"El cuerpo tiene fecha de vencimiento, pero mientras viva seguiré creanod mundos imaginarios", dice la escritora Silvia Plager“Estoy contenta de haber podido a mi edad publicar este libro, quizás no es habitual pero yo tengo la energía de una mujer de 39, 40 años. Para escribir el libro, tengo que buscar una energía de la que puedo carecer por edad pero no por imaginación. El cuerpo tiene fecha de vencimiento pero mientras viva seguiré creando mundos imaginarios”.Para esta novela, Plager se puso “en el caso de una mujer de 65 que tiene un amor enorme por su sobrina, única familiar que le queda”. Y a través de la “unión muy importante entre esas dos mujeres de una misma familia”, separadas por más de tres décadas de diferencia, explora el modo en que cada una vive simultáneamente su propia versión de la misma pregunta: ¿qué hacer con el deseo cuando el mundo, o el cuerpo, o la Historia, parecen decir que ya no corresponde o que es peligroso sentirlo? PUBLICIDAD“Cuando Valeria, la sobrina de Laura, se va a Ámsterdam, eso le genera a ella un vacío que nunca había sentido, entonces una amiga le presta un chalet en Bariloche —’estás muy chiflada’, le dice—. En ese marco de total soledad, iniciará una relación con un hombre de 75; en la novela también exploro la soledad masculina en esta novela”, cuenta Plager. “La historia se relaciona con la búsqueda interior. No porque tengas 60 o 70 años tenés todo sabido de vos mismo; los demás ven en vos cosas de las que no sos consciente y esa mirada ajena te transforma”, dice Plager, que a sus 83 luce belleza y elegancia naturales.PUBLICIDADCapítulo tras capítulo, alternando el punto de vista entre tía y sobrina, en un vaivén geográfico y generacional, entre Bariloche y Ámsterdam, Plager hace dialogar a ambos personajes sobre el deseo, la vejez, la violencia, la memoria y el pasado.Laura, en el invierno patagónico, se pregunta si a los 65 años todavía tiene derecho al deseo erótico, si enamorarse de un vecino jubilado es ridículo o legítimo. PUBLICIDADEl humor y la ironía, siempre presentes en la escritura de Plager, son aquí la herramienta para abordar temas sobre los que aun pesan muchas reticencias: el deseo de una mujer mayor, la relación íntima con un hombre también mayor luego de años de soledad.El último libro de Silvia Plager¿El humor es un buen auxiliar para eludir tabúes, como el sexo en los seniors?“Sí, el humor y la ironía son un poco la máscara del pudor”, responde Plager, que se define como una persona con mucho sentido del humor y cree que en eso hay algo de la tradición judía. Sus parientes, que habían atravesados tantas dificultades, “contaban cosas graves, pero se reían”. PUBLICIDADEsa mirada hacia la sexualidad senior también “revela una discriminación”, dice. “A esta edad ya debería estar tranquila, dicen. No es el paraíso esta edad, es cierto. Tenés que tomar la pastillita, todo cuesta más, un viaje, incluso en avión, te agota. No es color de rosa. Entonces, atreverse a tener una relación amorosa… Es un juego entre lo apolíneo y lo dionisíaco, entre eros y tánatos”.La Historia aparece en la novela como escenario y no como discurso, porque uno de los logros más notorios del libro es evitar que la violencia, tanto del pasado como la actual, dada por la guerra de Gaza y el recrudecimiento del antisemitismo en Europa tras el 2023— aparezca como un alegato o como algo separado de la trama sentimental. Y sin pretender dar explicaciones o respuestas que ella misma no encuentra.PUBLICIDAD“En los casi 30 libros que he escrito, reflexiono sobre la condición humana. ¿Cómo puede ser que la tecnología avance y el hombre retroceda?“, se pregunta.En la novela de Plager ningún personaje puede separar su historia personal de la Historia con mayúscula: se ama, se desea y se sufre siempre dentro de una trama heredada que no se puede cancelar ni “canjear”. PUBLICIDAD¿Qué es lo que no tiene canje en la vida? “Nadie puede cambiar su esencia”, dice Plager.