buena medida, por qu� tan vulnerables decidimos permitir que sigan siendo nuestras ciudades.Mauricio Facio Lince es arquitecto colombiano experto en gesti�n del riesgo y gerente de Econom�a Circular del Centro de Ciencia y Tecnolog�a de Antioquia (CTA).