Marta está pasando unos días de vacaciones en París. Javier y Lucía han recorrido varias ciudades de Italia, desde Milán hasta el lago de Como y Venecia. Sara ha elegido un plan más tranquilo: descansar, leer y darse un baño en la piscina municipal. No hablo con ninguno de ellos; ni siquiera forman parte de mi círculo cercano. Simplemente soy una espectadora más de sus vidas a través de las fotografías que han decidido compartir en sus perfiles de Instagram. Como ellos, miles de personas repiten cada verano una rutina vacacional compuesta por solo cuatro pasos: llegar a un destino, sacar el móvil o la cámara, capturar el momento y subirlo a las redes sociales. Viajar, descansar o descubrir un lugar nuevo parece ir acompañado, casi de forma automática, de la necesidad de dejar constancia pública de ello.PublicidadHasta ahí, nada se sale de lo habitual. La línea se cruza cuando el móvil deja de ser un simple compañero de viaje y pasa a convertirse en el protagonista de las vacaciones. Cuando cada paisaje parece exigir una fotografía, cada comida un vídeo y cada experiencia una publicación. El descanso empieza entonces a convivir con la necesidad constante de enseñar lo que se vive y con la dificultad de desconectar de una pantalla que nunca termina de apagarse. Esa dependencia digital también se refleja en los datos. Una de las investigaciones más recientes sobre la relación entre el teléfono móvil y los viajes, elaborada el año pasado por JTB Tourism Research & Consulting a partir de una encuesta a 1.030 viajeros japoneses de entre 18 y 69 años, constata que el smartphone se ha convertido en una herramienta inseparable durante las vacaciones. Siete de cada diez personas ya reservan o compran productos turísticos desde el teléfono, una tendencia que no ha dejado de crecer desde 2013. La conectividad se ha convertido, además, en un requisito para viajar: más de la mitad de los usuarios (54,1%) considera esencial disponer de una conexión rápida y estable en trenes y estaciones, mientras que el 50,8% reclama esa misma calidad en los alojamientos. El estudio también detecta un mayor peso de las redes sociales: Instagram ya supera a X (antes Twitter) entre las plataformas más utilizadas y BeReal rebasa el 10% de uso entre las mujeres menores de 30 años. El 11% de los adolescentes ya presenta un uso problemático de las redes sociales, según un estudio de la OMSEn España, la hiperconexión también forma parte del paisaje. Según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de TIC en los Hogares de 2025 del INE, el 96,3% de la población de entre 16 y 74 años había utilizado internet en los tres meses anteriores y el 92,5% lo hacía todos los días, un punto más que el año anterior. Los datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia muestran hasta qué punto el teléfono acompaña cada jornada. A finales del año pasado, el 83,8% de los usuarios consultaba varias veces al día aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Telegram; el 52,6% hacía lo mismo con las redes sociales y casi la mitad (49,8%) revisaba repetidamente el correo electrónico. Instagram se consolidó en 2025 como la red social más utilizada en España, con un 57,9% de usuarios semanales, mientras TikTok siguió creciendo hasta el 31% y Facebook continuó perdiendo terreno.Esta relación permanente con las pantallas preocupa especialmente entre los más jóvenes. El estudio HBSC de la Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud, realizado en 2024 con cerca de 280.000 adolescentes de 44 países, concluyó que el 11% ya presenta un uso problemático de las redes sociales, frente al 7% registrado en 2018. La cifra asciende al 13% entre las chicas, y más de un tercio de los adolescentes (36%) asegura estar en contacto constante con sus amistades a través de internet. Entre las chicas de 15 años, ese porcentaje alcanza el 44%.PublicidadVivir para contarlo... o dejar de vivirloRosana Pereira, codirectora de Haztúa Psicología Positiva, explica a Público que esta necesidad de documentar las vacaciones responde, en realidad, a una forma de relacionarnos con el mundo cada vez más mediada por las pantallas. "Ya no sabemos aburrirnos, pensar o, simplemente, estar sin el móvil en las manos. Y en vacaciones tampoco hacemos una excepción", señala. La psicóloga recuerda que las redes sociales muestran una versión muy seleccionada de la realidad. "Vemos siempre lo mejor —y, a veces, también lo peor— de los demás, pero casi nunca lo cotidiano o lo aburrido". Detrás de ese comportamiento, añade, está un fenómeno ampliamente estudiado: el FOMO (Fear of Missing Out), el miedo a perderse algo. "También hay personas a las que desconectar les genera ansiedad porque sienten que pierden el control", puntualiza.Pereira distingue, además, entre dos formas de utilizar el móvil durante las vacaciones. "Una cosa es hacer fotos o vídeos para conservar un recuerdo y otra muy distinta hacerlo pensando en compartirlos con nuestros seguidores. Ninguna de las dos es negativa por sí misma". El problema, advierte, aparece cuando esa necesidad acaba condicionando el descanso. "Si hacemos fotos para recordarlas en el futuro, conviene saber que la memoria funciona mejor cuando los recuerdos están ligados a emociones. Pero si el objetivo es publicarlas en redes, está bien siempre que no se convierta en la obligación de conseguir la imagen perfecta o de pensar más en el impacto que tendrá la publicación que en disfrutar de lo que estamos viviendo".Para la experta, la clave está en la frecuencia y en el tiempo que se dedica a capturar y compartir esos momentos. "Las vacaciones pueden ser un momento estupendo