24 de julio, 2026 - 07h49Pese a que subsiste en ciertas zonas del ámbito universitario e intelectual la peligrosa creencia de que todos los males de las sociedades actuales son responsabilidad exclusiva de la civilización occidental, la película La odisea de Christopher Nolan nuevamente confirma la infinita superioridad de los clásicos de la literatura de Occidente cuando se trata de entender las profundas paradojas que nos hacen humanos. Nolan actualiza la Odisea de Homero, un compuesto probablemente en el siglo VI antes de Cristo que funda la tradición del contar como elemento sustantivo para comprender el mundo de la vida (y de la muerte).La enseñanza de las humanidades hoy en las más importantes universidades norteamericanas muestra su crisis precisamente cuando se cierran los departamentos de estudios clásicos porque, según ellos, las grandes obras de Hesíodo, Homero, los trágicos griegos y los primeros poetas líricos de la Antigüedad provienen de las mentes de hombres blancos, conquistadores y colonizadores, aupados en un patriarcado que inventa la explotación del hombre por el hombre y sojuzga a las mujeres. Debemos evitar que este sinsentido se instale en nuestros centros de educación, pues en los clásicos griegos y latinos hay un saber del cual seguimos aprendiendo.Son miles las versiones de la Odisea de Homero que se han producido en 2.500 años, porque lo que cuenta el poema épico nos remueve la conciencia al hacernos ver la estructura humana. Como se sabe, los pueblos griegos, en la misión de recuperar a Helena –raptada por el troyano Paris–, y después de un asedio sangriento que dura diez años –esta temporalidad es metafórica, pues no hay evidencia arqueológica de una batalla tan larga–, consiguen vencer la fortaleza de Troya y arrasarla, pues estaban en juego desde los costos de la conflagración hasta hacer valer los códigos de honor de los reyes de la época.La Odisea homérica se centra en las vicisitudes que el astuto guerrero Odiseo debe superar para volver al hogar, donde lo están esperando su esposa Penélope y su hijo Telémaco, a quienes ha dejado cuando él tenía pocos meses de nacido. Muchos de los soldados y héroes griegos consiguen regresar, pero Odiseo no, pues recibe un castigo de los dioses por haber ocasionado tanta destrucción en Troya y por haber cegado al hijo de un dios. La película de Nolan retoma varias de estas aventuras, pero el verdadero poder del filme radica en el proceso de toma de conciencia de Odiseo con respecto de la destrucción dejada atrás.¿Era necesaria tanta violencia una vez que el caballo de Troya fue introducido en la ciudad amurallada? Ciertamente, el de la Antigüedad era un mundo masculino, de esclavitud, de fuerza, y tal vez precisamente para cuestionar eso muchos estudiosos han visto el conjunto de la Ilíada y la Odisea como el primer canto antibélico de la humanidad, una alerta de que las guerras no nos traen victorias sino solo pérdidas. Nolan presenta un Odiseo atormentado por el destino de haber sido herramienta de atrocidades. ¿Para qué ha servido tanta demora en el retorno? Todo viaje es un motivo para examinarnos, para saber más de nosotros. (O)