Susanna Griso y Luis Enríquez están viviendo una luna de miel bastante particular: ni grandes viajes ni destinos exóticos. Se casaron el pasado 25 de julio en S’Agaró, en plena Costa Brava, la pareja ha optado por continuar disfrutando de Cataluña y pasar unos días en la Cerdanya, uno de los lugares más especiales para la presentadora. “La Cerdanya es mi pequeño paraíso”, explica Griso a Vanitatis. Una frase que resume su relación con un valle que conoce bien y al que lleva años regresando. Esta vez, sin embargo, la escapada ha sido diferente. La periodista ha querido ejercer de anfitriona y enseñarle a su recién estrenado marido algunos de los lugares que forman parte de su geografía personal. Susanna Griso en los campos del valle de La Cerdanya. (IG) "Tengo unos guías maravillosos, Jordi y Pilar, que me suelen llevar de excursión”, cuenta. Con ellos ha recorrido lugares como el Pedraforca, los Estanys de la Pera, Meranges o Prat de Cadí. Este verano, sin embargo, ha decidido rebajar el ritmo. “Este año me lo he tomado con más calma porque quería enseñarle el valle a Luis y a una pareja de buenos amigos de Madrid”, explica. Geografía singular Es, de alguna manera, otra forma de luna de miel. Griso está descubriendo a Enríquez una parte de Cataluña que para ella no necesita presentación y que, precisamente por eso, ha querido compartir con él. La expedición ha tenido además una parada que ha sorprendido especialmente a sus amigos madrileños: Llívia. La localidad gerundense tiene una singularidad geográfica difícil de encontrar en España: es un enclave español completamente rodeado por territorio francés. El propio Ayuntamiento la define como "una isla de Cataluña en territorio francés", una situación que tiene su origen en el Tratado de los Pirineos. La explicación de Susanna Griso es bastante más gráfica. "Han alucinado con la excepcionalidad de Llívia: un pueblo catalán dentro de Francia, como la aldea gala de Astérix y Obélix, pero al revés”, bromea. Mapa en el que se aprecia la peculiaridad de Llívia. (Google Maps) La periodista ha comprobado estos días que la zona continúa siendo relativamente desconocida entre algunos de sus amigos de Madrid. “A diferencia de Baqueira, la Cerdanya es la gran desconocida para los madrileños”, asegura. Guía catalana La boda ha terminado convirtiéndose, además, en una inesperada campaña de promoción turística entre parte de sus invitados. El enlace de Griso y Enríquez reunió el pasado 25 de julio a más de 200 personas en S’Agaró, un lugar con el que la presentadora mantiene desde hace años una estrecha relación personal. La celebración permitió que algunos de sus amigos llegados desde Madrid descubrieran no solo la Costa Brava, sino también varios pueblos del interior de Girona. «Este año, y a raíz de la boda, algunos, sorprendentemente, han descubierto también la Costa Brava y han aprovechado para hacer turismo de interior: Pals, Peratallada, Palau-sator, Vulpellac…», cuenta. Y la reacción, asegura, ha sido unánime: “Han alucinado con la belleza de nuestra pequeña Toscana”. Susanna Griso en el día de su boda. (Gtres) De la Costa Brava a los Pirineos, el verano posterior a su boda tiene un recorrido sentimental que de luna de miel convencional. Griso y Enríquez ya habían realizado antes del enlace un gran viaje juntos a Argentina, precisamente donde llegó la petición de matrimonio. Tras la boda no tenían previsto emprender inmediatamente otro gran viaje y han terminado encontrando mucho más cerca de casa el escenario de sus primeros días como matrimonio. La querencia de Susanna Griso por Cataluña ha quedado clara también en una boda en la que prácticamente todo tuvo acento catalán. Desde la comida, encargada directamente a comercios de la zona, desde las invitaciones hasta las flores, que confió a una floristería de La Bisbal, un apartado especialmente importante para ella por su afición a la jardinería. También el vestido: un diseño de Cortana que originalmente no era un vestido de novia y que Griso adaptó junto a la diseñadora para convertirlo en una pieza más especial para ese día. Un hilo catalán que comenzó en S’Agaró y que este verano culmina en la Cerdanya, en ese lugar que Susanna define como su “pequeño paraíso”. Susanna Griso y Luis Enríquez están viviendo una luna de miel bastante particular: ni grandes viajes ni destinos exóticos. Se casaron el pasado 25 de julio en S’Agaró, en plena Costa Brava, la pareja ha optado por continuar disfrutando de Cataluña y pasar unos días en la Cerdanya, uno de los lugares más especiales para la presentadora.