“Una familia silenciosa en un hogar silencioso, donde no se habla de lo que ocurre de piel para adentro (...) Mis padres y yo nos queremos, pero en silencio, como se quiere en La Mancha, donde expresar el cariño es la forma más inmediata de ponerlo en peligro”. Así describe La mancha, la novela que Enrique Aparicio publicó en 2024 con Plaza&Janés, una de las sensaciones que experimenta su protagonista cuando vuelve a su pueblo después de vivir unos años en Madrid. En su caso, regresa por tiempo indefinido porque no tiene trabajo, pero el choque emocional que implica el retorno al hogar familiar también puede ocurrir cuando volvemos simplemente por vacaciones.
Aunque a menudo se romantiza el veraneo rural, también puede tener un lado hostil. Y la experiencia es distinta entre “gente que tiene pueblo y gente de pueblo”, según diferencia Aparicio para analizar esas tensiones. “Entiendo que la idealización que mucha gente percibe es sobre todo de quien tiene pueblo, es decir, que su familia vivía en un pueblo y ellos iban en verano, cuando en los pueblos se está genial porque podías jugar en la calle sin hora o bañarte en el río. Por el contrario, estamos la gente que somos de pueblo, que nos quedábamos allí cuando se iban los demás, y ahí la relación es mucho más compleja”, contrapone.






