0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialSuena Como una ola de Rocío Jurado en la clase de aquagym. El olor de un guiso de esos de mucha paciencia y chup-chup hace la boca agua. Este es el ambiente, tradicional y familiar, que se respira en el camping Estrella de Mar, uno de los dos que quedan en la autovía de Castelldefels, que hace unos años estaba repleta de este tipo de establecimientos. “Me enteré del camping porque veníamos a la playa y no me he cansado, el aire libre... se está más a gusto aquí que en l’Hospitalet de Llobregat, que ni con el aire acondicionado se puede estar”, comenta Carmen Rojas, que frecuenta el Estrella de Mar desde el 1980.Rojas, de 83 años, promete fidelidad. “Yo mientras me pueda subir al bus, vendré”, comenta. Recuerda que hace años venía con la familia y con su marido pero después quedó viuda. Y ahora en este enclave entre pinos, tiendas, bungalows y caravanas como la suya halla compañía. “Aquí te da el aire y al final hablas con uno, con otro...”, describe. “Es una comunidad, nos ayudamos los unos a los otros”, dice al mismo tiempo que comenta que lo que más valora del espacio, a tiro de piedra de la playa y de Barcelona, es la tranquilidad y la proximidad a su domicilio. Preguntada por un recuerdo a lo largo de estos años, sonríe: “En un carnaval, me disfracé tan bien que ni mi marido me reconocía”.Residentes seniors y familias con hijos conviven con la proximidad como principal reclamo“Yo siempre ganaba el concurso de carnaval”, presume Genaro Martínez, de 76 años. Él es otro representante de uno de los dos grupos mayoritarios que conviven en el Estrella de Mar: el visitante senior y las familias, jóvenes o de mediana edad, con hijos. El 80% de los residentes son nacionales, con presencia de vecinos del área metropolitana de Barcelona, y el 20% internacionales. “Tenemos una media del 85% de ocupación anual con un total de unas 2.000 personas alojadas”, asegura el director del camping, Marc Arnalot. Hay actividades para todas las edades y zonas para practicar deportes como el pádel, entre otros servicios.Lee también“Yo vine hace 30 años, pero antes estaba en el Tortuga Ligera”, retoma Genaro Martínez. Este es uno de los campings que llenaban la franja litoral de Castelldefels, Gavà y Viladecans. Por aquí son recordados nombres como la Ballena Alegre, el Toro Bravo o el Filipinas. Desaparecieron fruto de la anterior ampliación del aeropuerto de El Prat. La zona era un epicentro del ocio metropolitano, también por sus discotecas. Pero el Estrella de Mar, al otro lado de la C-31, sobrevivió, aunque a veces el ruido de las aeronaves entorpece la conversación.Martínez, que es un amante del mar que aquí tiene tan cerca, remarca que continúa en el camping porque “los nietos se lo pasan en grande”. Mientras lo comenta, un par niñas pasean en bicicleta de forma tranquila, con la confianza de no acabar atropelladas.Dani García y Ana Sampedro son una familia que representan el otro tipo de perfil de residente en el Estrella de Mar. Viven en la localidad de Sant Vicenç dels Horts con una hija de nueve años, un hijo de cuatro y un bebé de dos meses. Son nuevos en el camping, han llegado esta temporada: “Es lo que buscábamos. Tranquilidad, para nosotros y para los niños, que puedan estar revoloteando con la bicicleta a su aire”, considera García. “Son unas vacaciones ideales para los niños”, añade Sampedro.Antes estaban en otro camping en Berga pero hicieron el cambio por la proximidad a su residencia y para una mayor conciliación. Y es que García está trabajando. Lo hace en El Prat de Llobregat y, por lo tanto, está muy cerca del camping, al que acude cuando acaba su jornada laboral. “Así estoy tranquilo”, resuelve.Periodista. Corresponsal de La Vanguardia en el Baix Llobregat y l'Hospitalet desde el año 2016. Apasionado de la información local y del área metropolitana de Barcelona. Contacto: jpolo@lavanguardia.es