Será porque los tiempos no están para exaltaciones heroicas o, sencillamente, porque Christopher Nolan es un cenizo. La cuestión es que, más que una historia de aventuras en un mar oscuro como el vino, La Odisea ha resultado ser una meditación bastante sombría sobre la caída de las civilizaciones. Algo que no viene solo de las intenciones del cineasta, sino también de un misterio real que fascina a los historiadores. Porque esos "pueblos del mar" que aterrorizan al mundo mientras el Odiseo de Matt Damon vive sus peripecias existieron de verdad... hasta donde sabemos. En su trasfondo, la película de Nolan apunta al llamado colapso de la Edad de Bronce, un conjunto de sucesos cuya explicación sigue siendo incierta y cuyos efectos acabaron con muchas de las culturas que habían florecido en el Mediterráneo oriental, cambiando el mundo para siempre. 'La Odisea': ¿una historia postapocalíptica? Aunque vivir en el Mediterráneo del siglo XII antes de Cristo no fuera ninguna bicoca, es más o menos seguro que esta región de la Tierra floreció como nunca durante dicha época. Civilizaciones como Egipto, los hititas, la Creta minoica o esa Grecia micénica a la que pertenecen muchos personajes de La Odisea (¿recuerdas de dónde era rey Agamenón?) prosperaron gracias a una economía de importación y exportación cuyas redes comerciales llegaban hasta el mar Báltico Pero, poco más tarde, todo desapareció sin apenas dejar huella. Las ciudades antaño orgullosas se convertían en ruinas, los reinos se desmoronaban y culturas enteras perdían incluso sus lenguas y su escritura. ¿Cuál fue la razón de este apocalipsis? Aunque no lo sabemos con seguridad, los arqueólogos llevan emitiendo hipótesis al respecto desde finales del siglo XIX. Según han resumido estudiosos como Eric H. Cline (cuyo estudio 1117 a. C.: El año en que la civilización se derrumbó ha influido mucho en La Odisea), el colapso de la Edad de Bronce pudo deberse a una multitud de causas: sequías, terremotos, epidemias y otros desastres naturales (como la erupción del volcán Hekla en Islandia) arruinaron la agricultura, mientras las innovaciones en la fundición de hierro revolucionaban la tecnología militar y las estructuras políticas se venían abajo. Por si todo esto fuese poco, debemos contar con la aparición de hordas invasoras cuya actividad conocemos gracias a inscripciones egipcias. En 1855, el arqueólogo francés Emmanuel de Rougé bautizó como 'pueblos del mar' a esta aglomeración de tribus de la que no sabemos apenas nada, pero en la que figuran dos grupos (Ekwesh y Denyen) a los que se ha identificado con los aqueos y los dánaos: dos nombres con los que Homero designa a las fuerzas griegas en la guerra de Troya.¿Habla 'La Odisea' de los antiguos griegos, o de nosotros?Salvo por imperios como Egipto y Asiria, que sobreviven como pueden, el resultado del colapso de la Edad de Bronce es poco menos que apocalíptico. En el caso de Grecia, su consecuencia inmediata es la llamada 'edad oscura', casi cuatro siglos de caos que dan al traste con la civilización micénica y que coinciden en la historia con la destrucción de la presunta ciudad de Troya, un enclave de cultura hitita situado junto al estrecho de los Dardanelos.Llegado el siglo VIII antes de Cristo, los territorios helénicos resurgen con un nuevo alfabeto basado en la escritura fenicia, una nueva organización (basada en las polis, o ciudades-estado, en vez de en monarquías) y una cultura organizada en torno a los mitos que todos conocemos. Este período es el que recibe el nombre de Grecia arcaica, y es en él cuando se gestan los poemas de Homero. De esta manera, la Odisea (y su predecesora, la Ilíada) pueden ser leídas como narraciones sobre el colapso de la Edad de Bronce, procedentes de la tradición oral y refundidas por una cultura para la cual sus antepasados micénicos eran apenas una leyenda. Que el primero de estos poemas sea una narración sobre aristócratas guerreros y el otro un relato de viajes casi picaresco da crédito a esta teoría, porque nos habla de una cultura que se enfrenta a su decadencia.Y a esta teoría, según hemos visto en La Odisea, es a la que ha recurrido Christopher Nolan. Porque, en la película, los pueblos del mar no son sino los vencedores de la guerra de Troya, enfrentados entre sí tras la desaparición de su enemigo común, la caída de su líder supremo (Agamenón) y una crisis cultural provocada por los trucos sucios de su protagonista durante la guerra (o eso dice él). ¿Es correcta esta interpretación? Para saberlo no solo haría falta reunir a antropólogos, arqueólogos e historiadores, sino también esperar a que se pusieran de acuerdo. Lo que sí podemos afirmar es que, en La Odisea, Christopher Nolan no nos habla de Grecia en la Edad de Bronce, sino del primer tercio del siglo XXI. En sus diálogos y sus imágenes, el director expresa sus miedos sobre una civilización a punto de venirse abajo: solo nos queda rezar por que su predicción no se cumpla.