De la guerra en Ucrania a Oriente Próximo o Sudán, la justicia internacional sufre su mayor crisis tras los avances de los años noventa
La sala número 600 del monumental Palacio de Justicia de Núremberg es desconcertante a primera vista. Es más pequeña de lo que el visitante se imagina al abrir la puerta. El mobiliario es distinto al que existía durante el juicio a los líderes nazis al final de la II Guerra Mundial, hace 80 años....
Aquí siguieron celebrándose, hasta hace cinco años, juicios ordinarios, y la estancia conserva el aire anodino y funcional de un tribunal regional alemán. Es un lugar como a medio hacer, igual que la idea que nació en esta misma sala entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946.
En una época de guerras y matanzas impunes, desde Ucrania a Oriente Próximo y pasando por Sudán y otros puntos del planeta, el edificio de la justicia internacional que nació en Núremberg presenta grietas severas.
“Si las personas que han sufrido el horror en Ucrania, en Sudán, en Israel el 7 de octubre, y en Gaza, en Palestina, se preguntan a sí mismas lo que ha hecho por ellas el derecho internacional, responderán que no demasiado”, dice por teléfono el jurista y escritor Philippe Sands. Núremberg y lo que derivó de aquel juicio “no ha sido capaz de evitar horrores en nuestra época”, añade.










