En 1968 el porcentaje de población europea con más de 65 años era del 9%; hoy rozamos el 25%. Los “viejos de ayer” no son “los viejos de hoy”. Esa temida tercera edad es ahora la antesala de la cuarta. Una época en la que salud en muchos casos aún no es esquiva y que lo aprendido desprende un calor reconfortante y liberador.En este punto está Lidia Ravera, escritora, ensayista y periodista italiana, que aprovecha su valioso tercer tiempo para enfocar las costuras del concepto de edad. Palabras mayores. Un manifiesto a favor de la vejez (Ned Ediciones) es el vehículo en el que se monta para avanzar con afilada ironía y honestidad sin complejos para desmenuzar los entresijos de esto por lo que todos pasaremos más tarde o más temprano: hacerse mayor.Atravieso este Tercer Tiempo con la mentalidad del viajero, no con la del turista. Sé que no llevo en el bolsillo el billete de vuelta. Pero está bien así...Lidia RaveraEscritoraLidia Ravera publica 'Palabras mayores. Un manifiesto a favor de la vejez'Nede Ed.La autora practica con el ejemplo y demuestra que la edad no es freno para la actividad. Su agenda sigue desbordada. Viajará a nuestro país para dar dos conferencias junto a Manuela Carmena, tanto en Barcelona como en Madrid en Caixaforum. Y, además, ya está preparando su próximo libro. La jubilación contemplativa no se cuenta por ahora en sus planes.¿Cómo son los nuevos viejos?Los nuevos viejos tienen una esperanza de vida que los «viejos viejos» no tenían. Veinticinco o treinta años vacíos, por llenar. Una segunda pequeña vida que transcurre después de la primera. Con sus alegrías y sus penas, con sus objetivos, sus éxitos y sus reveses, sus amores, sus estrategias de supervivencia… todo el bagaje que hace falta para vivir.Lee tambiénAsí su generación está disfrutando de unos años de vida que la anterior no tuvo y aún menos en tan buenas condiciones. ¿Cómo están creando este nuevo concepto?Partimos de la fuerza que hemos ido acumulando con los años. Mentalmente estamos en una posición de ventaja. El cuerpo, es cierto, puede pesar un poco más, exigir algún cuidado especial, pero la cabeza y, si quieren, el alma han ganado en lucidez y en belleza. Haber vivido mucho es un mérito. Dejemos de pensar que es una vergüenza.Usted compara cada etapa de la vida con un país. ¿Cuántos países visitamos —si tenemos suerte— y cómo llevamos en trasiego de esa mudanza?Infancia, adolescencia, juventud, madurez, vejez. Cinco, ¿no? En general no nos gusta mudarnos. Tienes que elegir qué tiras y qué conservas. Tienes que separarte de algún muñeco al que tenías cariño, lloriqueas un poco… pero luego se impone la curiosidad por el País Nuevo, la nueva lengua, las costumbres distintas… Yo sigo sintiendo mucha curiosidad por este Tercer Tiempo; lo estoy atravesando con la mentalidad del viajero, no con la del turista. Sé que no llevo en el bolsillo el billete de vuelta. Pero está bien así.El duelo por la pérdida de la belleza hay que respetarlo. Dura un tiempo variable, pero creo que ninguna mujer se libra de él. El mío todavía dura… Lidia RaveraEscritoraPlantea un dilema interesante: las mujeres de su generación, durante la juventud, tuvieron que soportar la molestia del piropo y cierto acoso generalizado. Y en cambio, sin querer volver a pasar por ello, a cierta edad existe una añoranza hacia la pérdida de la belleza. ¿Cómo se compatibiliza esto?No se compatibiliza: la vida está llena de contradicciones. Yo las señalo, pero no las niego. El duelo por la pérdida de la belleza hay que respetarlo. Dura un tiempo variable, pero creo que ninguna mujer se libra de él. El mío todavía dura… lo confieso.¿Cuál es la diferencia entre el envejecimiento masculino y femenino? ¿Por qué unos son recibidos con benevolencia y otras con estigmatización?Los hombres, al menos teóricamente, pueden procrear, es decir, dejar embarazada a una mujer hasta que los bajan a la fosa. Y eso, en el plano simbólico, los mantiene todavía dentro del mercado del eros y de la seducción. De hecho, a menudo buscan (y encuentran) compañeras más jóvenes para combatir la vejez. Envejecen más tranquilos porque la mirada que posamos sobre ellos es más generosa, menos enjuiciadora, que la que ellos posan sobre nosotras. Y además: a ningún hombre se le ha pedido nunca que esté «fresco»; a los hombres no los tratan como si fueran una lechuga. No forman parte de la naturaleza, no están sujetos a una caducidad estacional. Como nosotras.¿Podemos los humanos cambiar a cierta edad? Y si es así, ¿cuál es el cambio principal que debería hacer la mujer?Una mujer tiene que aprender a ser sujeto de deseo, y no siempre y únicamente objeto del deseo ajeno.¿Sería más feliz un mundo sin vejez?No; durar eternamente es una condena a la repetición y al aburrimiento, una pena capital. Si no muriera nadie, ya no nacería nadie: ¡qué tristeza! Yo querría una vida que durara toda la vida, y que no terminara treinta años antes del final, como ocurre hoy. Querría que la vejez se considerara una parte de la existencia, y no un agujero negro en el que entras siendo humana y del que sales convertida en bruja.Los hombres envejecen más tranquilos porque nuestra mirada sobre ellos es más generosa, menos enjuiciadora, que la que ellos posan sobre nosotrasLidia RaveraEscritora¿Cuál es el cliché que más odia asociado a su edad?«¿Setenta años? No me digas. ¡No los aparentas!». Todas las frases que dan por supuesta la vergüenza de ya no ser joven. Y la invitación a imitar a la juventud.¿Qué es lo mejor de tener más de 70?Que por fin has entendido quién eres; te miras sin caer ni en el triunfalismo ni en la autodesvalorización. Ya no eres objeto de envidia (yo tuve un éxito enorme y agotador a los veinticinco años, sé de lo que hablo), porque la vejez no la codicia nadie. Ya no tienes que gustarle a todo el mundo. Y eso te hace libre y valiente.Mirando atrás, ¿cuál es el gran error y el gran acierto de su generación?El gran acierto: haber querido estudiar y hacer política para entender el mundo y cambiarlo. El gran error: haber dejado de quererlo, de soñarlo. De exigirlo.En Palabras mayores plantea que tenemos que aprender a morir. ¿Cómo se puede aprender algo tan ingrato?Mi próximo librito de combate tiene un título provocador: «Contra la muerte». Hay que hacer las paces con el límite. Pero vivir hasta el último instante. Como si siempre quedara todavía algo por aprender.¿Qué es ser joven y qué es ser viejo, más allá de la fecha de nacimiento?Cuando eres joven tienes poca vida detrás y mucha vida por delante. Puedes perder el tiempo. Cuando eres vieja tienes mucha vida detrás y poca por delante. No puedes perder ni un minuto.
Lidia Ravera, escritora, 75 años: “Los hombres no están sujetos a una caducidad; nosotras sí”
La ensayista y periodista italiana analiza con honestidad y afilada ironía el tránsito de la tercera a la cuarta edad en ‘Palabras mayores’: “Haber vivido mucho es un mérito. Dejemos de pensar que es una vergüenza”












