Una noche del verano del 2000, en un trayecto muy largo conduciendo por Andorra, Hein, un chico holandés veinteañero y su novia, Marion, decidieron hacer una parada y pasar una noche en un pequeño camping de la Alta Ribagorça, en el Pirineo leridano. Veintiséis años después, cuentan que ese rincón del pequeño pueblo de Les Bordes, en el municipio de Pont de Suert, les robó el corazón. Lo que iba a ser un alto en el camino de solo una noche se convirtió en unas vacaciones de una semana. Desde allí se marcharon a Ordesa, en el Pirineo oscense, y antes de regresar a los Países Bajos, volvieron al mismo camping. Veintiséis años después, hablando de aquellos días en el lugar al que siempre vuelven, brillan sus miradas.Desde aquel verano de juventud han regresado todos los veranos de su vida, salvo uno que viajaron a Italia. También en los complicados años del Covid encontraron fechas para retornar.“Aquí volvemos cada año por el entorno natural y por Ana y destinamos unos días a descubrir otra zona”Algunos agostos, cuando eran novios, Hein y Marion volvieron acompañados de los padres de ella. Marion también estuvo embarazada y después siempre con su hija Evi, que ya está en la universidad, estudia Educación infantil y su hijo, todavía en el colegio. Tres generaciones de la familia han veraneado en el camping de la carretera de Vielha, la N-230, entre Pont de Suert y Vilaller.“Volvemos por la naturaleza y por la calidez de Ana (Iglesias, la propietaria del camping), somos de la misma edad, hemos tenido siembre una buena relación con ella y su familia, mis hijos querían volver cada verano, nos sentimos como en familia”, cuenta Marion.Ella recepcionista y él ingeniero mecánico, los Dieters son verdaderos influencers del camping de la Ribagorza en Eindhoven, en el sur de los Países Bajos, donde viven. Es su lugar de acampada favorito, en el que las amistades veraniegas se han consolidado.“Los primeros años –recuerda Marion– cuando no hablábamos nada de español, la gente fue muy amable con nosotros, llevamos en el corazón su amabilidad, que nos trataran con tanto amor, con tanto cariño, las personas aquí son más cariñosas que en la costa”. Puede comparar porque cada verano pasan dos semanas en la Ribagorça y algunos días en otros lugares, generalmente de la costa.La tranquilidad de la Alta Ribagorza y la paz que allí encuentra es lo mejor del camping para Marion. Su marido lo busca por el contacto con la naturaleza, por escaparse de su ciudad. Los ríos, porque le encanta nadar, son lo mejor para Evi y su hijo habla de la calidad de las personas y del silencio.Marion y su familia encuentran esa tranquilidad en las cascadas, los lagos, estanques y ríos del Parque Nacional de Aiguestortes y el Estany de Sant Maurici, el único parque nacional de Catalunya, entre las comarcas de la Alta Ribagorça, el Pallars Sobirà y la Val d’Aran.Los primeros años, también se enamoraron de las iglesias románicas de la Vall de Boí, que meses después de su primer verano en la Alta Ribagorça, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad. Las conocen todas pero a Marion le gusta especialmente la de Santa María de Taüll, donde ha pasado muchos ratos.Este año llegaron a la Ribagorça el 28 de julio y se quedan hasta esta semana. Ana Iglesias los esperaba con ilusión. Marion, Hein y sus hijos, a los que ha visto crecer, no son para ella solo unos clientes, son ya sus amigos. “Conocí a Marion y a Hein cuando éramos jóvenes, son muy especiales. He visto crecer a sus hijos, han visitado a mi familia... les esperamos cada año con mucha ilusión, espero que como siempre este también se vayan contentos”, dice Ana en una calurosa tarde de agosto con el camping lleno de clientes.