El veraneo trashumante tiene sus ventajas, no sólo conoces nueva gente, además te reencuentras con viejos conocidos con los que no esperabas verte si no ponías algo de tu parte. Caminando me encuentro con un compañero de antaño cuya carrera judicial nos había separado. Recién jubilado de su magistratura sigue igual de inquieto que cuando nos conocimos de estudiantes.
Me advierte, oídas las constantes soflamas de carácter marcadamente nazi de dirigentes de la extrema derecha, de que así, con permisividad e ingenuidad, empezó el auge del nazismo en Alemania: así tumbaron la República de Weimar. Abusando de su experiencia judicial, me atreví a comentarle, sin intención de ofender ni generalizar, que ocurrió con la ayuda indispensable de los jueces alemanes. Me dio la razón.











