Hace algunas semanas, el analista y escritor Kyle Chayka publicaba en The New Yorker una columna en la que se quejaba de que ya apenas ve fotos de desayunos en sus redes sociales. Aunque Chayka no está especialmente interesado en los desayunos, usaba este ejemplo para ilustrar cómo los usuarios comunes están dejando de publicar imágenes o reflexiones cotidianas en sus perfiles. El escritor advierte de que este fenómeno (más acusado entre los jóvenes, que se sienten antes voyeurs que creadores de contenido) podría conducir a lo que llama posting zero: unas redes donde únicamente las marcas, los profesionales y las inteligencias artificiales publicarían contenido comercial de manera automática y sin apenas respuesta humana.
De hecho, ya está sucediendo algo parecido. “¿Qué vemos ahora en las redes sociales, más de 15 años después de su aparición?”, se pregunta Chayka. “Un mar de influencers y creadores profesionalizados, titulares que anuncian los últimos horrores de guerras internacionales, imágenes, videos y textos generados por inteligencia artificial y una avalancha de trolleo y competencia por la atención dirigida a los miedos más profundos de los usuarios, más o menos tolerada por las propias plataformas. Lo cotidiano ya no tiene espacio en este panorama”.






