Núremberg fue posible porque durante años algunas voces insistieron en llamar crimen a lo que la gramática dominante llamaba política

¿Es posible que no podamos hacer nada? La pregunta lleva semanas instalada en nuestras cabezas y nuestras pantallas, aunque de forma imprecisa. Asistimos al asesinato sistemático de la cúpula de un Estado soberano, no como daño colateral sino como doctrina: eliminar físicamente la dirección política de un país para producir su colapso institucional.

blo-que-haya-estabilidad.html" data-link-track-dtm="">En Venezuela, el derrumbe inducido no precisó casi ni de intervención directa. Irán sugiere que la acción militar directa no tiene consecuencias. Cuba sería el siguiente peldaño, con ambas herramientas bien engrasadas. Finalmente, hemos escuchado a Kaja Kallas, la jefa de la diplomacia europea, resumir la posición del continente en cinco palabras: “Esta no es nuestra guerra”.

En el vacío de una Europa que ha decidido no nombrar lo que ocurre, Pedro Sánchez se convierte en referencia internacional por algo tan sencillo como llamar a los bombardeos por su nombre. No por desplegar fuerzas, no por construir coaliciones: simplemente por nombrar. Que eso baste para destacar dice todo sobre el nivel de abdicación del continente. Pierre Rosanvallon lo explica así: hay una desconexión entre el lenguaje de la realidad y la forma en que hablan quienes ostentan el poder. En ese vacío, nombrar correctamente se convierte en un acto político en sí mismo. Cuando el lenguaje normativo desaparece del espacio público, cuando “crimen de guerra” deja de ser una categoría operativa porque quienes deben invocarla deciden no hacerlo, no es que la realidad cambie, cambia lo que resulta pensable como respuesta. La posverdad no sólo la producen quienes mienten; también quienes, pudiendo nombrar las cosas por lo que son, eligen no hacerlo. Cuando las instituciones encargadas de sostener un lenguaje compartido lo abandonan, el espacio lo ocupan marcos alternativos: llamar, por ejemplo, “operación de seguridad” a un asesinato de Estado.