Cada vez más personas caminan por la calle absortas en sus teléfonos móviles. Sabemos más sobre Trump que sobre lo que les sucede a nuestros amigos. La comunicación con los vecinos se reduce, y somos incapaces de entablar conversaciones con extraños en el metro o en el tren. Un artículo de The Atlantic describe cómo, en EE UU, las personas están adoptando un comportamiento cada vez más asocial. La gente trabaja más desde casa, pasa más tiempo frente a las pantallas, sale menos con los amigos, va menos al cine e incluso tiene menos citas. Además, prefieren pedir comida a domicilio en lugar de comer fuera, y la soltería ha aumentado, al igual que el tiempo dedicado al autocuidado en lugar de a ayudar a otros fuera del círcu­lo familiar cercano. La conclusión es clara: la soledad autoimpuesta podría convertirse en uno de los problemas sociales más relevantes del siglo XXI.

En España, los datos reflejan una tendencia similar: más tiempo en casa, un uso intensivo de dispositivos digitales y un cambio en las formas tradicionales de socialización. Esto plantea el riesgo de un aislamiento voluntario creciente. En los últimos 50 años, el número de personas que viven solas se ha multiplicado por ocho, y se espera que esta cifra siga aumentando. Al mismo tiempo, la tasa de soltería, a menudo no deseada, y la disminución de la natalidad continúan al alza. También se ha observado una preferencia por deportes más solitarios y un descenso de la socialización fuera de casa, en parte debido a los cambios provocados por la pandemia y la creciente inclinación hacia el ocio doméstico.