para crear contenido, siempre que no lo utilicemos para compararnos con los demás ni sintamos la necesidad de estar a la altura". También insiste en la importancia de normalizar el aburrimiento: "Aceptar que forma parte de la vida y recordar que todos compartimos nuestros momentos estrella, pero casi nunca los más rutinarios, nos ayuda a tomar distancia entre la realidad y la versión que vemos en las redes sociales".PublicidadJúlia Pascual, psicóloga sanitaria: "Publicar constantemente responde muchas veces a la necesidad de validar que estamos disfrutando"Júlia Pascual, psicóloga sanitaria y referente del Centro de Terapia Breve Estratégica, plantea que la cuestión de fondo no es qué compartimos durante las vacaciones, sino qué necesidad intentamos cubrir cuando sentimos el impulso de enseñarlo todo. "Publicar constantemente responde muchas veces a la necesidad de validar que estamos disfrutando, de sentirnos vistos o, incluso, de convencernos a nosotros mismos de que estamos viviendo unas buenas vacaciones", explica a este medio. A su juicio, esa dinámica tiene un coste. "Queremos conservar el momento y, sin darnos cuenta, dejamos de habitarlo. No todo lo que merece ser vivido necesita ser publicado. Renunciamos a ser protagonistas de la experiencia para convertirnos en sus documentalistas", reflexiona.Pascual distingue entre "vivir online" y "vivir offline". "Estar online es pensar en cómo se verá ese instante; estar offline es preguntarte cómo huele el mar, cómo suena la risa de tus hijos o cómo se siente el sol sobre la piel". La felicidad, deja caer, rara vez se percibe mientras sucede. "Normalmente la reconocemos después. Con el descanso ocurre algo parecido: cuanto menos necesitamos demostrarlo, fotografiarlo o compartirlo, más posibilidades tenemos de disfrutarlo de verdad". La psicóloga insiste en que el problema no es la tecnología en sí, sino el vínculo que establecemos con ella. "Empieza cuando creemos que somos nosotros quienes utilizamos la tecnología y, en realidad, es ella la que empieza a utilizarnos a nosotros". Por eso rechaza demonizar las redes o el móvil. "El problema aparece cuando dejamos de elegir y respondemos automáticamente a cada notificación, cada vibración o cada momento de aburrimiento. Ahí cedemos una parte de nuestra libertad psicológica". En ese contexto, proteger la atención se convierte, sostiene, en una cuestión de salud mental. "No todas las personas desarrollan una adicción en sentido clínico, pero muchas sí establecen una relación de dependencia o compulsión basada en la búsqueda constante de placer, novedad o alivio inmediato"."Nos olvidamos de que hay muchos ojos mirando"Desde el ámbito tecnológico, el periodista especializado David Bollero advierte de que cada fotografía subida, cada ubicación compartida o cada búsqueda realizada alimenta el engranaje que mantiene a los usuarios conectados. "La geolocalización, nuestros hábitos de navegación o las búsquedas que hacemos son información que las plataformas utilizan para seguir ofreciéndonos contenido capaz de mantenernos enganchados al móvil", explica a Público. David Bollero, periodista especializado en tecnología: "Si le preguntáramos a la IA qué visitar en Ceuta, ignoraría su situación excepcional"A ese ecosistema se ha sumado con fuerza la inteligencia artificial. "Ha intensificado esa dependencia incluso antes de que empecemos las vacaciones", sostiene. Cada vez son más las personas que recurren a asistentes de IA para organizar sus viajes, aunque Bollero advierte de sus limitaciones. "Si hoy le preguntáramos a una IA qué visitar en Ceuta, probablemente ignoraría la situación excepcional que vive estos días. Los algoritmos suelen priorizar los contenidos con más tráfico y terminan recomendando siempre los mismos lugares masificados. Es como preparar un viaje con una guía desactualizada, donde aparecen restaurantes que ya han cerrado o horarios que ya no existen".El experto también pone el foco en el propio diseño de las plataformas digitales. El scroll infinito, las notificaciones constantes, los algoritmos que priorizan las cuentas con las que más interactuamos o la desaparición de las historias a las 24 horas son, explica, mecanismos pensados para prolongar el tiempo de uso. Observa además una paradoja. "Me fascina que muchas personas que hace unos años se escandalizaban por las cookies, porque personalizaban la publicidad que recibían, hoy entreguen sin reparos todavía más información a las redes sociales o a los asistentes de inteligencia artificial". "Las grandes tecnológicas no tienen ningún pudor en utilizarnos como mercancía", completa.Borja Adsuara, experto: "No somos conscientes del rastro digital que generamos"Borja Adsuara, abogado especializado en derecho digital, coincide en que el problema va mucho más allá del tiempo que pasamos frente a la pantalla. A su parecer, la mayoría de los usuarios desconoce la cantidad de información personal que deja expuesta en internet. "No somos conscientes del rastro digital que generamos y, mucho menos, del que dejamos sobre nuestra vida privada cuando compartimos contenidos en redes sociales abiertas. Nos olvidamos de que hay muchos ojos mirando", explica a Público. PublicidadPara el experto, el verano es un momento especialmente propicio para esa hiperconexión. "Las vacaciones son un periodo ideal para captar nuestra atención porque disponemos de más tiempo libre. Y las redes sociales lo saben". Frente a esa dinámica, Adsuara apuesta por recuperar el control de la tecnología. "Lo mejor es silenciar las notificaciones y poner límites al tiempo que dedicamos al móvil y a las distintas plataformas".