— ¿Te sorprendió el rebrote de antisemitismo en Europa a partir de 2023?— Me sorprendió y me angustió— responde. La pregunta la lleva a evocar su infancia: “Mis padres se naturalizaron al llegar a Argentina. Soy primera generación nacida aquí y ahora ya somos cuatro generaciones de argentinos porque soy bisabuela, y hay católicos en mi familia”. PUBLICIDAD"Sin canje" fue presentado esta semana en Dain Usina Cultural, en el barrio de Palermo, por Santiago Kovadloff y por la escritora María Rosa Lojo, que además es la prologuista del libroTambién el modo en que funcionaba la integración en la Argentina: “Me crié en un barrio de tanos, gallegos y judíos; yo era la rusita”. Había etiquetas, grupitos. “Pero no agresión”, aclara. Había un sentimiento de seguridad. Algo que ya no funciona así en Europa y otras partes del mundo, como muestra ella en Sin canje. “Ahora si estás con un amigo que tiene una remera con letras en hebreo, podés ser víctima de agresión igual que él. Es increíble que uno le tenga que decir ‘tené cuidado’ a un amigo o familiar”.“Quise mostrar que el rebrote es para todos, afecta a todos, Valeria es una chica católica de novia con un judío, argentino como ella. Mis personajes son personas comunes y corrientes que de repente se encuentran temiendo por sus seres queridos”, agrega.PUBLICIDADEs un rebote de la discriminacíón, que la lleva a decir que nunca pensó que las cosas en el mundo iban a estar tan mal.Un personaje secundario del libro es una marroquí que ha tomado distancia del ambiente en el que se crió, ominoso para la mujer. Con esa ruptura, “ella logra realizarse y ser médica porque hay salida si la mujer se lo propone pero a veces sucede que la propia mujer cumple el mismo ritual con la hija o con la nuera”. Y agrega: “No puedo comprender un feminismo que tolera una cultura en la que la mujer es un objeto descartable”.El personaje de la sobrina representa a la juventud de hoy en día, dice. “Se van del país sin saber muy bien para qué. Se van para probar. Es la clase media la que se va, no es la gente muy pobre, como era en tiempos de mis padres. Es otro tipo de migración”¿Es fácil el diálogo intergeneracional para un silver? “No es fácil —responde—, tengo muy buena relación con mis nietos pero porque yo me adapto a ellos. Si yo les hablara como me hablaban a mi….”A otras cosas no puede ni quiere plegarse: “A lo que no me termino de adaptar es a que se termine la voz humana””, dice en referencia a los trámites cada vez más automatizados y “libres” de personas. Lo que para algunos es progreso, ella lo considera casi “un trato discriminatorio”. “Pero de esto no hablo en esta novela”, avisa.El teléfono inteligente debilita el cerebro, ironiza,. “Mi cerebro funciona bien pero me lo debilitan porque no tengo que memorizar nada, todo en el teléfono; si lo llego a perder….”“No me animo a comprar ropa, ni mucho menos calzado, por internet, como hacen los jóvenes. Yo tengo que ver”, subraya.“También hay una rebeldía en la vejez. Queremos ser vistos y tratados como personas”, dice. Y menciona a Doris Lessing, la premio Nobel británica que afirmaba que el impulso vital permanece activo más allá de la juventud o las convenciones sociales.“No es que uno quiera un amor loco —dice Plager—, sino vivir las cosas que tal vez la gente de afuera vea como ridículas, salvo que se trate de algún personaje famoso, y en ese caso lo aplauden”.“Envejecer es cosa de héroes”, dice, parafraseando la frase atribuida a Bette Davis, “envejecer no es para cobardes”.Finalmente, sostiene Plager: “A mí, cuando me preguntan por qué sigo escribiendo, digo lo mismo que dice Clint Eastwood: para que no entre la vieja”.