Sobre el papel, forman una pareja extraña: de un lado, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, procedente de la tradición conservadora, se ha convertido en uno de los principales referentes europeos de la extrema derecha. Del otro, la jefa del Gobierno danés, la socialdemócrata Mette Frederiksen, lidera un ejecutivo de centroizquierda en el país nórdico. Pero, a pesar de las diferencias, las dos mandatarias se elogian mutuamente en las redes sociales: "Meloni es una persona que puede hacer que las cosas ocurran", decía Frederiksen en una publicación en Facebook, mientras que Meloni ha descrito a la política danesa como "una persona muy concreta y eficaz". Esta sintonía personal llama la atención dada su poca afinidad en materia política, salvo en un punto: las dos coinciden en mantener la tolerancia cero frente a la inmigración irregular. Tras la crisis migratoria de Ceuta, cuando miles de personas llegaron de forma ilegal a la ciudad autónoma española, las dos mandatarias han hecho frente común con un comunicado en el que han defendido una "política migratoria rigurosa" en la Unión Europea y han reclamado la creación de centros de repatriación para inmigrantes en terceros países, fuera del territorio comunitario. Meloni ha convertido el control migratorio en una seña de identidad de su gobierno. Por su lado, Frederiksen lleva algo más de siete años al frente del gobierno de Dinamarca gracias a haber construido una combinación singular dentro de la familia socialdemócrata, adoptando unas políticas de protección del estado del bienestar y los servicios públicos junto con leyes migratorias muy restrictivas. TE PUEDE INTERESAR Desde la perspectiva de los socialdemócratas daneses, el control de la inmigración irregular es necesario para preservar la cohesión de la sociedad, garantizar la seguridad y asegurar que el Estado pueda seguir sosteniendo sus servicios públicos. En este sentido, el Gobierno de Frederiksen ha endurecido las condiciones para solicitar asilo, ha revocado permisos de residencia a algunos solicitantes y refugiados, y ha impulsado políticas de retorno a los países de origen para quienes ya no considera que necesitan protección. Juntas para reformar el sistema de asilo de la UE La unión improbable entre Copenhague y Roma no ha surgido solamente tras lo ocurrido en la frontera de Ceuta. El acercamiento entre ambas comenzó en abril de 2023, cuando Frederiksen viajó a Roma para reunirse por primera vez de forma bilateral con Meloni, y la inmigración ya ocupó un lugar central en aquel encuentro. Más tarde, en mayo de 2025, las dos dirigentes empezaron a trabajar juntas para promover una reforma del sistema de asilo europeo y plantear alternativas al modelo vigente junto a otros siete países europeos. Frederiksen destacó entonces que, pese a pertenecer a "dos familias políticas completamente distintas", mantenían una colaboración "muy, muy estrecha", según informó el Gobierno danés. Tras este encuentro, las dos mandatarias escribieron una carta de protesta contra el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que en varios casos ha impedido a Dinamarca la deportación de extranjeros que han cometido delitos. TE PUEDE INTERESAR Más recientemente, en marzo de este año, las dos primeras ministras advirtieron sobre el elevado riesgo migratorio derivado del conflicto armado desencadenado en Irán: "No podemos permitirnos revivir los flujos de refugiados y migrantes hacia la UE que vimos desarrollarse en 2015-2016", dijeron entonces en un comunicado conjunto. Recuperar la idea de los centros de deportación La propuesta más concreta de la pareja formada por Meloni y Frederiksen ha sido llevar al debate europeo el llamado "modelo Albania", lo que significa la construcción de centros de retorno de migrantes instalados en terceros países fuera de las fronteras de la UE. Meloni ya intentó desarrollar este modelo, pero la aplicación de su plan fue impugnada por los tribunales europeos, un proyecto que tampoco consiguió llevar a cabo el Reino Unido en 2022 bajo el Gobierno de Boris Johnson. Por su lado, Dinamarca fue uno de los primeros países europeos en presentar una estrategia para establecer centros de recepción para solicitantes de asilo en Ruanda en el año 2018, un proyecto que el Gobierno de Frederiksen no ideó sobre el papel, pero que adoptó como suyo en 2019. Sin embargo, dadas las dificultades legales, el Ejecutivo danés optó por posponer los planes y explorar la posibilidad de encontrar acuerdos europeos conjuntos. En este sentido, la presión ejercida por Dinamarca e Italia dio sus frutos a principios de este verano, cuando la UE aprobó un nuevo reglamento que autoriza a los Estados miembros a firmar acuerdos con terceros países que se consideren "seguros". TE PUEDE INTERESAR Entre los países que podrían acoger los primeros centros figuran Uganda, Ruanda y Montenegro, aunque el Gobierno danés evita dar detalles para no poner en riesgo las negociaciones. La nueva legislación permite establecer centros de retorno fuera de las fronteras de la UE para personas cuya solicitud de asilo haya sido rechazada o que ya no tengan derecho a permanecer en territorio comunitario. Estos cambios acercan a Dinamarca e Italia a uno de los principales objetivos de Frederiksen y Meloni: externalizar parte de la gestión migratoria y trasladarla fuera de las fronteras europeas. Sobre el papel, forman una pareja extraña: de un lado, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, procedente de la tradición conservadora, se ha convertido en uno de los principales referentes europeos de la extrema derecha. Del otro, la jefa del Gobierno danés, la socialdemócrata Mette Frederiksen, lidera un ejecutivo de centroizquierda en el país nórdico. Pero, a pesar de las diferencias, las dos mandatarias se elogian mutuamente en las redes sociales: "Meloni es una persona que puede hacer que las cosas ocurran", decía Frederiksen en una publicación en Facebook, mientras que Meloni ha descrito a la política danesa como "una persona muy concreta y eficaz".