9 de agosto, 2026 - 07h30Yo era el más inteligente de todos: los dioses ayudan a los que se ayudan a sí mismos; los augurios y los sacrificios son las excusas y los pretextos de los supersticiosos; me cansé de obedecer al rey de los reyes, yo conozco un camino más corto y mejor que seguiremos para llegar a casa antes que el resto.Yo era el más astuto de todos: diremos que dejamos un regalo a los dioses y nunca sospecharán que estamos escondidos dentro, esperando el momento para infiltrarnos en esas murallas y destruirlo todo; si ese gigante pregunta quién lo hirió, yo le diré que me llamo “Nadie”, y cuando pida ayuda gritará que “Nadie lo atacó”; pondré todos los vientos en un saco que solo yo llevaré, porque nadie entiende mejor el rumbo de este viaje que yo mismo.Yo era el más ingenioso de todos: me tomaré el antídoto para evitar los efectos del veneno y luego persuadiré a la hechicera; les haré creer a estos tontos que fue su decisión pasar junto al monstruo que mata a seis, pero deja vivos al resto, y no por el remolino que succiona a toda la tripulación; ellos se taparán los oídos con cera, mientras que yo me ataré al mástil, con las manos inmóviles, para escuchar lo que ningún hombre ha escuchado sin morir después.Estaba totalmente seguro de que esa mujer que me acompañaba a todas partes era la diosa de la sabiduría, que me había elegido a mí y solo a mí, por ser el más inteligente, el más astuto, el más ingenioso de entre todos los mortales.Pero qué poco sabía.Atado al mástil escucho el canto de las sirenas. No es una bella melodía, ni una promesa de placer, sino el sonido de la crueldad. La voz de todas las vidas que ya no puedo vivir. Los mares que nunca navegué. Las palabras que nunca dije. Los amigos que murieron en la guerra y que quedaron sepultados en una ciudad extranjera. Los lugares a los que ya no puedo regresar. Las promesas que ya no puedo cumplir.Las sirenas no me llaman hacia adelante, sino hacia atrás. Me aclaran que esa mujer que me acompañaba no es una diosa, sino mi conciencia: tiene el rostro de los que murieron por decisiones que yo llamé necesarias; la mirada de quienes confiaron en mí y nunca volvieron a ver su hogar; la voz de las personas a las que herí mientras me repetía que todo era parte del plan. Las sirenas me recuerdan que mis pecados y mis errores son imperdonables y que me hacen indigno de volver a tener paz.Las sirenas saben –y ahora lo sé yo también– que el verdadero castigo no fue vagar durante años por el Mediterráneo, sino descubrir demasiado tarde que la inteligencia no absuelve, que la astucia no redime y que el ingenio no borra las huellas de la deshumanización. Uno puede conquistar ciudades enteras y luego perderse. Puede convencer a todos y engañarse a sí mismo. Puede cruzar todos los mares y descubrir que hay culpas que van más rápido que el viento.Ítaca es una isla de paz, pero las matanzas no han terminado. Tengo la guerra conmigo y la llevo a donde voy.Christopher Nolan volvió a contar la historia mil veces contada y nosotros nos preguntamos qué es eso que nos cantan las sirenas, por qué hemos decidido atarnos y cuál es nuestra odisea. (O)
Óscar del Brutto Andrade: ‘La odisea’ | Columnistas | Opinión
Christopher Nolan volvió a contar la historia mil veces contada y nosotros nos preguntamos qué es eso que nos cantan las sirenas...








