Te sientas en el sofá de casa mientras el ventilador alivia un poco el calor sofocante. No tienes nada que hacer: ni trabajo, colegio o universidad, ni ninguna otra actividad. Abres Instagram y varias fotos de perfil circulares se alinean en la parte superior de la pantalla: pulsas en la primera y ves a alguien subiendo su enésima foto en Nueva York; pasas a la siguiente persona, y está otro año más en un festival de música internacional; la siguiente es en las fiestas de un pueblo; y luego ves a otro más con las piernas casi tostadas bajo el sol de una playa balear. Dejas el móvil y suspiras mientras piensas que otros viven una vida idílica. Todo ello mientras ves que tu verano es un sempiterno día de calor, bebidas heladas y amigos que ves de vacaciones, a través de redes sociales, lejos de tu ciudad, donde habitualmente quedas con ellos.

“En nuestro imaginario tenemos la idea de que las vacaciones son un momento deseado para todo el mundo, pero esto no siempre es así. Rompen con la rutina y los vínculos cotidianos del día a día. Cuando esto desaparece, la soledad puede emerger con mucha más fuerza o crudeza en algunas personas”, comenta Javier Ibáñez, psicólogo de la Asociación y Centro de Psicología PSICARA.