En pocas semanas, Christopher Nolan ha vuelto a sacudir la escena cinematográfica, esta vez con su singular recreación de la Odisea. Su película ha conseguido algo sorprendente: que un poema de casi tres mil años llene las salas en pleno agosto con multitudes de todas las edades.PublicidadHay razones para pensar que esto no es casual. Que en tiempos de naufragio y desconcierto las historias sobre la importancia de volver a casa adquieren una fuerza especial. Y la Odisea no deja de ser eso: el relato de un hombre que durante veinte años batalla por regresar a un hogar que otros quieren arrebatarle, mientras su compañera resiste con determinación el asedio de los usurpadores.En la Odisea, Ulises y Penélope simbolizan la persistencia y el coraje en defensa de su lugar en el mundo. Ulises, a diferencia de Aquiles, es un héroe valiente pero sin pasta de mártir. Quiere vencer y quiere llegar vivo a casa para reunirse con los suyos. Y sabe que para eso no basta la fuerza. Necesita inteligencia, astucia y capacidad de persuasión.Ese Ulises, que Nolan no siempre retrata en toda su complejidad, es el del caballo de Troya. Pero también el que, acorralado en la cueva de Polifemo, se hace llamar “Nadie” para escapar de las garras de los temibles cíclopes. Y lo que vale para él vale también para Penélope. Ni la Odisea original ni la película de Nolan escapan a prejuicios patriarcales básicos. Sin embargo, nada de eso nos impide, como señalan Dolors Miquel y otras autoras feministas, ver en Penélope, no una figura de la espera, sino de la resistencia y la insumisión. O dicho de otro modo, una mujer dueña de sí, que teje y desteje el sudario de Laertes para ganar tiempo y preservar el gobierno de su tierra, de su cuerpo, y su propia dignidad.PublicidadNo hace falta decir que también nosotros, como en el poema homérico, vivimos tiempos de aguas revueltas y embravecidas. Con unas derechas ultras, de crueldad extrema, avanzando en muchos países, y con unas alternativas humanistas incapaces de tener un mapa claro para llegar a Ítaca o simplemente para remar en la misma dirección.En esta encrucijada, tanto la Odisea original como la película de Nolan nos hacen pensar si Ulises y Penélope pueden servirnos de guías en la lucha por un mundo más igualitario, libre y fraternal. Algunos dilemas son claros: ¿basta con tener razón para vencer o también hay que saber actuar con la astucia y la audacia de Ulises cuando las circunstancias lo requieren? ¿Tiene sentido fiarlo todo a la asimétrica competición electoral o hace falta construir con paciencia prácticas comunitarias, cotidianas, como las que permitieron a Penélope resistir el embate de los pretendientes al trono de Ítaca? PublicidadSi miramos a nuestro alrededor, son las derechas ultras quienes mejor parecen haber asumido esta actitud odiseica, gramsciana incluso, para ponerla al servicio de causas innobles. Se han vuelto tan expertas en mutar que pueden fingir ser feministas por horas si eso les permite atacar a los trabajadores migrantes de origen árabe, para luego volver a su machismo, su clasismo y su racismo de siempre. Este oportunismo no es inocente. Es una estrategia deliberada para dividir, estigmatizar y desanimar a la gente de abajo mientras se entroniza a los cíclopes del poder económico concentrado. Obviamente, unas izquierdas con sentido ético no pueden hacer suyo el cinismo de los Trump, los Peter Thiel o los Netanyahu de turno. Pero tampoco pueden ceder a un moralismo abstracto que renuncie a disputar el sentido común con determinación e inteligencia. A veces, la audacia de Ulises debería animarnos a avanzar incluso cuando los poderes fácticos nos amenazan con arrojar sobre nosotros a los temibles monstruos de Escila y Caribdis. Otras, en cambio, debería llevarnos a reducir la marcha, atándonos al mástil de nuestro barco y desoyendo los cantos de sirena que nos aseguran victorias fáciles sin la construcción previa de alianzas y de tejidos comunitarios sólidos. Esta persistencia en el impulso de organizaciones culturales, vecinales, sindicales, de base, es tan necesaria como la astucia, la capacidad de seducción y la propia exhibición de fuerza cuando una huelga o un acto de resistencia civil pueden más que mil palabras.Gracias a la sugerente película de Nolan, hemos recordado que a Ítaca no se regresa por derecho ni por nostalgia. Que hace falta inteligencia, persistencia y el coraje de seguir remando incluso cuando el mar entero parece estar en contra nuestro.Con qué objetivo, podemos preguntarnos. Nolan también nos ofrece una respuesta: para que cuando llegue el momento, todavía quede un hogar que defender. O como prefería Dante en la Divina Comedia, para perseguir un horizonte nuevo, una nueva Ítaca que, con ese u otro nombre, nos siga encendiendo el corazón.
'La Odisea' en tiempos ultras
En pocas semanas, Christopher Nolan ha vuelto a sacudir la escena cinematográfica, esta vez con su singular recreación de la Odisea.







