La crisis de Ceuta ha producido una alianza que habría parecido improbable. Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca y líder del Partido Socialdemócrata, se ha situado junto a Giorgia Meloni para reclamar una respuesta europea más dura frente a la inmigración irregular. Dos dirigentes de familias políticas distintas —la italiana, conservadora y nacional-conservadora; la danesa, socialdemócrata— coinciden en una idea central: Europa debe recuperar el control de quién entra y quién permanece en su territorio. La posición de Frederiksen no es improvisada ni nace con Ceuta. Tras la entrada masiva de decenas de miles de personas en la ciudad autónoma, respaldó la posibilidad de adoptar medidas extraordinarias, incluida la suspensión de la cooperación Schengen con España. Su argumento fue inequívoco: "La inmigración descontrolada supone una amenaza para Europa y para Dinamarca". Además, junto a Meloni ha defendido centros de acogida, retorno o repatriación fuera de la Unión Europea y "soluciones innovadoras" que permitan tramitar los procesos migratorios lejos de las fronteras comunitarias.
Una carta impulsada por Italia y Dinamarca y firmada por 22 gobiernos europeos pidió abordar urgentemente las consecuencias de Ceuta, reforzar las fronteras exteriores y contemplar controles temporales en las fronteras internas. El choque con Pedro Sánchez es evidente: el presidente ha denunciado la reacción de otros socios europeos como insolidaria y ha defendido que España ha actuado para recuperar el control de Ceuta y devolver a Marruecos a la inmensa mayoría de quienes entraron.











