0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialAl principio de la década de 1980, cuando lo típico de los recién casados era irse de luna de miel a Mallorca o Canarias, la pareja formada por Rafel Escartín y Elvira Mas, de Sabadell, cogieron carretera y manta, sin rumbo fijo. En el maletero llevaban una tienda de campaña, de estilo canadiense y escaso equipaje. Tras recorrer kilómetros y kilómetros, ya en territorio suizo, y cuando el sueño y el cansancio ya hacían mella en la pareja decidieron parar en lo que en la oscuridad de la noche se adivinaba como una zona de acampada, con sus caravanas. Durmieron en el coche con la idea de montar su tienda al día siguiente, al amanecer. “Al despertarme y salir del vehículo, vi una larga trompa... y detrás a un elefante. ¡Aquello no era un camping sino un circo!”, recuerda Rafel. La anécdota todavía arranca las carcajadas de la otra gran protagonista de aquel día, su mujer, y de su familia con quien mantiene la afición por el camping.A comienzos de agosto este matrimonio, ya jubilado, compartió techo, recuerdos y vivencias en el camping Les Medes de l’Estartit, con su hija, su yerno y su nieta. Probablemente los Escartín-Mas sean de los clientes que más años consecutivos se han alojado en este establecimiento turístico, al que acuden desde el año 1989. “La tasa de repetición en julio es del 50%”, explica su dueño, Josep Maria Pla.“Los mejores veranos los he vivido aquí, no lo cambio por nada del mundo”, dice el yerno, Joan PradosLa familia ha disfrutado de veranos, puentes, fines de semana o incluso de fines de año, aprovechando que es de los pocos de la Costa Brava que está abierto durante dodo el año. “ Les Medes es nuestro campo base aquí”, explica Elvira, que conocía l’Estartit de mucho antes porqué con sus padres había veraneado en la zona.La pareja se ha mantenido fiel durante más de treinta y cinco años al alojamiento, más de media vida, aunque no han parado quietos y durante ese tiempo también han viajado por media Europa y Estados Unidos y se han alojado en otros campings. “Pero esto es como si fuera nuestra segunda casa”, reconoce Elvira. No lo dice por decir. Ahí su nieta Isolda Prados, que ahora tiene once años, aprendió a ir en bicicleta y a soltarse con el inglés, el idioma universal del camping; su hija Griselda hizo amigos de aquellos que son para toda la vida, como lo demuestra el hecho que uno de sus padrinos de boda fue un irlandés que conoció en Les Medes cuando era pequeña. La madrina de boda fue una holandesa que conoció en otro alojamiento de la Provenza. “Recuerdo que esperaba a que llegara el mes de julio como agua de mayo porque era el momento de reencontrarme con todos los amigos a los que no veía desde hacía un año”, explica. Aunque se las apañaba para saber de ellos, primero carteándose, luego con messenger y ahora con el whatsapp .Con el personal han entablado amistad, empezando por los dueños, el matrimonio formado por Josep Maria Pla y Joaquima Coll. Sus hijos jugaron hace años con Griselda y ahora sus nietos lo hacen con la pequeña Isolda. Que sea un alojamiento, con capacidad para 600 personas, ayuda a crear ese vínculo familiar, a pesar de que los catalanes y españoles están en minoría gran parte del verano. A finales de julio, el 90% de los clientes eran belgas, británicos, alemanes y sobretodo holandeses, los más campistas de todo Europa.Durante años, los Escartín-Mas fueron de acampada solo con tienda hasta que descubrieron las comodidades de la caravana. La primera la adquirieron cuando su hija tenía nueve años y ahora comparten techo en otra más grande. La familia ha crecido y ha sumado miembros que nunca pensaron que algún día irían de acampada. Es el caso del yerno, Joan Prados. El día que la que es hoy su mujer le dijo que solía ir de camping, pensó: tierra trágame. “Era bastante contrario a todo esto, tenia un concepto equivocado pero ahora no lo cambio por nada del mundo. Aquí he pasado los mejores veranos de mi vida”, reconoce. “Para mi, si hay una palabra a la que asocie a todo esto no es otra que felicidad”, dice.
Una afición compartida por tres generaciones
Durante más de 35 años esta familia de Sabadell se ha mantenido fiel al camping Les medes, en l'Estartit, que consideran su “segunda casa”









